Archivo de la categoría: Arte, ciencia y cultura

Matrix, el concepto de lo real y el anarquismo posmoderno

El mito de la caverna es uno de los más conocidos y memorables en la historia de la filosofía. En su obra República, Platón nos pide que imaginemos un grupo de prisioneros encadenados en una caverna y con un fuego tras ellos, mientras que únicamente pueden observar unas sombras proyectadas en la pared que tienen delante. La mayoría de cautivos piensan que las sombras es lo único que hay que ver, no conciben el hecho de ser liberados y girarse hacia el fuego para comprobar qué es lo que las proyecta, mientras que unos pocos valientes sí comprueban que se trata de marionetas, pueden finalmente salir de la caverna y ver los objetos reales del mundo. Se trata de una imagen muy sugerente, la que nos sugiere que cualquiera de nosotros podría ser como los prisioneros de la caverna y pudiéramos tomar como realidad lo que no son más que sombras.

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Baltasar Lobo, un artista libertario

En los últimos años se han llegado a inaugurar tres esculturas de Baltasar Lobo en Suecia. El interés y el desconocimiento que hay en torno al artista en el país ha motivado la escritura de este artículo.

El pasado otoño se cumplieron treinta años de la muerte en París del artista español Baltasar Lobo (1910–1993) que, antes de su muerte, ya era considerado como uno de los grandes innovadores de la escultura en el siglo XX.

Se suele hacer referencia a sus estrechas conexiones con Suecia diciendo que comenzaron en 1948. Pero los contactos de Lobo con Suecia fueron ya en 1936, durante la fase inicial de la Revolución y la Guerra Civil Española.

La carrera artística de Baltasar Lobo se puede dividir en dos períodos. Durante el primero, fue un destacado artista visual que realizó ilustraciones y carteles para la CNT, la FAI, las Juventudes Libertarias y la organización de mujeres anarquistas Mujeres Libres, en cuya fundación participó su compañera Mercedes Comaposada (1901–1994). Al terminar la guerra española, Lobo y Comaposada se vieron obligados a exiliarse en París (Francia). Y ahí empezó su segundo período artístico. A finales de la década de 1940 comenzó a abandonar las artes plásticas, obteniendo un gran éxito y eco con la escultura.

Una amistad con un brigadista sueco

Cuando se  habla de la relación de Lobo con Suecia, siempre se refiere a los contactos que tuvo durante este segundo período de su carrera. El escultor Liss Eriksson y Conny Andersson, un activo socialdemócrata que luchó con las brigadas internacionales en España, son las personas que suelen mencionarse como amistades suecas. Además, es gracias a estos contactos que en los últimos años se han inaugurado en Suecia diversas esculturas de Lobo.

Cuando Maternidad, la primera escultura donada, se colocó en el barrio periférico de Björhagen, Estocolmo, en 2016, el Ayuntamiento informó de que «Lobo había entrado en contacto con Suecia en 1948 cuando participó en una exposición colectiva en Estocolmo y Oslo de artistas españoles en el exilio que los comités noruegos y suecos de solidaridad con la república española habían organizado, y con motivo de la exposición conoció a la familia de Ingrid y Conny Andersson que vivían en Björkhagen».

En realidad, se trataba de una exposición itinerante europea. En la junta organizadora de la exposición, designada por el Comité de Ayuda Sueco a España, controlado por los social‐demócratas, estaba Conny Andersson, que se comprometió a acoger en su casa a uno de los artistas españoles visitantes. Este artista resultó ser Baltasar Lobo y fue así como se conocieron.

Escultura de Baltasar Lobo en Saint Germain en Laye.
Fotografía: Jacinto Ceacero

Lobo conoce a Rudolf Berner, otoño de 1936

Pero los contactos de Lobo con Suecia eran anteriores. En representación de los sindicalistas suecos de la SAC, Rudolf Berner viajó a Barcelona en octubre de 1936. Allí Berner se incorporó como corresponsal de Arbetaren, el periódico de la SAC, al tiempo que trabajaba en la oficina conjunta de propaganda internacional de la CNT y la FAI.

En la Barcelona de la revolución anarquista, Berner conoció pronto a Baltasar Lobo, afiliado a la CNT, llamado habitualmente Balta por sus amigos. En un artículo memorialístico, «Encuentros con Lobo» en Arbetaren el 3 de noviembre de 1951, Berner explicó su primer encuentro:

«Un hermoso día de otoño de 1936 estaba sentado en Barcelona con unos artistas catalanes en la oficina de propaganda del Comité de Milicias Antifascistas. De repente, la puerta se abrió y un personaje singular apareció tras ella. Iba vestido con el tradicional “mono azul”, pero la ropa estaba rota y la funda de la pistola atada a la cintura con una cuerda gruesa. Una “barba negra” poblada, de trinchera, daba un tono silvestre a la aparición, pero los grandes y negros ojos brillaban bondadosos como los de un niño.

—¡Salud, Balta! Exclamaron y entonces comprendí que aquella figura extraña debía de ser Baltasar Lobo, el artista creador de una serie de carteles celebrados de temática antifascista. Los extranjeros en Barcelona coleccionaban estos carteles como si fueran grabados de Goya».

Del campo a Madrid y Mujeres Libres

Baltasar Lobo nació en 1910 en Cerecinos de Campos, un pequeño pueblo en las afueras de Zamora. A los 17 años recibió una beca de estudios en la Academia de Arte y se trasladó a Madrid. En la capital quedó muy impresionado por las exposiciones que podía visitar entonces: esculturas prehistóricas, llamadas «primitivistas», así como obras innovadoras de Picasso, Dalí o Miró.

Sin embargo, no le gustaban las conferencias teóricas de la academia. Comenzó de aprendiz con un tallador de madera y escultor, que resultó ser un anarquista devoto. Baltasar Lobo se implicó en el movimiento libertario, primero en las Juventudes Libertarias y, en breve, en la CNT. Al trasladarse su familia a Madrid, las hermanas de Lobo, Carmen y Visitación, también se integraron en el movimiento. Fue en Madrid donde Lobo conoció a su compañera, Mercedes Comaposada, una mujer que era casi diez años mayor que Lobo. Comaposada había nacido en Barcelona y muy joven se había afiliado a la CNT. Colaboraba activamente en la prensa libertaria, en la que demostró su gran amor por las frases inesperadas y brutalmente provocadoras.

A simple vista, el pueblerino Lobo y la cosmopolita y urbanita Comaposada, podían parecer una pareja improbable. Pero ambos eran anarquistas y tenían en común su gran interés por el arte y la cultura. En Madrid, Mercedes Comaposada, junto a la poeta Lucía Sánchez Saornil y la doctora Amparo Poch, había puesto en marcha una revista «para mujeres, hecha por mujeres». El primer número de Mujeres Libres apareció en mayo de 1936 y tuvo un éxito inmediato. La revista se adelantó mucho a su tiempo, no sólo en cuanto al contenido, sino también por su diseño vanguardista. A partir del tercer número, contenía ilustraciones de Baltasar (que, por cierto, se convirtió en el único colaborador masculino fijo de la revista).

Grand nu allongé (Baltasar Lobo). Fotografía: Luis Miguel Bugallo Sánchez (Lmbuga). Licencia: CC BY‐SA 3.0 Deed. 

En la Guerra Civil y Barcelona

Cuando estalló la Guerra Civil Española en julio de 1936, Baltasar Lobo se incorporó a las milicias de la CNT. Tiempo después, Mercedes Comaposada se trasladó de nuevo a Barcelona donde siguió trabajando para Mujeres Libres. Lobo mantuvo un estrecho contacto con Comaposada y, a principios de 1938, también se trasladó a Barcelona. La amistad entre Rudolf Berner, Lobo y Comaposada se profundizó. A partir de 1938 también empezaron a aparecer ilustraciones de Lobo en Arbetaren. La mayoría eran dibujos enviados por Berner. Madrid y Barcelona estaban ahora expuestos a bombardeos cada vez más feroces por parte de las fuerzas aéreas alemanas e italianas.

En Madrid, la casa de la familia recibió el impacto de una bomba. Gran parte de la primera producción de Baltasar Lobo fue destruida, muy poco pudo salvarse de las ruinas. El padre de Baltasar Lobo, Isaac Lobo, murió (según una versión cuando la casa de la familia recibió el impacto, según otra unos años más tarde cuando el puesto de trabajo del padre fue víctima de las bombas).

Cuando Rudolf Berner, después de un breve interludio en Estocolmo, regresó a Barcelona a finales de enero de 1939, el desastre estaba más cerca de lo que podía imaginarse. A su llegada a la ciudad de Perpiñán supo que Barcelona había caído el mismo día. Berner se encontró en medio del caos. Una primera ola de medio millón de refugiados estaba atravesando la frontera.

Huida del campo de concentración de Argelès-sur-Mer

Berner supo pronto que Baltasar Lobo estaba encerrado en una gran casa a un kilómetro de Perpiñán. Pero no era nada de lo que pudiera escribir en ese momento en la prensa. Sólo siete años más tarde, una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, Berner pudo contar en Arbetaren (15/4 de 1946) que fue al campo de concentración, muy vigilado, situado en la playa de Argelès‐sur‐Mer, y que allí logró ayudar a Baltasar Lobo a escapar:

«Cuando se produjo la derrota lo encontré entre los milicianos internados en un campo de concentración francés cerca de Perpiñán. Por distintos caminos y ante las mismas narices de las autoridades francesas conseguimos llevarle a París, donde durante un largo periodo vivió como ilegal, pero gracias a la intervención providencial de Picasso logró un permiso de residencia y comenzó a trabajar. Lo primero que hizo entonces fueron las ilustraciones para el número de mayo de 1939 del periódico Arbetaren».

En la biografía de María Bolaños, El silencio del escultor: Baltasar Lobo (1910 –1993), que se publicó en España el año 2000, se confirma la historia de Berner:

«Será gracias a un amigo sueco al que había conocido en Barcelona, Rudolf Berner, un periodista […] como logró atravesar las alambradas y llegar con un grupo de fugados a la vecina Perpignan, bajo uno de cuyos puentes pasó la noche. Fue Berner también quien, tras evitar que fuese apresado y devuelto al campo de nuevo, le prestó un traje y le facilitó los medios necesarios para dirigirse a Paris».

Tiempo después, Berner y Lobo se reencontrarían en París. Para mostrar su agradecimiento, Lobo regaló a Berner sus primeros dibujos hechos en el exilio. Los dibujos son algunos de los más oscuros que hizo Lobo en su larga carrera artística. Con la intervención de Berner se publicaron en el primer número de mayo de Arbetaren de 1939. En el mismo periódico también había un largo artículo donde Berner hacía una primera presentación de la vida y el arte de Baltasar Lobo que se publicaba en sueco. («A. Lobo — un dibujante de la revolución. Algunos datos sobre el hombre y su obra»). La A delante del nombre de Lobo fue un error de impresión. Unas semanas más tarde, gracias a la SIA, Mercedes Comaposada pudo abandonar el campo en el que había sido internada. En París se reencontró con Baltasar Lobo.

Jardines Escultor Baltasar Lobo (Zamora).
Fotografía: MiguelAlanCS. Licencia: CC BY‐SA 4.0 Deed.

En la capital francesa, la pareja pronto entró en contacto con Pablo Picasso, que conocía bien a Lobo, ya que había quedado impresionado por sus carteles hechos durante la guerra civil. Con la ayuda de la red de contactos de Picasso, Lobo y Comaposada pudieron legalizar su estancia en Francia. Mientras, Rudolf Berner había sido expulsado del país y había regresado a Estocolmo. Lobo y Comaposada se hicieron cargo de un pequeño apartamento en el 23 de la Rue des Volontaires en el barrio de Montparnasse. El apartamento había pertenecido anteriormente a dos amigos íntimos, la pareja anarquista rusa Mollie Steimer y Senya Flechin, que habían emigrado a México justo después del estallido de la guerra. Allí la pareja vivió la ocupación nazi que empezó en junio de 1940. Comaposada describió cómo les despertaban cada mañana las fuerzas alemanas que pasaban por la calle, cantando Land und Frau a un ritmo que recordaba aterradoramente «la tabla de multiplicar», acompañado por el sonido de los tacones de las botas contra el suelo.

A partir de 1943, el movimiento de resistencia francesa comenzó a articularse. Paralelamente, también aumentó la represión. En el sencillo restaurante Le Catalan, donde Lobo y Comaposada solían relacionarse con Picasso y su círculo, las noticias trágicas de amigos miembros de la resistencia que habían sido asesinados o detenidos por los alemanes llegaban cada vez más a menudo. Finalmente, en agosto de 1944, llegó la liberación. Mercedes Comaposada y Baltasar Lobo lo celebraron en la calle junto con sus exultantes vecinos.

De la relación que había nacido durante la ocupación alemana surgió al término de la guerra una constelación informal de artistas españoles que tomaron el nombre de Artistas españoles de la Escuela de París. Baltasar Lobo y varios de sus compañeros de generación estaban incluidos, pero en ocasiones, también se integraba a Picasso que era de una generación anterior. El grupo de artistas ganó la atención internacional con una gran exposición colectiva que comenzó a recorrer Europa. En enero de 1946 Lobo, Comaposada y varios artistas viajaron a Praga para montar la exposición, que llevaba por título Artistas españoles republicanos de la Escuela de París. Se inauguró en febrero de 1946 y constaba de 244 obras, con Pablo Picasso como el artista más conocido.

Homenaje a León Felipe (Zamora) (Baltasar Lobo). Fotografía: Antramir. Licencia: CC BY‐SA 3.0 Deed.

Con Rudolf Berner en París, de nuevo

Cuando fue posible volver a viajar a Europa, Rudolf Berner se marchó de Estocolmo hacia París. La SAC pagó el viaje y su misión era, además de escribir para Arbetaren, establecer contactos con la CNT en el exilio francés. Y, si fuera posible, entrar en la España de la dictadura. Cuando Berner llega a París en marzo de 1946, Lobo y Comaposada, que habían regresado recientemente de Praga, fueron de las primeras personas a las que visitó. Berner escribe en Arbetaren el 15 de abril de 1946:

«Baltasar Lobo, reconocido por la crítica gala y los colegas de la vanguardia francesa como el principal innovador vivo del arte de la escultura, ha estado activo en la CNT desde hace muchos años. […] No quiere explicar lo que ocurrió durante la ocupación, considera mucho más importante enseñarme sus obras “porque demuestran que no me quedé quieto, puedes tener opiniones diferentes sobre dónde me encuentro en mi camino”, dice».

Según Berner, Lobo no estuvo dispuesto a hablar públicamente, no sólo de su vida sino también de su arte, ya que para él éste debía hablar por sí mismo. De ahí el título de la biografía completa de Lobo que se publicó el año 2000: El silencio del escultor. Tras su visita a París, Rudolf Berner, con la ayuda de la CNT, logró entrar en España. Cuando regresó a Suecia, trajo con él la serie de reportajes Illegalt till Spanien —Ilegal en España— que causó una gran sensación cuando se publicó en Arbetaren. Antes, Berner se había vuelto a detener en París, donde buscó a Lobo, que le regaló algunos dibujos que éste se trajo a su casa en Estocolmo, incluido un autorretrato jamás publicado que se conserva en el archivo del periódico.

Mientras, la exposición del grupo de arte español había continuado su gira por Europa. Dos años después de su inauguración, había llegado a Estocolmo, donde se exhibió en Kungshallen bajo el título «La democracia española en el exilio» entre el 26 de octubre y el 3 de noviembre de 1948. Con motivo de esta exposición, Baltasar Lobo hizo su primera visita a Suecia. En Estocolmo se encontró de nuevo con Berner, que escribió una reseña no especialmente favorable de la exposición en la revista cultural Prisma (6/1948). Pero no fue a Lobo al que criticó Berner. Por el contrario, pensaba que las obras de Lobo merecían más espacio y que faltaban en la exposición algunas de sus obras posteriores, más experimentales. También fue en esta ocasión cuando Lobo conoció a Conny Andersson y su esposa Ingrid. El encuentro con la pareja Andersson fue el inicio de una amistad que duraría toda su vida. Lobo, que tenía varias obras vendidas en Estocolmo, poseía divisa sueca a su vuelta a París. Había oído hablar de dos suecos que vivían en la ciudad, y los buscó para intentar cambiar la moneda sueca a dinero francés. Se trataba del escultor Liss Eriksson y su esposa Britta Reich Eriksson, también artista. Este encuentro fue el inicio de una gran amistad.

1950: Estocolmo – la consagración internacional

La próxima vez que Baltasar Lobo visitaría Estocolmo sería en octubre de 1951 con motivo de su participación en una exposición colectiva titulada «Arte francés» en la Galerie Blanche de Kungsträdgården donde también estaban representados Henri Laurens y Fernand Léger. Rudolf Berner hizo otra presentación de la vida y obra de Lobo en Arbetaren. Pero a la hora de hablar de la exposición en sí, se conformó en citar su propia reseña de 1948, diciendo que también echaba de menos «los experimentos escultóricos más importantes» de Lobo otra vez. Berner concluyó citando a Liss Eriksson:

«Lobo ha sido muy bien descrito en unas pocas palabras por un compañero sueco, el escultor Liss Eriksson: Es como un sol, cuando sonríe y ríe todo se vuelve tan bueno y sincero».

Después de esto, surgió un mito: que la exposición en la Galerie Blanche habría sido la primera exposición individual de Lobo. Esto no es correcto, puesto que se trataba de una exposición colectiva. Los dibujos de Lobo de los años siguientes representaban a menudo cuerpos de mujeres en movimiento, donde todavía se podían encontrar rastros de su estilo primitivista desarrollado durante la Guerra Civil, pero donde los motivos se vuelven cada vez más alegres con el tiempo. Sus esculturas de bronce también adoptaron formas cada vez más libres. Un motivo recurrente es una madre que alza triunfal a su hijo recién nacido hacia el cielo. Pero quizá la mayor prueba de la habilidad de Lobo fueron sus esculturas talladas a mano. Llegó a adquirir una magnífica identificación con el material, el color y la estructura de la piedra en perfecta armonía con los temas.

A lo largo de los años mantuvieron correspondencia, Berner siguió visitando a Lobo y Comaposada en varias ocasiones. Rudolf Berner murió en Lund el 11 de marzo de 1977, con 69 años. Tres meses más tarde, en junio de 1977, Baltasar Lobo volvió a visitar Estocolmo. Franco había fallecido dos años antes y la Transición española estaba en marcha. Liss Eriksson había ganado un concurso de escultura convocado por Svenska Spanienfrivilligas kamratförening (la Asociación Sueca de Amigos de los voluntarios Españoles). Sería la escultura La Mano, un homenaje a los suecos que lucharon en el bando republicano durante la Guerra Civil Española, que hoy el paseante puede admirar en la calle Katarinavägen en el antiguo barrio obrero de Södermalm, Estocolmo.

Per Lindblom
Historiador de economía. Editor de investigación en la Universidad de Södertörn
Amalthea Frantz
Periodista y editora jefe de Arbetaren
Traducción: Albert Herranz

Publicado en https://redeslibertarias.com/2024/07/04/baltasar-lobo-un-artista-libertario/

El anarquismo de Alan Moore fuera de las páginas de «V de vendetta»

¿Qué es ser anarquista en el siglo XXI para el ícono del comic y escritor estadounidense Alan Moore? ¿Por qué la anarquía es el estado de aquellos seres humanos que pueden vivir sus vidas de una forma natural? ¿Cuándo no son naturales las fuerzas del orden?

La serie cómic V de Vendetta llevó a la cultura pop el juego de los mundos posibles “ucrónicos”, dejando libre la mente de los lectores de los ochenta por un horizonte de represión futuro distinto a los años noventa que se hicieron historia en la vida real.

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Centenario de la muerte del anarquista Franz Kafka

El 3 de junio de 1924, con solo 40 años, murió de tuberculosis uno de los más influyentes autores del siglo XX: el checo Franz Kafka, reconocido popularmente por denunciar deformaciones sociales tales como la desbordante burocracia, los laberintos legales y la indefensión individual; habiendo sido el término kafkiano incorporado a nuestra cultura como sinónimo de lo absurdo-siniestro.

Debido a negarse a publicar sus novelas (que dejó inconclusas), hasta mucho después de su muerte no se conoció su gran producción literaria. Cuando se le descubrió en Francia, tras la liberación del nazismo, los comunistas lo consideraron decadente. Prohibido por los soviéticos, hasta en su natal Checoslovaquia fue marginado.

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“Ni dios, ni patrón, ni marido”

La participación de las mujeres en la cultura impresa anarquista a escala internacional fue imprescindible para la extraordinaria difusión de la prensa y producción editorial del movimiento libertario, desde finales del siglo XIX hasta principios del XX. Fueron mujeres que desafiaron las normas de clase y de género, mujeres que crearon proyectos editoriales y colecciones, editaron periódicos y folletos, tradujeron textos políticos y literarios. “Su participación se rastrea en las primeras planas y en las portadas, pero también en los talleres y las imprentas, y en las calles, distribuyendo publicaciones o cobrando suscripciones”. Así recibe la exposición ‘Moldeadoras de la idea: mujeres en la cultura impresa anarquista’, que, en las propias palabras de sus curadoras, “recupera ese trabajo intelectual y manual muchas veces invisibilizado, para recordar y homenajear a todas aquellas que llevaron a letra de molde las ideas de la revolución, la emancipación, la fraternidad y la igualdad, y que imaginaron un mundo absolutamente diferente del que conocían”.

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Agustín Comotto: Stein

El título de la historia que se narra en Stein (Piedra) tiene un sentido poliédrico porque es el nombre de alguien que pudo existir, o no, pero que tiene un gran protagonismo en este libro ilustrado (o cómic) y, a la vez, significa piedra que es algo perdurable, mucho más que la propia memoria, protagonista también de este libro.

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Radical, a propósito de cine y educación

Radical es una película producida en México en 2023, escrita y dirigida por Christopher Zalla, e interpretada por, al parecer, un popular actor de comedia en el país centroamericano (sin que la obra se convierta en un vehículo para su lucimiento, lo cual es de agradecer), que se ha estrenado en salas españolas el 15 de marzo de este año. Se trata de una historia, que podríamos calificar dentro del subgénero cinematográfico sobre pedagogía, o dicho de una manera más coloquial “sobre profesores y alumnos”, que aparece con el algo trillado crédito de estar basada en hechos reales y, es el caso de la Biznaga de Oro en el Festival de Málaga o de algún galardón en Sundance, con algunos prestigiosos premios a sus espaldas. El argumento versa sobre un profesor de primaria, que llega como sustituto a un problemático colegio situado en una depauperada ciudad fronteriza del país mexicano, y que tratará de incorporar un innovador método educativo para motivar a sus estudiantes.

RADICAL CINE EDUCACIÓN
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«El maestro que prometió el mar», Antonio Benaiges y el método pedagógico Freinet

El maestro que prometió el mar es una película que está ahora mismo en la cartelera española, con cierto éxito, ya que se estrenó el 10 de noviembre; está dirigida por Patricia Font, con guion de Albert Val sobre la novela de Francesc Escribano. Nos cuenta la historia del maestro Antonio Benaiges, miserablemente asesinado por los falangistas al comienzo de la Guerra Civil, y lo hace a través del presente cuando una mujer descubre que su abuelo buscaba los restos de su padre en Burgos también desaparecido y es posible que sus restos se encuentren en una fosa común. De esta manera, la película nos narrará dos historias conectadas en diferentes épocas: la de Ariadna en 2010 cuando, a través de la búsqueda de los restos de su bisabuelo, conoce la historia de Benaiges en 1935, un maestro de Tarragona que es trasladado a una pequeña escuela de Bañuelos de Bureba en Burgos. Allí, se enfrentará a las fuerzas vivas del pueblo con un innovador método pedagógico; el título alude a que sus alumnos nunca habían visto el mar y les promete hacerlo, como símbolo de apertura hacia el mundo y un horizonte vital mucho más amplio.

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Antropología de la anarquía

Mi objetivo en este texto es presentar algunas ideas con respecto a la anarquía en la organización humana y considerar qué es o qué podría ser una antropología anarquista. Procederé en dos pasos: en primer lugar, examinaré las relaciones que ha habido hasta ahora entre el anarquismo y la antropología; en segundo lugar, esbozaré una hipótesis tentativa sobre las sociedades anárquicas (aquellas Seguir leyendo Antropología de la anarquía

Carlos Giménez: talento, memoria y compromiso en la viñeta

Carlos Giménez nació en el madrileño barrio de Lavapiés, cuando solo hacía dos años del final de la Guerra Civil. Creció en un colegio de Auxilio Social, tal y como quedará reflejado en la serie de Paracuellos, una de sus grandes obras, y allí empezó a dibujar tebeos emulando a los que serían sus primeros maestros, como es el caso de Juan G. Iranzo artífice de las peripecias del personaje de El Cachorro.

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