Descentralizados, sin líderes, sin dirección… Suena fenomenal en mis orejas1. Pero no surgen del humo, sino de 15 años de movilizaciones previas. Han creado en esa y otras ciudades una cultura de movilización, de conflicto con el poder, de rechazo a los líderes. Y es que a las masas les va dando grima entrar en las organizaciones formales. Prefieren entrar en situaciones indignantes. Eso ha pasado en Minneapolis.
Hay quienes opinan que en el caso de Minneapolis, solo se han manifestado masivamente tras el asesinato de Renée Good en enero de 2026. No es así. Es que la memoria es corta. Manifestaciones masivas las hubo tras el homicidio por estrangulamiento a manos de un policía de George Floyd en 2020. Se siguieron protestas en 2021 con el asesinato de Daunte Wright por un disparo policial. Y más incidentes que tal vez no han traspasado las fronteras del municipio, pero que allí han conmocionado y producen movimientos colectivos.
Estas manifestaciones crean amistades, redes de activistas, grupos de vecinos, estudiantes…, de donde salen voluntarios dispuestos a ayudar. Y son redes «transversales». Hay todo tipo de personas metidas ahí: de religiones, de sindicatos locales, de estudiantes, de vecinos, de chavales, de mujeres, de profesionales… Las redes pueden adormecerse tras un tiempo de conflicto, y cansancio, pero no desaparecen. Crean una cultura de contacto, de movilización, de estar preparados para el lío. Saben cómo convocar, saben cómo responder a las detenciones, qué abogado deja todo para echar una mano, conocen qué locales hay disponibles en la zona para las asambleas. Los activistas van a las iglesias, los sindicalistas a sus locales, los estudiantes a los centros de enseñanza, las ONGs a los distritos del ayuntamiento… Todo es conocido y hay pocas trabas. Conclusión: hay conocimientos, hay espacio, y hay tradición de unión de personas diversas.
Y por si fuera poco, están los tiroteos. En Minneápolis se han balaceado, políticos, una senadora que la asesinaron a ella al marido y al perro, y luego a otra familia de políticos demócratas. Y también tiroteos en una escuela católica… Estos asesinatos producen un ambiente de emociones compartidas, de dolor, la sensación de que nada es seguro, que todo volverá a ocurrir, y que hace falta un espacio comunitario donde expresarse por encima de raza, género, edad o clase. En esos casos se crean altares callejeros, vigilias, lugares de reunión en sindicatos, iglesias, centros municipales, polideportivos, y se reproduce en ellos el colectivo doliente… Por decirlo de alguna manera.
Es con ese cóctel previo que la gente no se pregunta ¿qué hago? Ya no hay dudas porque hay cultura organizativa, hay memoria y la gente sabe lo que hay que hacer: ocupar la calle, hacerse visible, deslegitimar el Poder.
¿Por qué entonces en ciudades donde ocurren hechos similares a Minneapolis, no se crea ese tejido comunitario? Pues se me antoja que porque la acción surge donde hay unión, espacio común y discurso compartido. En Minneapolis se entiende que la violencia policial, el abuso de poder, el racismo, la precariedad social, la discriminación de género… Es un mismo problema con diversas presentaciones. Y el miedo está distribuido entre mucha gente. ¿Por qué se ha creado ese ambiente? No lo sé. Son demasiadas variables.
En cambio se me ocurre que el asesinato en 2014 de Michael Brown en Ferguson, que provocó una enorme oleada de protestas, no generó las mismas expectativas de durabilidad porque las asociaciones de vecinos no tenían contacto, las iglesias estaban divididas, los sindicalistas eran débiles, los activistas iban solos a la batalla. En ese contexto, un evento trágico queda aislado. Aunque haya espacios grandes de encuentros, son de Iglesias muy mercantilizadas (los megachurchels de evangélicos gritones) y de ONGs profesionalizadas, que pueden perder fondos con retenciones municipales o estatales. Los sindicatos no apoyan claramente. Los ayuntamientos restringen reuniones y ponen pegas, y el conflicto se trata mediante represión brutal, juicios y multas. La gente cuando está desunida, se lo piensa.
Pero esto es solo una opinión. Está claro que en un ambiente sórdido y desfavorable, puede ser más complicada la rebelión. O tal vez no, como ha pasado en Irán estos días, que no lo tienen nada fácil y han salido a la calle. Realmente, ignoro, y pienso que nadie sabe, por qué la gente a veces salta y a veces no. Es un misterio. Las explicaciones son empíricas, a posteriori, y es como decir que el Sol sale por el Este y se pone por el Oeste. Cuando en realidad, quien se mueve es el Universo.
Ya sigo otro día si eso.
- Al respecto podéis leer si se os apetece:
Un enjambre sin rey ni reina
Cuerpos que andan sin cabeza, y no son de película ↩︎




