Si, en otras ocasiones ya he aludido a una supuesta involución intelectual de la humanidad, al menos en estas sociedades que se dicen avanzadas. Inevitablemente, hoy tengo que continuar con la cantinela tratando de disipar las tinieblas de la mediocridad enmascaradas con luces navideñas (u otras el resto del año). Así, como parte lógica de ese proceso se encuentran diversos factores sintomáticos, entre ellos una especie de distorsión cognitiva alarmante, la ausencia de pensamiento crítico y la nula presencia de memoria histórica (o, al menos, aunque no sean del todo conciliables, de una memoria y visión histórica dignas). A poco que uno observe a su alrededor, encuentra todo tipo de evidencias sobre ello. Como razonable y razonada explicación, estoy muy de acuerdo con los (parece que pocos hoy los perspicaces) que sostienen que vivimos en una sociedad del espectáculo cada vez más exacerbada. Eso es, el permanente afán por mantenernos entretenidos mediante imágenes, cada vez más sofisticadas gracias a la tecnología, que nos impiden estar en contacto con la realidad. De hecho, mucho ha llovido desde que el bueno de Debord pronunció su lúcida teoría; ahora, es posible, que no solo una capa de imágenes enmascare la realidad, sino varias, unas sobre otras de la manera más estólida posibles. Sea como fuere, es tal vez mucho presuponer que algunos llamados cuestionablemente sapiens demanden estar en contacto con la realidad, o que al hacerlo tengan un comportamiento aceptablemente digno, pero perseveremos en nuestro voto de confianza en la humanidad. Dejaremos para otro momento disquisiciones filosóficas acerca de lo que es real, aunque tengamos claro lo que no lo es, al menos para millones de personas en el mundo que continúan viviendo en la indigencia.
Todos viajamos en esta nave que es la humanidad con un rumbo, por decirlo suavemente, más que cuestionable, de acuerdo. Imposible bajarse del todo e, incluso, puedo reconocerlo, a veces resulta inevitable el participar en el espectáculo de a bordo. Pero, una cosa es eso, y otra muy distinta la claudicación moral e intelectual de tantos seres que se dicen humanos, mientras muchos permanecen a bordo sin recursos y, no pocos, terminan ahogándose sin ni siquiera embarcar. Iba a detallar las diversas clases sociales que se encuentran en la nave, pero creo que ya me estoy poniendo pesado con la metáfora. Volvamos a la sociedad del espectáculo y a los síntomas de involución cognitiva o de (definitiva) claudicación intelectual. Uno de los más obvios es el de la llamada Agenda 2030, que tanto critican los botarates reaccionarios por otros motivos; entre las propuestas, está el acabar definitivamente con la intolerable pobreza o el cuidar un poco más del medioambiente. A ver si lo entiendo, los mismos que dirigen la nave, explotadora, contaminante y depredadora, además de garante de un abismo social entre clases, pretenden hacernos creer que tienen conciencia y que van a tomar medidas sobre la situación. Ya estoy otra vez con la metáfora, lo siento, pero es que me viene muy bien.
Dejémonos de grandes ejemplos y acudamos a cosas más concretas. Así, resulta importante señalar los (muchos) elementos de la sociedad espectacular, esos factores de enajenación que nos impiden acercarnos a una realidad digna. Otro bastante general es la propia democracia representativa, que basa sus principios electivos en esos factores de espectáculo permanente. Cómo si no explicar que la gente se ilusione una y otra vez, a pesar de no cambiar demasiado el contexto y caer una y otra vez en crisis de diverso tipo, con partidos de viejo o nuevo cuño. Sí, ya sé que parte de la población, profundamente conservadora o directamente reaccionaria, no obedece a esa lógica de la sociedad del espectáculo, que simplemente son así de bodoques y mezquinos, pero esa es otra cuestión. Los nacionalismos y patriotismos (¿acaso no son lo mismo?), que surgen y resurgen por doquier, y que se alimentan de la falta de memoria antes aludida, uno de los mayores factores de alienación que se me ocurrre y fomentador de toda suerte de espectáculos lamentables. Qué decir del deporte, el gran caldo de cultivo para mantener entretenido al personal. No solo eso, el tratamiento mediático en general, con ayuda de las distorsionadoras e irreflexivas redes sociales, y con escasas excepciones, puede ser el mayor campo abonado para la alienación y el entretenimiento. ¿Exagero? Es posible, tal vez no exista dicha alienación y la teoría acerca de la sociedad espectacular es más que cuestionable, y simplemente esto es lo que hay dada la muy peculiar condición humana. Sí, puede ser simplemente que seamos así de idiotas, pero yo pienso seguir manteniendo, al menos, el pensamiento crítico. Palabra de irreductible ácrata con algún que otro, cada vez más pronunciado, tic nihilista.
Juan Cáspar




