Esta es la tremenda pregunta que se hace Manon Garcia y que no me ha quedado más remedio que hacer mía leyendo este libro.
Durante cuatro semanas, Hannah Arendt pudo asistir al proceso de Eichmann en Jerusalén y de esa «experiencia» publicó un libro[1] muy perturbador. Manon Garcia también asistió durante casi cuatro semanas al llamado «juicio Pelicot», este libro es su reflexión no menos perturbadora. Garcia no ha caído en hacer un paralelismo con la obra de Arendt aun cuando podríamos afirmar que piensa el mal de la violencia de género y resulta imposible no sentirnos concernidas, afectadas.
Algunas de mis últimas lecturas1 reflejan mi interés por la evolución de un capitalismo que lleva tiempo transformándose hacia posiciones de radicalismo de mercado (algunos le llaman anarcocapitalismo, otros, realismo capitalista, neoliberalismo, etc.). Esta evolución lleva a que los defensores de dicho radicalismo de mercado sueñen con acabar con la democracia, de ahí la utilidad de la extrema-derecha para sus propósitos. Pero van más lejos, consideran que la nación-Estado ya no es útil y que hay que volver a una especie de feudalismo del siglo XXI del que ya hay modelos, «zonas», que plasman el deseado feudalismo2.
Si alguien piensa encontrar aquí una defensa de la amenazada democracia liberal, no lo va a encontrar. Sin embargo, la democracia anárquica que plantea Donatella Di Cesare pudiera ser un punto de partida para quienes escribimos desde planteamientos anarquistas3. Este plan de lecturas me lleva por caminos, a veces, poco trillados como es el caso del libro de Quinn Slobodian4 del que vamos a hablar en este escrito-reseña-peculiar. El planteamiento de este autor gira en torno a unas ideas que tratan de clarificar las claves del título de su libro: el capitalismo debe fragmentarse para conseguir facilidades monetarias, eliminación de normativas legales de cada país, fin de los gastos sociales y privatización de cualquier cosa que genere beneficio. Por tanto, el mercado no debe ser limitado de ninguna manera posible y la democracia es una rémora para esas posiciones radicales.
Un año más, la Fundación Anselmo Lorenzo estará presente en la Feria del Libro de Madrid, ofreciendo al público su catálogo y selección de libros sobre cultura libertaria. Desde el viernes 29 de mayo y hasta el domingo 14 de junio, nos encontraréis en la caseta nº 42, donde organizaremos firmas y pondremos a vuestra disposición una amplia variedad de títulos sobre anarquismo, feminismo, ecología, literatura infantil y juvenil, y mucho más…
A pesar de las numerosas críticas antiutópicas formuladas por los anarquistas es importante considerar la utopía desde una perspectiva positiva: como un pensamiento o acción necesarios que ponen en cuestión a una sociedad condenable y perversa, y que se esfuerzan por ofrecer un mundo diferente, una alternativa real.
La utopía, sea más o menos libertaria, rechaza la coerción y prioriza la libertad de pensamiento y de vida como programa principal. El «significado fundamental de esta libertad es la autonomía»1 del individuo; y esta autonomía «conduce al autogobierno y a la democracia directa»2 (a la autonomía de las comunidades).
«Al desenterrar las culturas anarquistas del mundo antiguo, Zeichmann presenta un argumento convincente de que la autoridad misma pudo haber sido siempre la verdadera aberración. Muy recomendable» (Alan Moore, escritor, activista y artista).
«Una obra maestra inspiradora… Transformará tu manera de pensar sobre la historia y las posibilidades de la libertad humana» (William Arnal, profesor de la Universidad de Regina).
«Maravillosamente informativo y un placer de leer» (Uri Gordon, editor de Freedom).
El libro de Donatella Di Cesare: Democracia y anarquía1 es un libro exigente que obliga a quien lo lee a adentrarse en el significado y etimología de palabras y conceptos de la Grecia clásica analizando, en algunos casos, sus cambios de forma y significado a lo largo del tiempo. La lectura, salvando este obstáculo, es fluida y sencilla.
Di Cesare parte de la actualidad para señalar que la democracia griega se ha ido transformando en un «monumento», un arquetipo inmóvil, un modelo fugaz para poder ser colonizado por las «verdaderas» democracias que son las modernas.
Reproducimos en Redes Libertarias una parte de la entrevista a Humberto Beck realizada en Aristegui.1
La noción del cambio repentino como una vía para refundar una sociedad, ha sido y es, una constante a lo largo de la Historia, de esto da cuenta el historiador y académico, Humberto Beck (Monterrey, 1980), en su nuevo libro Insurrección, anarquía, revolución: una anatomía de la política del instante (El Colegio de México).
El libro de Louise Toupin, Salario para el Trabajo Doméstico: Historia de un Movimiento Feminista Internacional, 1972-1977, es, a la vez, una investigación y una provocación, una invitación a reingresar en un campo de lucha cuyas coordenadas resultan sorprendentemente contemporáneas. Lo que Toupin reconstruye no es simplemente una campaña organizada en torno a una demanda polémica, sino un experimento político que buscaba recomponer los términos mismos a través de los cuales se entienden el trabajo, el valor y la subjetividad. En este sentido, el libro opera en un registro a la vez historiográfico y estratégico: no se preocupa solo por lo que sucedió, sino también por lo que aún es posible. En el centro de esta reconstrucción se encuentra un gesto engañosamente simple: tomar en serio la proposición de que el trabajo doméstico —durante mucho tiempo descartado como natural, privado o prepolítico— es, de hecho, un «trabajo multifacético, invisible y no reconocido» indispensable para la acumulación capitalista. Desde este punto de partida, la corriente de Salario para el Trabajo Doméstico se despliega menos como una campaña centrada en un solo tema que como un prisma conceptual. Como subraya Toupin, el trabajo doméstico no remunerado se convierte en una forma de ver, en un método para “reensamblar” las experiencias fragmentadas de las mujeres en un análisis coherente del poder. El hogar ya no está al margen de la economía; es uno de sus motores ocultos.
Haber nacido en Anarrés, el planeta libertario, era una suerte. La Historia del apocalipsis de la humanidad se contaba en las escuelas y era vista con horror.
Doscientos años atrás empezaron las deportaciones, cientos de naves no tripuladas despegaban de la tierra con lo que llamaban los indeseables, personas que de un modo u otro se habían opuesto al totalitarismo global imperante y que tras un juicio sumario habían sido condenadas al destierro en el planeta gemelo Anarrés, carente de tecnología.
Esta biblioteca surge de un proyecto en el que he estado pensando durante muchos años. No se trata solo de organizar información de archivo, sino de crear un espacio donde las personas puedan encontrarse a través de textos, preguntas e intereses compartidos, algo más cercano a una red social que a un catálogo de archivo o a una biblioteca tradicionales.
Esta biblioteca consta de tres partes interconectadas. La primera es una biblioteca física que contiene más de 1.000 libros, muchos de ellos fotografiados y con notas y marcas manuscritas de David. Visualmente, esta parte del archivo aún está incompleta: no todos los libros han sido documentados todavía, y aún queda mucho material por recopilar.
Un espacio en la red para el anarquismo (o, mejor dicho, para los anarquismos), con especial atención para el escepticismo, la crítica, el librepensamiento y la filosofía en general