Archivo de la etiqueta: Solidaridad

Las «crisis» migratorias y el mundo que sufrimos

Como es evidente, resulta altamente complicado mantenerse de forma permanente en posiciones, digamos, “radicales abstractas” sin verse con ello forzado a prácticamente abstraerse de los problemas hoy muy auténticos y muy concretos del mundo. Y esto lo dice un ácrata, más bien irredento y, encima, con cierta influencia nihilista (ojo, precisamente, a mi lúcido modo de ver las cosas, para eludir el dogmatismo más lamentable). Desgraciadamente (para mí, al menos), he conocido a alguna que otra persona, lamento decir que incluso dentro del movimiento libertario, que ante ante la toma de partido por algún conflicto concreto, dentro de este mundo que sufrimos y que tan poco nos gusta, decidían enrocarse en posturas según las cuales solo había que aspirar a un mañana revolucionario que todo lo cambiaría (y traería, o más o menos, la felicidad para todo quisque).

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El principio de la solidaridad en las relaciones sociales

La posibilidad de una cultura de la solidaridad que posibilite el cambio social es un desafío con cada vez más base gracias a la sicología social. Cuando hablamos de solidaridad, nos referimos al interés por otras personas, por lo que hay que hablar de causas comunes, de una comunidad de intereses y responsabilidades. Por supuesto, la solidaridad no es simplemente una idea, sino una práctica social, solo adquiere verdadero sentido en la realidad. Estamos hablando de una sociedad que fomente la cooperación, el apoyo mutuo, la complementariedad, factores a su vez primordiales para el desarrollo individual. Precisamente, la raíz de la palabra está en «sólido», por lo que podemos referirnos con el concepto a crear una base fuerte para la convivencia y el bienestar.

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Apoyo mutuo, una herramienta solidaria

Este escrito se basa en la lectura de un libro1 que con altibajos me parece una buena herramienta para los grupos de apoyo mutuo (en general, para cualquier grupo activista). Empezaré diciendo que me llama la atención que el autor no mencione como genealogía, aunque también como actualidad, que el «apoyo mutuo» tiene un largo recorrido en los anarquismos. No pretendo decir que solo los anarquistas lo hayan teorizado2 y aplicado a la práctica, pero me resulta extraño esa invisibilidad o ignorancia de su importancia dentro de dicho movimiento.

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Reflexiones sobre las propuestas anarquistas (o libertarias o autogestionarias o como queramos llamarlas)

Lanzo algunas reflexiones sobre las propuestas anarquistas en el siglo XXI, tratando de huir de tópicos y distorsiones, y recordando la visión libertaria sobre una autogestión social en la que, como no podría ser de otra manera, la solidaridad es un valor innegociable. Nunca esta de más, visto lo visto, aclarar muchísimas cosas acerca del anarquismo, por supuesto sin que mis palabras se tomen de modo definitivo (simples reflexiones basadas en un conocimiento, por supuesto limitado, pero siempre realizadas ante un horizonte libertario). Hay que aceptar que, si somos estrictos con la etimología de la palabra anarquismo («ausencia de principio»), el tema parece invitar de entrada a la polémica. Como es lógico, el anarquismo no niega en ningún caso el poder, sino la concentración del mismo; ni siquiera puede decirse que se esté en contra del poder político, sino del Estado, es decir, de aquella concentración de poder que supone una división tajante entre el que manda y el que obedece. Lo mismo ocurre con la idea de autoridad, que no es negada por el anarquismo, ya que reconoce una autoridad natural basada en el saber y en la capacidad de los individuos.

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¿Qué fue de la lucha de clases?

Se atribuye a Marx, pero el concepto de la lucha de clases como motor histórico, al parecer y como tantos otros factores, ya se había bosquejado con anterioridad al ínclito autor de El capital. Sea como fuere, qué diablos ha quedado hoy, en esta época que tantos denominan posmoderna, de ese conflicto entre poseídos y desposeídos. Vamos a dejar a un lado el llamado materialismo histórico, es decir, todo ese rollo de desarrollo de las fuerzas productivas, que serían las determinantes de las clases sociales, el cual llevaría paulatinamente al progreso, se pasaría del capitalismo al socialismo dictadura del proletariado mediante para, finalmente, llegar a la sociedad comunista. Sin negar la importancia filosófica de Marx (y de Engels), aunque extremadamente crítico con la praxis política a la que dio lugar su pensamiento, hay que decir que me resulta difícil creer que, a día de hoy, todavía haya quien crea de manera rígida en esa visión finalista de la historia (pero, haberlos haylos, y siguen descifrando el jeroglífico marxista para encontrar alguna esperanza en no sé muy bien qué). Algunos sesudos consideran que el marxismo no contenía exactamente una visión teleológica de la historia (signifique lo que signifique eso), pero uno no puede pensar en un heredero mejor de la escatología cristiana: promesas de un paraíso final, que no llega, ni en esta vida ni en la otra.

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Imaginario del personal (tengamos esperanza)

Para el que no sepa a qué alude eso del imaginario social, yo le instruyo muy amablemente. Se trata de una teoría, con la que yo puedo estar muy acuerdo, según la cual el funcionamiento de nuestras sociedades se haría sobre la base de una serie de ideas y valores que tenemos los homo sapiens (dicho sea sin recochineo), sobre la capacidad simbólica que poseemos para luego dar lugar a las instituciones consecuentes. Obviamente, cuando esa potestad queda acaparada por un minoría, o a veces también por una mayoría (el papanatismo no conoce de números), es cuando nacen las instituciones coercitivas del Estado y, llamémosle por su nombre, se produce una oligarquía (aunque esté «legitimada» democráticamente). Los anarquistas, tan majos, lúcidos y éticos ellos, se esforzaron por transferir a toda la comunidad social esa capacidad decisión combatiendo de esa manera el poder colectivo concentrado en pocas manos, de ahí que sean un notable ejemplo a seguir. Obviamente, si uno se siente explotado u oprimido (¿no son ambas cosas muy parecidas?), debería generar un imaginario personal que diera lugar a otro tipo de sociedad en la que se hubiera erradicado la explotación u opresión. El problema se produce cuando alguien no tiene ni un ápice de conciencia sobre dicha condición suya, más bien se considera libre y feliz a pesar de las evidencias; parte del discurso oficial, a veces puesto negro sobre blanco en libros de autoayuda sin el menor asomo de vergüenza, es que podemos ser lo que queramos, también libres y felices (eso, a pesar de las tristes evidencias).

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Fraternidad y cosmopolitismo


El término fraternidad parece hoy, al menos en el lenguaje vulgar, anacrónico. Si bien se alude, al menos en la teoría política, constantemente a la libertad y a la igualdad, la tercera parte del gran proyecto de la modernidad queda relegada al olvido. Trataremos en este texto, al igual que hemos hecho en diversas ocasiones con la solidaridad (que, por otra parte, es un concepto muy relacionado con el que nos ocupa) de vincularlo estrechamente a los otros dos grandes conceptos: libertad implica necesariamente igualdad y fraternidad.

Frente a cualquier nexo y vinculo social tradicional, la fraternidad trata de imponerse, al menos desde la Revolución francesa, como la gran alternativa revolucionaria. Esta novedad radical de la fraternidad tiene sus precedentes, no tanto en la fraternidad religiosa, como en la estoica de la Antigua Grecia: la natural sociabilidad del ser humano como base para una aspiración cosmopolita. La Revolución francesa, o al menos una corriente dentro de ella, posee esas aspiraciones claramente universales, no una simple emancipación de una pólis o nación, sino el comienzo de la liberación del conjunto de la humanidad.

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Sueños de libertad y solidaridad

Me ha quedado hoy el título algo lírico, pero de vez en cuando aparece mi gran corazón tras esa máscara ferozmente nihilista que me gusta adoptar. El caso es que, dicho encabezamiento, define muy bien los deseos y aspiraciones de los ácratas sobre una sociedad, efectivamente, libre y solidaria. Y, ojo, cuando hablo de sueños, como en tantos otras conceptos hoy pervertidos por la cara más inane de la posmodernidad, no me refiero a no estar bien despiertos sobre el mundo en que vivimos y querer transformarlo para mejor. Me refiero exactamente a eso, a deseos y aspiraciones para el futuro bien conectadas con la realidad de hoy, ya que no hablamos de un mañana dictado por supuestas leyes teleológicas (sea lo que sea eso). Y no hay mayor concepción de la libertad que aquella que la concibe estrechamente vinculada a la solidaridad (es decir, la libertad propia ligada a la libertad de los demás, algo bello sostenido ya por los libertarios clásicos, que se deja a un lado con facilidad en la, a menudo, confusión posmoderna). Y, no debería hacer falta explicarlo, empleo la palabra libertarios (y libertarias) ex profeso, con su sentido originario de persona que busca una sociedad libre y solidaria. Nada que ver con su perversión actual, usada por los que buscan solo su propia liberación y la de su mezquino capital.

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Libertad y nexos sociales en las ideas libertarias

Insistimos, desde el anarquismo, en la solidaridad como nexo social, lo que implica el ejercicio de ser libre en cada individuo y la posibilidad de que esa convivencia se produzca en paz.

Kant afirmó, ante la cuestión de si nuestros actos espontáneos y libres acaban con la destrucción de la sociedad,  que el nexo social forma parte de nuestra naturaleza. De esta manera, según el filósofo alemán, el hombre avanza moralmente mediante el uso de su razón, por lo que existiría una especie de determinismo positivo hacia el perfeccionamiento. Hay que insistir en la fe de Kant en el progreso; no se habría producido un paso brusco del estado de la naturaleza al estado civil, son necesarios unos cuantos pasos previos antes de la aparición de la moralidad.

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Del individualismo ético a la solidaridad

Por su importancia teórica para el anarquismo, recuperamos esta reseña sobre una conferencia impartida por Javier Muguerza, catedrático de Ética en la Uned, cuyo libro Desde la perplejidad. Ensayos sobre la ética, la razón y el diálogo es tal vez uno de los más importantes sobre la materia publicado en los últimos años.

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