Archivo de la etiqueta: Movimiento anarquista

La voluntad del pueblo

Somos críticos con toda visión teleológica, y aun suponiendo que la historia tenga algún sentido, tal como se manifiesta en el prefacio de La voluntad del pueblo, las personas que componen los movimientos sociales pueden cambiar esa orientación gracias a las ideas y a la consecuente acción transformadora.

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Anarquismo-Siglo-XXI-Acracia

Razones para el rebrote de las ideas anarquistas en el S. XXI

A pesar de los esfuerzos del sistema, el Capital, el Estado y las ideologías dominantes por erradicar, controlar, domesticar y someter las ideas libertarias y la intervención social del anarquismo, éste vuelve a fluir entre las personas, en sus reacciones personales y en las comunidades más básicas de La sociabilidad. Como señala Vanina Escales al reseñar el libro de Tomás Ibáñez Actualidad del Anarquismo (2007), “Frente a las costras de la quietud, el anarquismo toma las formas del agua; inventa su curso frente a los obstáculos, se moviliza y embiste contra las manifestaciones de la dominación”. Sigue leyendo

¿Por qué okupamos?

Con este texto pretendemos hacer una pequeña exposición básica sobre los motivos por los cuales la okupación es una herramienta válida a la hora de luchar y a la hora de vivir. Este pequeño anexo, que se complementará en futuros números, se explica cómo entendemos la okupación, qué utilidad tiene y por qué la asumimos como algo vital.

Entramos   ilegalmente   en   viviendas, edificios, solares, espacios… abandonados   y   en   desuso y tomamos   posesión   de   ellos   porque   lo   consideramos   un   acto   de   reapropiación, es   decir,  una   forma   de recuperar parte de lo que es nuestro y de todos, puesto que el planeta tierra no es de nadie y es de tod@s.

Porque con la propiedad privada nos han negado el libre acceso a los recursos básicos para la vida, y esto   nos   “obliga”   a   aceptar   durante   casi   toda   nuestra   existencia   la   explotación   que   supone   el   trabajo asalariado, explotación que significa que parte del esfuerzo que realizamos los desposeid@s para vivir, nos es robado por l@s propietari@s, perpetuando así el circulo vicioso del capitalismo, es decir, que un@s vivan a costa de otr@s. Al okupar, rompemos   con la necesidad de   aceptar   ese   chantaje, recuperamos   una   parte   de   lo sustraído y, por extensión, de nuestro tiempo de vida. Nosotr@s, usamos la okupación como herramienta política, es decir, como un medio más en nuestro intento de crear espacios de vida al margen de las leyes, normas y valores que nos imponen el Estado y el Capital.

No somos okupas, somos personas, que estamos okupando con el fin de procurarnos, por nuestros propios medios y esfuerzos, viviendas, lugares de aprendizaje y trabajo, espacios de esparcimiento y de producción de lo que necesitamos: alimentos, bienes, etc. Okupamos por algo más que el interés personal, por algo más que para huir de la asfixia cotidiana que supone vivir al son de políticas y mercaderes.

Usamos la okupación como ensayo de un mundo nuevo, como puesta en práctica de nuestras ideas:

De   acción   directa:   no   necesitando   de  intermediarios, sino   siendo nosotr@s mism@s quienes tomamos y llevamos a cabo las decisiones, y, por tanto, asumimos las responsabilidades de las mismas.

De autogestión: organizando entre tod@s nuestras relaciones y necesidades, manteniendo nuestra capacidad de decisión intacta ante posibles chantajes surgidos de la relación y dependencia de instancias externas: estatales, comerciales, etc.

De solidaridad: compartiendo y ayudándonos l@s un@s a l@s otr@s, respetando y reconociendo los intereses individuales en los colectivos, y viceversa.

De   horizontalidad:   nadie   manda   y   nadie   obedece.   Funcionando   a   través   del   libre   acuerdo, la responsabilidad y la confianza en la palabra dada. No queremos que nadie se vea obligad@ a hacer nada con lo que no esté de acuerdo, por eso no aceptamos la imposición de la mayoría, y por eso, no votamos.

De igualdad: tod@s somos diferentes, pero tod@s somos personas. Considerando a cada un@ como un ser vivo único, con su propia personalidad, identidad e idiosincrasia. Tratando de respetar a l@s demás como nos respetamos a nosotr@s mism@s. Respeto por respeto, porque sólo respetando la libertad de l@s demás podremos hacer crecer la nuestra.

Concluyendo, cuando okupamos estamos realizando un acto de reapropiación de nuestras vidas. Por un   lado, al   rechazar   la   lógica   opresora   del   Estado   y   el   Capital   por   la   cual   se   crean   y   fomentan   las desigualdades sociales a través de la propiedad privada, y se perpetúan gracias a la herencia; y, por otro lado, ensayando la construcción de nuestra realidad individual y colectiva un poco más libre día a día.

Aquí y ahora

(Nº8) Anexo: ¿Por qué okupamos? I

Movimiento-15M-Quinto-Aniversario-Movimientos-Sociales-Anarquismo-Acracia

Gobiernos de Mierda

Albricias por el fausto subconjunto del total de resultados posibles: el Gobierno de Progreso prevé subir las pensiones un 0,9%, elevar el salario mínimo a 1.000 o 1.200 euros (en bruto), e incluso incrementar la actividad de la Inspección de Trabajo contra el fraude empresarial, cosa que todos los años se dice que se va a llevar a Sigue leyendo

Religion-Anarquismo-Posmodernidad-Acracia

¿Anarquismo post-izquierda?

Sigue existiendo un gran número de anarquistas que continúan identificándose estrechamente con la izquierda política de una forma u otra, pero cada vez hay más sujetos dispuestos a abandonar gran parte del peso muerto asociado con la tradición de izquierda. Las páginas de este texto están dedicadas a comenzar una nueva exploración de lo que está en juego al considerar si se tiene algún Sigue leyendo

Federacion Anarquista de Gran Canaria. Anarquismo de barrio y apoyo mutuo

La Federación Anarquista de Gran Canaria (FAGC) nace al calor de las movilizaciones del 15M de mayo de 2011. Tras décadas de prácticamente nula actividad de los movimientos sociales en Canarias diversos grupos desconectados coinciden en las plazas. En un primer momento La Federación se centra en actividades muy ideologizadas y que entrarían dentro del cliché del/la anarquista: Sigue leyendo

El anarquismo y el federalismo como su esqueleto organizativo

Autogestión y autoorganización, las verdaderas claves

«El espíritu insurreccional que hay en el anarquismo es hoy la única resistencia que se opone al utilitarismo reformista invasivo. Lejos de repudiarlo, precisamente por eso, lo consideramos la mejor fuente de nuestras energías» (Lettere ad un socialista, Luigi Fabbri, 1914).

Encuentro interesante esta cita de Fabbri, bien clara por su lejanía de cualquier exceso extremista, por una reflexión sobre el tema de la violencia, que considero particularmente oportuna en un periodo de crecientes contradicciones sociales y de potencialidad revolucionaria (no necesariamente libertaria) como el que estamos viviendo, en el que el binomio insurrección y violencia es visto por algunos como imprescindible, como si todo acto violento fuera por sí mismo insurreccional, y por otros como inaceptable sin más.

El poder juega siempre

Refiriéndome a la definición de violencia, he afirmado muchas veces que el sujeto que es por excelencia su elemento constitutivo -es decir, la coacción física y moral- es el Estado, que con la amenaza de las leyes, dispositivos, normas, cárceles, manicomios, etc. integra a los individuos en un sistema de jerarquías y de valores autoritarios y de propiedad, de manera que no se discuta la presunta legitimidad del poder y de la propiedad privada.

De igual manera, la violencia puede ser entendida -y esta es la interpretación de la mayoría- como la afirmación de una voluntad criminal que se manifiesta en el uso de la fuerza física y de las armas. Se interprete como sea, lo cierto es que la violencia se presenta como una relación social ya que implica dos sujetos, el que la ejerce y el que la sufre. Y como en cualquier relación social, plantea un problema político por implicar su uso un juicio ético sobre lo que es justo y lo que no lo es.

A tal fin es oportuno subrayar que la palabra «violencia» es básicamente utilizada por el poder para denigrar a sus opositores, ya sean reales o no; mientras, paradójicamente es el poder, el Estado, el que, arrogándose el monopolio de las armas y ejerciendo el gobierno sobre la sociedad a través de normativas y leyes, fruto exclusivo de las relaciones de fuerza existentes, ejerce coacción y obliga, «violencia» de hecho, aunque enmascarada por los mecanismos de la autodenominada democracia representativa.

Porque la palabra «violencia» horroriza a la gran mayoría de la población, que aspira a una sociedad más justa y humana, acusando de «violencia» a sus oponentes y a quien no se somete a su control absoluto, el poder quiere suscitar y difundir en la sociedad el descrédito y el miedo para luego justificar el uso legítimo de la represión, más o menos violenta, reforzada periódicamente con medidas «especiales» en teoría contra los «violentos» pero que en realidad van dirigidas contra todo el cuerpo social.

En este ámbito, el poder ha trabajado para dividir y disgregar los movimientos opositores, acusando a sus componentes más radicales y determinados de «violentos» -instrumentalizando hechos singulares, provocando arteramente otros, explotando evidentes ingenuidades- para enfrentar a los unos con los otros según el antiguo principio de «divide y vencerás».

Esta estrategia, que juega -repito- con el rechazo a la violencia por parte de la mayoría de la población, alimenta a la vez a la parte más moderada de los movimientos de oposición que aparecen dispuestos a aceptar las limitaciones impuestas al modo de manifestarse y protestar según los dictámenes del gobierno, para no correr el riesgo de ofrecer una imagen violenta de la actividad desarrollada.

Pero actuando de este modo, toda perspectiva de cambio viene de hecho delegada en la élite que se disputa el poder, renunciando a ser protagonistas de la propia vida y del propio futuro, restringiendo sus posibilidades de expresión a una elección de vez en cuando o a manifestaciones cada vez más vacías de una voluntad real de transformación concreta forjada con luchas incisivas, huelgas reales, sabotajes y boicots.

Clamoroso error de análisis y de perspectivas

Ante este estado de cosas hay quien responde con actos y proclama que reivindica la legitimidad de la acción violenta contra la violencia del Estado, pensando en sobrepasar los límites de los movimientos. Y lo hace identificándose con la «propaganda por el hecho» de antigua memoria, o con el individualismo nihilista o con una cierta tradición guerrillera de tipo «foquista».

Presentando y viviendo el conflicto social como guerra en constante desarrollo, se quiere proponer una acción violenta «revolucionaria» capaz de estallar y de implicar a las masas en este combate, que se considera ya declarado por ambas partes. Pero, contrariamente a la mayor parte de las guerras entabladas, donde los contendientes se sienten (con razón o sin ella) en guerra, en el caso de la lucha de clases o del conflicto social la gran mayoría de las capas bajas de la sociedad no se siente en guerra.

Por ello, reivindicar la violencia revolucionaria como lema de la acción transformadora de quien se opone al orden existente es un regalo que se hace al enemigo, al poder y a sus élites políticas, sociales y sindicales, que lo utilizan para volverlo contra toda realidad no dispuesta al colaboracionismo o a la subordinación.
Es necesario tener presente las características y las consecuencias del poder actual: el dominio del capital y la subordinación a su dinámica, la fragmentación de gran parte de la población, continuamente sometida a los condicionamientos jerárquicos de una sociedad autoritaria (el patriarcado, una escuela construida para el encuadramiento, el trabajo asalariado, el control policial, la justicia clasista, etc.) reforzada por un uso masivo de los medios de comunicación, el miedo a perder los medios necesarios para el sustento (paro, precariedad), la continua insistencia al consumo, un sentido de desigualdad constante, de alienación, de aislamiento, la mercantilización de las relaciones humanas, etc.

Interpretar en estas condiciones el conflicto social como una guerra entre dos contrincantes en el mismo nivel de conocimiento, de claridad de intenciones, es un clamoroso error de análisis y de perspectivas. Útil para dotar a las propias filas de cierta unidad, pero incapaz de superar la compleja situación.

Razonamiento y elección inteligente

En cualquier caso, la resistencia a la violencia del poder no se puede definir como «violencia» y el rechazo al uso sistemático de la violencia no implica la aceptación de la violencia sobre nosotros o sobre otros sujetos.

Ser resoluta y enérgica es característica de la acción directa propugnada por los anarquistas, y eso es lo que la diferencia de la mediación y del compromiso del método parlamentario y reformista. Pero para los anarquistas, la eficacia de la acción directa no viene expresada por el grado de violencia que contenga, sino por la capacidad de indicar un camino practicable para muchos, por construir una fuerza colectiva con posibilidad de reducir al máximo posible la violencia.

El anarquismo, por sí mismo, indica razonamiento y elección consciente de las acciones; si por un lado rechaza asumir tesis violentas, por otro huye de planteamientos explícitamente no violentos; remitiendo siempre a la conciencia de los individuos y a la interpretación del momento histórico en el que vive el anarquismo actual, deber saber conjugar el respeto a los valores que de siempre lo caracteriza, con la capacidad de reforzar el sentimiento de libertad e igualdad presente en los movimientos, promoviendo la autogestión y la autoorganización, verdaderas claves en todo proceso real de transformación revolucionaria de la sociedad.

Massimo Varengo

Tomado de https://www.briega.org/es/opinion/autogestion-autoorganizacion-verdaderas-claves

Sigo sin desearle un Estado a nadie (…y tampoco un gobierno) – Entrevista a Tomás Ibáñez

En estas fechas, que rozan la navidad y que son propensas a formular deseos, aquí va la entrevista realizada por “Radio la Nevera” a propósito de mis artículos recogidos en el libro publicado por Pepitas de Calabaza: “No le deseo un Estado a nadie”. Sigue leyendo

Anarquismo Procés Cataluña

¿Qué pasa en Catalunya? ¡Anarcopuristas Go Home…!

Acabo de leer en la revista Catalunya de la CGT del mes de noviembre dos artículos que encajan bastante bien con la tónica que mantiene ese periódico desde que el “Govern” decidió convocar en octubre del 2017 el referéndum sobre la independencia.
Esos artículos celebran la espectacular y contundente respuesta que se ha dado en la calle a la sentencia condenatoria de una parte del Sigue leyendo