La “revolución cubana” y las ensoñaciones marchitadas

 

La reciente aprobación* de la nueva ley de inversiones extranjeras, propuesta por el Gobierno/Partido que manda en Cuba, confirma que aquí también está en marcha -como en Rusia y China- la alianza de la burocracia “revolucionaria” con el capital extranjero. La lógica ha funcionado y las mismas regularidades históricas, que produjeron el fracaso del "socialismo de Estado" en esos dos grandes países, están produciendo el mismo resultado en la isla de Cuba: la alianza de la burocracia "socialista" con el capital internacional y la restauración de la sociedad capitalista.

Así pues, igual que en esos dos países, ante el fracaso del "socialismo de Estado", encubridor de un capitalismo monopolista estatal, también en Cuba la burocracia ha preferido salir de la crisis de “desarrollo socialista” a través de la solución capitalista, renunciando a la solución socialista: la socialización y la autogestión de la economía por los trabajadores. Lo que deja bien claro para qué sirvieron tales “revoluciones” y cuáles eran los intereses que movían a esta burocracia en su gestión del Estado y, quizás, los mismos que la movían ya desde antes de conquistar el Poder. No sólo porque en los tres casos, Rusia, China y Cuba (limitándonos a ellos por ser paradigmáticos), la crisis del capitalismo monopolista de Estado se ha resuelto en la misma dirección, la de la colaboración con el Capital, sino también porque en los tres casos ha sido el pueblo trabajador el sacrificado. ¿Por qué? Sin duda porque el precio de optar por esta última opción era compartir el Poder con el pueblo y renunciar a los privilegios de clase dominante. Es evidente pues que, si no ha optado por aliarse con el pueblo y los trabajadores, es porque la alianza con el Capital internacional le permite, en cambio, preservarlos.

Eso es lo que pasó en todo el "campo socialista" y lo que está pasando hoy en Cuba. No sólo a través de esta ley de inversiones extranjeras sino ya antes a través de la ley que autoriza la contratación (explotación) de trabajadores en el sector privado. Dos decisiones de trascendencia histórica que afectan a todos los cubanos y que el Gobierno/Partido ha tomado sin consultar previamente al pueblo y a los trabajadores, sea a través de discusiones públicas abiertas a todos o a través de referendos. Inclusive sin tomar en cuenta para nada que esas dos leyes violan la actual Constitución “socialista", que al no ser modificada debería estar vigente.

Lo curioso y significativo de esta deriva capitalista, de las revoluciones “socialistas de Estado”, es su "justificación": la necesidad de motivar a los trabajadores a trabajar más "eficazmente" (producir más plusvalía). Pues, según las autoridades "socialistas", los trabajadores cubanos se han vuelto "perezosos", "indisciplinados" y "corruptos". De ahí, pues, la necesidad de convertirles en asalariados de empresas privadas para que aprendan a ser de nuevo "rentables". Lo curioso y significativo es que en ningún caso a la burocracia “socialista" se le ocurra poner en causa su propia gestión -centralizada y autoritaria- de la economía ni el mal ejemplo que ella ha dado para crear el famoso y tan esperado "hombre nuevo". Ese revolucionario ejemplar que los jefes de la Revolución cubana esperaban crear a través de ella.

Estamos pues ante el fracaso del "socialismo de Estado" que no pasó nunca de ser un capitalismo monopolista en manos de la burocracia del Estado, la verdadera dueña de los medios de producción y la que explotaba el trabajo de los cubanos en base al modelo del asalariado estatalista. Lo curioso y significativo es, pues, que ninguna de estas "revoluciones" no haya desembocado -pese a reclamarse marxistas- en el comunismo (el trabajo libre asociado e individual) o por lo menos en el socialismo marxista de tipo cooperativo-autogestionario. Las tres (y todas las demás también) han vuelto a la explotación capitalista clásica y al modelo de sociedad de ricos y pobres.

¿Por qué será? ¿Será porque ninguna de ellas se hizo realmente desde abajo, desde la base económica de la sociedad? Es decir: ¿por ser el resultado de procesos armados violentos que reprodujeron la violencia y las estructuras del Poder para que el Partido Comunista pudiera controlar y dirigir la Revolución?

Sea por lo que sea, el hecho es que la Dirección (autoproclamada) de la Revolución sólo se preocupó -en las tres- por la conquista y conservación del Poder, desestimando o rechazando el uso de los mecanismos democráticos para incorporar a los trabajadores al proceso revolucionario. Al contrario, estas Direcciones (autoproclamadas) no buscaron ni aceptaron nunca discutir con los trabajadores (de la ciudad y del campo) la organización autogestionaria de la Revolución. De ahí que en el terreno de la economía impusieran la cooperativización estatal, oponiéndose además a toda experimentación creativa libre intentada o propuesta desde la base. Sea por miedo a que ésta pudiera acostumbrarse a actuar por cuenta propia o porque las iniciativas provenientes de la base eran contrarias a los intereses de la burocracia del Estado.


Las “revoluciones” desde arriba

Cómo sorprenderse de que la centralización del Poder y de la propiedad hayan generado, tanto en Rusia como en China y en Cuba, una nueva clase que se ha considerado a sí misma como la única y auténtica representante de la Revolución institucionalizada. Una nueva clase, con todas las características de la clase burguesa, pese a pretender haber abolido la sociedad de clases, la explotación, la ley del valor y la plusvalía, y que, en consecuencia, haya explotado a los trabajadores con el mismo afán de lucro que el de la burguesía en el capitalismo.

Nada de sorprendente, pues, que esta nueva clase haya decidido pasar, cuando las circunstancias lo han permitido, al usufructo privado y descarado de tal privilegio instaurando una legalidad ad hoc. Ya sea a través de una "transición” política más o menos controlada, desde el totalitarismo a la democracia autoritaria, como fue el caso en Rusia, o de una simple liberalización en el terreno de la economía (pero guardando la totalidad del poder político entre sus manos), como es el caso de China y Cuba, en donde esa legalidad nueva trata de preservar la semántica revolucionaria...

Siendo, pues, la esencia de este proceso la misma en los tres casos, como igualmente el resultado, no puede sorprender que esta nueva clase se haya opuesto violentamente a toda tentativa democratizadora dentro del Partido como dentro del Estado. Como tampoco puede sorprender que ella no haya tenido ningún escrúpulo para realizar purgas y reprimir brutalmente las protestas de los trabajadores, cuando éstos se han atrevido a reclamar mejoras, y las manifestaciones del pueblo, cuando éste se ha atrevido a reclamar el respeto de los derechos humanos.

Es verdad que, en Cuba, estas purgas y represiones no han tenido las proporciones que tuvieron en Rusia y China las realizadas por los partidos comunistas y los aparatos represivos de esos países. No obstante, en Cuba, la dirección revolucionaria también realizó purgas políticas desde los primeros años de la institucionalización de la Revolución, con la misma excusa de la lucha contra la "contrarrevolución". Y no sólo contra los anarquistas y trotskistas sino también contra los marxistas que cuestionaban las directivas sectarias del Buró Político y del Comité Central del PCC: como fue el caso entre los años 1965 y 1968, y luego durante el llamado "Quinquenio Gris”, entre 1970 y 1975. O como las purgas desencadenadas, tras la caída de la URSS y el campo socialista, al aflorar las contradicciones que existían en el seno del Gobierno/Partido: cuando éste se decidió a hacerles frente con la ejecución del general Arnaldo Ochoa, el coronel Tony de la Guardia y otros oficiales de las Fuerzas Armadas y del Ministerio del Interior, sospechosos de simpatizar con la Perestroika de Mijaíl Gorbachov. Purgas que no sólo tenían por objetivo consolidar el monolitismo del régimen en manos de los hermanos Castro y su guardia pretoriana sino también el de impedir que la nueva clase intentara autonomizarse, de la tutela que sobre ella mantenía la vieja guardia revolucionaria, y se aliara con el pueblo, también ansioso de liberarse de la férula castrista.

Las purgas y la represión fueron aplicadas en Cuba con idéntica finalidad que lo fueron en Rusia y China: para que el Poder no escapara de las manos de los que se habían apoderado de él. En ningún caso para devolverlo al pueblo. Un pueblo considerado incapaz de decidir por sí mismo, tratado de forma paternalista y con mano dura cada vez que de su seno surgía la disidencia. En realidad, el pueblo cubano ha estado permanentemente vigilado, amenazado, aterrorizado, y no sólo con la pérdida del puesto de trabajo sino de la vida según las circunstancias... Como fue el caso en 2003, cuando Fidel hizo fusilar a tres jóvenes negros que habían intentado escapar de la Isla en busca de mejores condiciones de vida, y pese a no haber matado ni herido a nadie.

Es así como, eliminadas, neutralizadas o sencillamente aplastadas las corrientes de izquierda en los tres procesos, el camino quedó expedito para que las burocracias "revolucionarias" pudieran aliarse con el capital internacional y consolidarse bajo el mismo modelo capitalista mafioso y feudal imperante en el resto del mundo mundializado. Una alianza que sin duda acabará en Cuba, tras la muerte del Comandante en Jefe, convirtiendo la nueva clase -como sucedió en Rusia y luego en China- en una descarada burguesía, también con sus oligarcas multimillonarios explotadores del sudor del pueblo.


El proceso de restauración capitalista en marcha

Claro que en Cuba el proceso no está en esta última fase y por ello podemos ver todavía colgada en el malecón habanero la vieja consigna miliciana retando al imperialismo: "Señores imperialistas, no les tenemos miedo". Pero lo que está ocurriendo en Cuba muestra que por primera vez convergen ya, pese al inmovilismo político forzado por la presencia del anciano Fidel, las liberalizaciones económicas y un pragmatismo político cada vez más descarado.

Las pruebas fehacientes de ello no son sólo la nueva ley de regulación del trabajo asalariado privado y la de inversiones extranjeras sino también la continuidad de las conversaciones secretas entre las autoridades cubanas y las americanas y las más oficiales con las autoridades europeas. Además, la progresiva reducción del tamaño del Estado y su descentralización, el surgimiento y legalización de medio millón de pequeños empresarios y asalariados (los llamados "cuentapropistas"), la compra y venta legal de vehículos y viviendas, son también pruebas fehacientes de este complejo y errático (por el momento) desarrollo del proceso de vuelta al capitalismo de mercado.

Es verdad que aún falta mucho por andar y que la eliminación de la doble moneda está aún pendiente; pero su unificación está prevista ya para concluirse en el 2016. Ya hay más de 60.000 emprendedores recibiendo cursos de formación administrativa y de economía de mercado en la asesoría del conocido economista Hugo Pons. Además, el hecho altamente significativo de que Cuba decidiera no acoger al analista de la CIA Edward Snowden, perseguido por los EE UU, y el hecho también significativo de que el gobierno americano reaccionara muy discretamente tras confiscar en Panamá un barco norcoreano, cargado con armamento cubano, prueban que el deshielo en las relaciones entre los dos gobiernos se prosigue y es de doble dirección. Sin olvidar la reforma migratoria y la eliminación de la tarjeta blanca para salir del país, el acceso a la telefonía móvil e Internet (aunque con limitaciones), así como el hecho de que quienes ahora salgan de Cuba podrán permanecer dos años en el extranjero sin perder sus bienes en la Isla. Como es también una prueba fehaciente, de este deshielo y del avance del proceso de normalización capitalista en marcha en Cuba, el tráfico aéreo inusitado en los aeropuertos cubanos recibiendo a diario vuelos charter procedentes de Miami, y que en el año 2012 pudieran ya viajar a la Isla más de 400.000 cubanos con residencia en los EE UU, al igual que otros cientos de miles domiciliados en Europa, Canadá y América Latina.

Paralelamente a esto, adinerados hombres de negocios y directivos norteamericanos llegan a La Habana para reunirse y estudiar con funcionarios del Estado/Partido las posibilidades de invertir en la Isla. Alfonso Fanjul, miembro de una dinastía azucarera prerrevolucionaria y activista contra el castrismo en Miami, es uno de ellos y ha viajado recientemente a Cuba en dos ocasiones sin suscitar otro malestar que el manifestado por los sectores de la oposición de izquierda, por interpretan tales visitas como pruebas de la restauración capitalista puesta en marcha por el gobierno castrista


Los ensueños de la "Izquierda marxista"

Frente a la realidad de las "revoluciones socialistas" convertidas en vulgares Estados capitalistas, lo sorprendente es la extraordinaria fidelidad de la "Izquierda marxista" mundial a esos ensueños, pese a que todos ellos hayan acabado en el mismo fracaso revolucionario. Una extraordinaria pero también extraña e irracional fidelidad, pues ella se mantiene a pesar de las múltiples decepciones producidas a lo largo del último siglo y de las que se están produciendo en lo que va ya del siglo XXI allí donde se pretende liberar a los pueblos por la fuerza y no por ellos mismos.

Claro que en el seno de esta Izquierda hay marxistas lúcidos y honestos que denuncian -como lo hacemos los anarquistas- estas traiciones a las luchas emancipadoras. Marxistas que también se esfuerzan por comprender las causas que produjeron tales fiascos revolucionarios. Pero, desgraciadamente, son aún muchos los que en el mundo siguen creyendo en tales ensueños y en mantener una fidelidad ciega en las experiencias populistas, particularmente en las que están en curso en América Latina, por proclamarse éstas “socialistas”, aunque ahora, ante la evidencia del fracaso del “socialismo” de Estado en Rusia y China, es el "socialismo del siglo XXI", inventado por el comandante Chávez, la referencia.

Que haya masas oprimidas que se dejen embaucar por nuevos Mesías es comprensible, pues no sólo se las ha educado en la obediencia sino que se les ha ocultado la historia, precisamente para que no reflexionen y no puedan ver cómo acabaron las esperanzas de aquellas que se dejaron embaucar por Mesías que también pretendían liberarlas y emanciparlas.

La credulidad de las masas explotadas y oprimidas en los discursos emancipadores demagógicos y su irracional pasión por los caudillos es bien conocida. No sólo en Iberoamérica sino en el mundo. Por ello no es de sorprender que se dejen embaucar y manipular tan fácilmente. Ya sea por no haber vivido las experiencias populistas y carecer de memoria histórica, o porque la demagogia revolucionaria no es puesta todavía en evidencia por la realidad social o política de esas experiencias. Lo sorprendente es la facilidad con la que las “vanguardias” izquierdistas “olvidan” las enseñanzas históricas para acomodar su credulidad a la retórica revolucionaria de cualquier populismo que se reclame de izquierda. Inclusive ante retóricas o experiencias populistas a todas luces demagógicas. Una credulidad real o simulada, comprensible en las “vanguardias” izquierdistas europea, puesto que para ellas es necesario poder explotar símbolos o mitos revolucionarios lejanos para justificar sus discursos “radicales” que no se corresponden con sus prácticas reformistas o simplemente diletantes…

Lo “curioso” es que esta credulidad se produzca también en algún que otro grupo e individualidad que se reclama del anarquismo o del anarcosindicalismo. Curiosa por no decir sospechosa, puesto que, además de ser paradójica (¿cómo un anarquista o un anarcosindicalista puede sentir simpatía por jefes de Estado?), esta “credulidad” se vuelve, en algunos casos, en ataques calumniosos contra los anarquistas o anarcosindicalistas que denuncian esos falsos procesos revolucionarios. El caso más ridículo y bochornoso, de estos “anarquistas” adoradores de caudillos y procesos “revolucionarios” autoritarios se ha producido en relación con el llamado “socialismo del siglo XXI”. De ese “socialismo” descubierto por el militar pretoriano Hugo Chávez para justificar su apetencia de Poder y poder gobernar in fine en Venezuela. Adoración extendida después a Evo Morales, el caudillo del “etnocentrismo andino y socialista” en Bolivia, y a continuación a cualquier jefe de Estado que se reclame del “socialismo del siglo XXI”, como el economista Rafael Correa en Ecuador, el ex cura Fernando Lugo en Paraguay, y hasta la actual presidenta de Argentina, la “peronista” Cristina Fernández de Kirchner...


El cuento del “apoyo crítico”

Como en el pasado, cuando surgieron las revoluciones que se pretendían socialistas en Rusia y China, también ahora hay anarquistas (o que se lo dicen o creen serlo) deslumbrados por los resplandores propagandísticos provenientes de esas nuevas luchas políticas por la conquista del Poder. Luchas que también pretenden ser -como aquellas- movimientos populares por el socialismo. Y también, como entonces, ese deslumbramiento se traduce por un apoyo (por lo menos verbal) calificado de “apoyo crítico” a esos movimientos…

Un “apoyo crítico” justificado por los “avances sociales” que tales movimientos pretenden haber producido o estar produciendo, y que, en algunos casos, llegan inclusive a calificar de “prometedoras experiencias autogestionarias” y hasta de “libertarias”...

Un apoyo que no llega a ser francamente total porque, a pesar del deslumbramiento por los espejismos emancipadores, el ejercicio del Poder sigue siendo en todos esos movimientos centralista y caudillista. De ahí que estos “anarquistas” se vean obligados a hacer malabarismos dialécticos para justificar su apoyo -desde posiciones supuestamente anarquistas- a movimientos y procesos, esencialmente autoritarios, que sólo buscan crear un nuevo ordenamiento social en beneficio de la clase o la burocracia dirigente. Pero sin que esos malabarismos dialécticos les impidan descalificar a cuantos manifiestan dudas sobre la buena fe, revolucionaria y socialista, de esa nueva clase burocrático/dirigente. Sobre todo si las dudas se manifiestan públicamente y se pone en evidencia la realidad de ese “socialismo” transformado en paradigma del capitalismo de Estado; pues, entonces, las descalificaciones se vuelven calumnias y se califica el anarquismo, de los que no comparten su adoración por esos jefes de Estado, de “utópico”, además de calificar de “puristas”, “dogmáticos” y “sectarios” a cuantos afirman y recuerdan la incompatibilidad del anarquismo con cualquier forma de autoridad, y más aún cuando la autoridad es la del Estado.


Al servicio del “socialismo” autoritario

Lo más sorprendente es que estas “conversiones” ideológicas tan contradictorias se produzcan en estos tiempos de derrumbe del “socialismo real”. Ese que imperó en todos los países en donde se pretendió haber enterrado definitivamente al capitalismo a través del capitalismo de Estado.

¿Cómo es posible que estos “conversos” crean en la posibilidad de llegar al socialismo autogestionario y libertario a través del autoritarismo y del Estado, cuando hasta los marxistas se han visto obligados, tras el derrumbe de la Unión Soviética y la instauración del “capitalismo socialista” en la China de Mao, a hacer autocrítica y reconocer que el socialismo sin libertad no es, no puede ser socialismo?

Sí, ¿cómo es posible descalificar, desde posiciones que se pretenden antiautoritarias y libertarias, las denuncias que desde los movimientos sociales de base se hacen al burocratismo y corrupción imperantes en Venezuela, Bolivia, Ecuador, etc.? Sí, ¿cómo negar que la nueva clase oligárquica se ha apropiado -para su exclusivo beneficio- las protestas sociales que permitieron tales cambios políticos en esos países, sin que se hayan traducido en verdaderos cambios sociales para el pueblo?

Esas actitudes se comprenderían si la realidad fuera otra, si en esos países no se hubiese instalado -con la excusa del antiimperialismo yanqui- el bonapartismo “revolucionario” para incrementar aún más su dependencia de las transnacionales del Capital global y aplicar las mismas políticas productivistas y extractivistas que antes la Izquierda denunciaba por ser destructoras del medio natural, social y cultural.

Sí, se comprenderían tales posiciones, si ese bonapartismo no criminalizara -como en los Estados capitalistas- toda forma de protesta social y laboral, si no persiguiera a las comunidades indígenas o campesinas que se oponen a la transformación de sus tierras en campos petrolíferos o en explotaciones mineras… Comunidades que no sólo luchan para preservar su entorno natural sino también por rechazar el modelo de explotación y dominación al que quieren integrarles (por las buenas o por las malas) los gestores nacionales e internacionales de los intereses del Capital global.

Curioso y extraño pues que, cuando las “crisis” del capitalismo y del “socialismo” autoritario han demostrado lo que la humanidad puede esperar de tales paradigmas y la justeza de la crítica anarquista de todas las formas del Poder, haya “anarquistas” defendiéndolos… Pues, que lo quieran o no, los dos paradigmas tienen en común, como ideal y praxis, la explotación y la dominación, como también la misma concepción del “progreso” basado en la ideología del consumo sin límites y de la depredación de la naturaleza.

Sí, curiosa y extraña la actitud de estos “anarquistas” que tratan de desacreditar a cuantos alertan –por ser consecuentes con el ideal manumisor ácrata y ser conscientes de lo que está en juego hoy para la humanidad- sobre lo que hay detrás del populismo que se pretende de izquierda. Y más después de lo que este populismo ha demostrado ser a lo largo de la historia y de lo que es en estos mismos momentos, cuando son muchos los marxistas que coinciden con los anarquistas en denunciar este falso “socialismo” populista, por ser conscientes de los daños causados a la lucha por la emancipación de los pueblos, por los ensueños de la revolución a través del Poder y las fidelidades ciegas.

Sí, extraña esta actitud; pero también muy significativa… Pues es obvio que no dedicarían el tiempo y las energías que los defensores del Estado y el Capital están dedicando a combatirnos si nuestras denuncias y campañas no fueran justas y no correspondieran al sentir de los pueblos que no quieren ser nuevamente traicionados.


Contra la restauración capitalista

Es por ello que, para terminar, me ha parecido oportuno reproducir lo esencial de la posición -adoptada en una reunión reciente- por los compañeros libertarios cubanos, miembros del Observatorio Crítico de La Habana, frente al proceso de restauración del capitalismo en su país:

“Porque estamos en contra de la explotación capitalista. Porque rechazamos los intentos de despojar a la clase trabajadora de sus conquistas, alcanzadas a lo largo de décadas y siglos de arduas luchas. Porque repudiamos las maniobras de quienes intentan retornar, a Cuba, un sistema de dominación basado en el egoísmo, la enajenación, la discriminación y la represión de las libertades de la ciudadanía. (…) Ante el ordenamiento de la nueva clase capitalista y su política, atomizadora de las resistencias individuales y colectivas al autoritarismo y la burocracia, levantamos la bandera de una sociedad auto-organizada por trabajadoras y trabajadores libres, que no es una ilusión trasnochada para almas inocentes, sino el proyecto trascendental de un pueblo laborioso, luchador y crítico, que decide sus destino en cada centro de trabajo y cada comunidad, con la solidaridad como lema central (…) Por nuestra parte, nos corresponde mantener la firmeza que exigen el valor y la justeza de la causa que defendemos. No nos conduce ningún afán de protagonismo egocéntrico, y nos encantaría que los nuestros fueran apenas unos más, entre muchas voces y brazos alzados en pro de la defensa, desarrollo y profundización del sistema social que se requiere para lograr un mundo mejor. A pesar del éxito temporal de la nueva burguesía, en la desmovilización de la resistencia popular, apreciamos que la población humilde y trabajadora mantiene igual rechazo al capitalismo y al autoritarismo, y en distintos lugares del país ya se han elevado protestas contra lo que pudiera llegar a ser una nueva estafa. Cada ciudadano o ciudadana puede ofrecer su aporte en esta causa (…) Afirmemos el derecho a la autogestión de quienes trabajan y al autogobierno en la sociedad toda”.

Octavio Alberola

* Esta ley ha sido aprobada (sin discusión ni conocimiento previo del pueblo y de los trabajadores) por el Parlamento cubano el 28 de marzo de 2014; pero, dado el secretismo imperante en Cuba sobre todo lo que concierne a las decisiones gubernamentales, aún no se conoce al día de hoy la integralidad del texto.

Publicado en el número 311 del periódico anarquista Tierra y libertad (junio de 2014)