Archivo de la categoría: Análisis

Sufrimos el número más alto de conflictos armados de la última década

Escuela de Cultura de Paz

El mundo vive un nuevo repunte de la violencia armada global. En el año 2025 se registraron 40 conflictos armados activos (37 en 2024), la cifra más elevada desde 2011 y una de las más altas desde que la Escuela de Cultura de Paz (ECP) de la Universitat Autònoma de Barcelona elabora sus informes anuales sobre conflictividad internacional. Esta es una de las principales conclusiones del informe Alerta 2026! Informe sobre conflictos, derechos humanos y construcción de paz, que se publica hoy, 3 de junio, y que analiza la evolución de los conflictos armados, las tensiones sociopolíticas y el impacto de las guerras sobre la población civil y los derechos humanos. El informe se nutre principalmente del análisis cualitativo de estudios e informaciones facilitados por las Naciones Unidas, organismos internacionales, centros de investigación, medios de comunicación y ONG, entre otros, así como de la experiencia adquirida en investigaciones sobre el terreno.

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La constante remasterización del fabulismo proletario—Otra confirmación de que «la revolución de papá ha muerto»

Gustavo Rodríguez, agosto de 2026.

«Terminemos de una vez por todas con los ilusionismos de la dialéctica. Los explotados no son portadores de ningún proyecto positivo […] Su única comunidad es el capital».
Ai ferri corti, verano de 1998
1.

En fechas recientes apareció publicado en el Portal OACA un artículo intitulado Más proletariado y menos obituarios: del fin de la clase obrera a su reconstrucción bajo la rúbrica del historiador català Agustín Guillamón, especialista en el movimiento obrero revolucionario y la Guerra y revolución españolas del año 1936 (sic.). En efecto, el autor es conocido por sus crónicas ideocéntricas en derredor de esa gesta, con particular énfasis en el desempeño de los partidos trotskista, bordiguista y anarcobolchevique. Sin embargo, en esta ocasión abandona la historiografía y se aventura como visionario —casi escribo comisario— político. Vale precisar, que no es la primera vez que incursiona en estos menesteres. Ahora con un propósito mucho más modesto: aspira a refutar los señalamientos críticos que sostienen algunos compañeros «del ámbito libertario» en torno a la posibilidad de «recomposición del proletariado» tras el agotamiento de un ciclo histórico.

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Incendios. Cuando culpamos al bosque

David Serramitjana / Directa

Cada verano, cuando un gran incendio forestal devasta miles de hectáreas, el debate público parece condenado a repetir el mismo discurso: hay demasiado bosque, está sucio, hay demasiada vegetación y hay que limpiarlo. Es un relato sencillo, intuitivo y fácil de comunicar; un relato cómodo que permite a una buena parte de la población comprar una explicación rápida a un problema extraordinariamente complejo.

Aun así, esta idea es un atajo intelectual. Simplifica en exceso, señala el lugar equivocado y acaba trasladando la responsabilidad hacia quien no puede defenderse, que es precisamente quién sale peor parado. Los bosques no toman decisiones. Las personas, sí.

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Tribus de fuego y mundos apátridas: una conversación

Bima Satria Putra, David Wengrow y Stevphen Shukaitis – e-Flux Journal #164 (junio 2026)

Hace varios años, Minor Compositions, el proyecto editorial que dirijo, fue contactado por una editorial anarquista con sede en Yogyakarta, Indonesia, llamada Page Against the Machine. Lo que comenzó como una propuesta para traducir y difundir la escritura anarquista indonesia creció rápidamente hasta convertirse en una colaboración más sostenida que vinculaba la publicación radical con el trabajo de solidaridad con los presos. ¿Qué ocurre cuando las historias se reconstruyen no desde el punto de vista de estados, gobernantes e imperios, sino de quienes las eludieron, resistieron o permanecieron fuera de su alcance? ¿Y qué tipos de conceptos políticos surgen cuando la escritura toma forma en condiciones de represión, en diálogo tanto con las prácticas ancestrales como con la teoría radical contemporánea? Estas preguntas animan Anarchy in Alifuru (Anarquía en Alifuru) de Bima Satria Putra, escrita desde dentro de una prisión indonesia.1 La obra de Bima se mueve junto a pensadores como David Graeber y James C. Scott,2 abordando cuestiones sobre sociedades apátridas, rechazo y formas de vida no jerárquicas, al tiempo que las reelabora desde una perspectiva decolonial. Bima no trata el anarquismo como un marco importado a adaptar, sino como algo que puede rastrearse dentro de las prácticas político-económicas del propio Sudeste Asiático: suprimido y fragmentado, pero no extinguido. Cuando supimos, a través de amigos en común, que David Wengrow había encontrado la obra de Bima y notó un conjunto de resonancias inesperadas en su proyecto con el fallecido David Graeber, se sugirió una apertura para el debate. Lo que sigue es una conversación que conecta estas trayectorias: no para suavizar sus diferencias, sino para ver qué emerge en su yuxtaposición. Atravesando contextos desiguales —académicos y carcelarios, antropológicos e insurgentes— reflexiona sobre la persistencia de formas de vida apátridas y sobre cómo sus historias podrían transformar la forma en que pensamos la política en el presente. Esta conversación se llevó a cabo por correo electrónico y ha sido editada para mayor claridad. —Stevphen Shukaitis

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Lo que una parte de Bolivia no ve: estructuras indígenas originarias y la crisis política en Bolivia

Pedro PachaguayaViento Sur

1. Un gobierno que no leyó las estructuras

Lo que ocurre en Bolivia desde el primero de mayo de 2026 tiene al menos dos capas que es necesario distinguir antes de analizar. Por un lado, las estructuras indígenas originarias -comunidades aymaras, quechuas y amazónicas- que poseen sistemas de gobierno propios, cosmovisiones propias y lógicas políticas que no se derivan del Estado ni de ninguna ideología importada. Por otro, las estructuras corporativas y populares — la Central Obrera Boliviana, los maestros, los transportistas, los mineros, los gremiales — organizadas desde una lógica sindical con sus propias demandas sectoriales. Muchos de sus miembros tienen ascendencia indígena, pero su forma de organizarse responde a tradiciones distintas. Lo que el gobierno de Rodrigo Paz no supo leer fue ninguna de las dos tradiciones.

Frente a las estructuras indígenas originarias, operó desde un etnocentrismo que Lévi-Strauss identificó hace décadas como el error fundamental de Occidente ante el otro: mirar una lógica diferente con las propias categorías y no ver nada, porque esas categorías no tienen instrumentos para reconocer lo que existe fuera de ellas. El pensamiento indígena no es inferior ni primitivo, es una lógica compleja y coherente que organiza el territorio, la autoridad y la vida colectiva desde sus propias categorías. Ignorar esa lección no es solo un error académico. En la Bolivia de 2026 es un error político con consecuencias muy concretas.

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De la salud mental y el control social

Nuria Zurita – El Topo

Ilustración: Ceciliajeje

Hablamos mucho de salud mental, pero muy poco del poder que decide con qué palabras debemos nombrar el sufrimiento o quién tiene autoridad para juzgar nuestra forma de relacionarnos. Hemos aprendido a buscar el origen del malestar psíquico en nuestra historia individual, en cómo gestionamos las emociones o, cada vez más, en una posible desregulación bioquímica. Y así, casi sin darnos cuenta, vamos traduciendo una parte muy amplia de la experiencia humana al lenguaje de las disciplinas psi —la psiquiatría o la psicología—, y aceptando sus diagnósticos y tratamientos. Es ya parte del sentido común de nuestra época.

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El anarquismo práctico y la utopía concreta

Miquel Amorós

Presentación de la revista Redes Libertarias nº 5, en el Ateneu Enciclopèdic Popular (Barcelona), el 18 de junio de 2026.

La puesta en tela de juicio de todo lo que el pensamiento burgués ha tenido por venerable (la propiedad privada, el Estado, la autoridad, la política, el derecho, el dinero, el género…) no conduce forzosamente a la multitud hacia un cuestionamiento generalizado de la dominación. Por más subversivas que parezcan, las ideas no conmueven a las masas adormecidas, resignadas o atemorizadas, por lo que no pueden convertirse en fuerza práctica. Para superar el foso conformista, hay que volver a empezar despertando, recobrando el ánimo, perdiendo el miedo. Creando lectores, “tejiendo” afinidad, agrupando voluntades, predicando con el ejemplo. Cuando las condiciones subjetivas y objetivas de realización del socialismo no son halagüeñas, cuando las fuerzas materiales e intelectuales capaces de lograr un cambio social profundo no afloran en magnitud suficiente, la negación radical de lo existente adquiere connotaciones utópicas. La dimensión utópica del pensamiento crítico es un antídoto contra el derrotismo, porque si bien refugia el deseo de una vida libre en la imaginación y el sueño en espera del momento favorable, también plantea realizarlo parcialmente en forma de proyectos comunitarios viables. Cuando ninguna propuesta revolucionaria es inmediatamente practicable, la utopía se revela como lo más pragmático.

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Convergencias peligrosas

«El poder político del Estado […] es la polis, la policía, es decir, la vigilancia».
Paul Virilio, Speed and politics.

La hipótesis en circulación es que los gigantes tecnológicos exigen soberanía. Esta presunción tiene su origen en la proliferación de «ciudades flotantes» y «startup cites»: enclaves con absoluta soberanía empresarial gestionados por tecnolordes de las grandes corporaciones de tecnología financiera (Fintech), criptomonedas y biotecnología, y operadas por sus propios sistemas judiciales, fiscales y de seguridad. Entre las startup cites más destacadas en América Latina están Guadalajara (México)1 y Medellín (Colombia).2 Sin embargo, si bien en estas ciudades existe un crecimiento significativo de empresas en la industria de las tecnologías de la información y startups de robótica y bio y nanotecnología, aún distan mucho de ser «ciudades-empresas soberanas» o «territorios semiautónomos», como sucede en las llamadas Zonas Especiales de Desarrollo Económico (ZEDE). Quizá, el ejemplo más sugerente para ilustrar como operan esas ciudades privadas sea Próspera en la República de Honduras. Esta startup city, desarrollada en la isla de Roatán en el Golfo de Fonseca, está vinculada a Thiel Capital y el ecosistema de inversores Founders Fund de Silicon Valley liderado por Peter Thiel3, con régimen tributario independiente del Estado hondureño y plena soberanía regulatoria.

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Albania, convirtamos el «fin de la historia» en un esperanzador futuro

Capi Vidal

Hace varias semanas que Albania empezó a estar en el candelero por las masivas protestas diarias de la población ante un hecho intolerable como era el proyecto de complejo turístico de lujo en una zona considerada como una de las más sensibles del Mediterráneo. Al parecer, Ivanka Trump, hija del inicuo y enloquecido presidente actual de Estados Unidos, encaprichada de la región, realizó ya a principios de este año 2026 una visita al país acompañada de un equipo de arquitectos para examinar lo que iba a ser el emplazamiento de un proyecto urbanístico que llevaría a cabo la empresa de su marido. El complejo turístico abarca una zona deshabitada por seres humanos, la isla de Sazan, rodeada de un parque nacional marino biológicamente muy rico, pero también zonas costeras de la península. Una visita reciente al país me ha hecho constatar dos cosas: una, que la concesión del proyecto al yerno de Trump parece un hecho ya imparable como ejemplo de un país que están convirtiendo en un acomodo turístico, con una perversa concepción del “progreso” a costa de la población y el medioambiente; la otra, que las manifestaciones no son únicamente por este hecho concreto, tal vez la gota que ha desbordado el vaso, sino como críticas indignadas ante un sistema corrupto sometido a cruentas políticas neoliberales. Y ello a pesar de encontrarse en el gobierno desde 2013 un Partido Socialista (también al frente del país entre 1997 y 2005), para mayor sorpresa, heredero del Partido del Trabajo, la única fuerza política durante el periodo comunista.

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Cuba abre sus puertas (al capitalismo)

Hay quien sostiene, o al menos lo hacía hasta hace no tanto, que no se puede juzgar el régimen cubano solo por haber visitado la isla un corto periodo como turista. Dicha argumentación sonaba a subterfugio para seguir manteniendo el mito de la revolución cubana, a lo que se unía el bloqueo estadounidense como motivo principal para la intolerable pobreza de la población. El caso es que la primera vez que visité Cuba fue a mediados de los noventa, estando todavía la sociedad bajo las secuelas del denominado «periodo especial» cuando el colapso de la Unión Soviética a principios de la década, de la que dependía económicamente en gran medida, llevó a una crisis profunda. Sin embargo, décadas después, no parece haber salido de dicha etapa de profundas carestías, mientras que el régimen se enrocaba en el autoritarismo con una retórica pertinaz de defensa de una supuesta revolución estancada (más bien, fracasada y no solo por factores externos). Aquella estancia mía (sí, corta), fue tal vez el punto de inflexión para terminar desengañarme sobre un sistema, que una vez quise pensar que no era tan cruento y represivo como otros regímenes con alguna esperanza de construir una verdadero socialismo, pero que en realidad escondía una triste realidad muy similar. Ya lo he manifestado muy a menudo, como devastadora crítica, que se podía resumir en una intolerable falta de libertades, una alarmante ineficacia económica del Estado y, a pesar de la propaganda del régimen, una ausencia total de gestión por la sociedad civil en todos los ámbitos de la vida. No sé si, a estas alturas, defensores de la revolución cubana seguirán sosteniendo que mis opiniones son las de alguien que no conoce aquella sociedad, que solo la ha visitado como turista. Lo cierto, sin querer presumir de unos grandes conocimientos, es que tengo familiares en aquel país, conozco a infinidad de cubanos con sus particulares circunstancias y procuro, creo que sin tener sospecha alguna de querer favorecer la depredación capitalista, estar bien informado al margen de proclamas y simplezas.

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