Alba López‐Davalillo Díaz
Historiadora del arte e investigadora en arte contemporáneo y cultura visual
En una época gobernada por la posverdad, donde los argumentos se condensan en los 280 caracteres que permite Twitter y la desinformación circula a la velocidad de un golpe de like, la ironía se ha vuelto la actitud a adoptar por excelencia. Esta tendencia, lejos de ser un acto subversivo o una búsqueda de verdad, ha caído en la banalización, siendo este uso objeto de crítica por pensadores como David Foster Wallace, quien ya en los años noventa en su ensayo E Unibus Pluram (1993) advertía sobre cómo la ironía había dejado de ser una herramienta crítica para convertirse en una actitud defensiva, incapaz de afirmar algo con seriedad y experta en neutralizar cualquier compromiso. «La ironía nos tiraniza», escribía Wallace, señalando su capacidad para ridiculizar sin implicarse y para señalar sin construir. Por lo que, más que abrir espacios de reflexión, la ironía contemporánea funciona como una barrera emocional y política, un refugio donde todo se dice entre comillas, por si acaso alguien decide cancelarte. Así, lejos de incomodar al sistema, la ironía termina por perpetuarlo.
Seguir leyendo La carcajada como memoria: ironía, arte contemporáneo y desactivación del franquismo




