Archivos de la categoría Análisis

Cartier-Bresson, fotógrafo y anarquista

«El anarquismo es, ante todo, una ética y, como tal, se ha mantenido intacta. El mundo ha cambiado, no así el concepto libertario, el desafío frente a todos los poderes. Gracias a eso, he logrado zafarme del falso problema de la celebridad. Ser un fotógrafo conocido es una forma de poder y yo no la deseo». Henri Cartier-Bresson (1998).

https://www.youtube.com/watch?v=t8GMLCOS5LE

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CONQUISTA AMÉRICA INDÍGENAS

Ni vencidos, ni dominados: Las resistencias indígenas a la conquista española entre el siglo XVI y XIX

La tarea de repensar el sur, es una asignatura pendiente aún en nuestra latitud que, por supuesto, no realizarán los poderes gubernamentales, pero que tampoco hay indicios de abordarla próximamente las sociedades de esta vieja Europa. Siempre que se acerca la fecha del 12 de octubre de nuestro calendario, se renueva el neocolonialismo con un discurso rancio y ultranacionalista. Esa herencia colonial sigue viva a través de la explotación y el extractivismo del territorio Latinoamericano en el siglo XXI. Y no solamente está viva en la cuestión material, que sin duda es la más sangrante de todas, sino también en los imaginarios y las narrativas triunfalistas que celebran la conquista del continente americano defendiendo esa brutalidad como la única civilización posible.

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Asalto de la extrema derecha a la educación pública en Madrid

Hace unos meses, la presidenta madrileña Isabel Díaz Ayuso anunció que ordenaría a los inspectores de Educación de la Comunidad de Madrid retirar los libros de texto que contuvieran material “sectario” (porque ella, a diferencia del resto, es objetiva y está por encima del bien y del mal). Más adelante, su consejero de Educación, Enrique Ossorio, profundizó en el mensaje de su khaleesi, aclarando que el Gobierno autonómico no compraría libros que contuvieran expresiones como “emergencia climática”, “resiliencia” o “discriminación por razón de género”[1].

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Crisis energética global, capitalismo y soluciones a la vida básica fuera de esa telaraña

El pasado mes el colectivo comunicativo Cuellilargo editó una serie de vídeos titulados «Petrocalipsis. Crisis energética global y como sí la vamos a solucionar», basados en una síntesis del libro de Antonio Turiel, científico y doctor en Física por la Universidad Autónoma de Madrid. Nosotras nos hemos propuesto realizar un breve resumen de esos vídeos gracias a las notas que el propio colectivo Cuellilargo nos ha compartido. Recomendamos la visualización completa de la serie de vídeos y la profundización en la lectura del ensayo de Antonio Turiel para ampliar toda la información.

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La Cumbre de la OTAN de Madrid de 2022: Balance de una reunión que marcará la estrategia de la organización belicista durante las próximas décadas

El pasado 30 de junio finalizó la Cumbre de la OTAN que se celebró en Madrid, calificada unánimemente de “éxito” del Gobierno por todos los medios de comunicación, progresistas y de derechas. Durante 5 días –pese a que la reunión únicamente duró 2– las madrileñas notamos sus efectos por la suerte de estado de excepción que se decretó: policías armados en cada esquina (el dispositivo especial movilizó a 6.550 policías nacionales, 2.400 guardias civiles y más de 1.000 municipales), el centro cortado, identificaciones masivas, registros de coches, etc.

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EXTREMA DERECHA FASCISMO

De fascistas y bufones: Los peligros de los bulos y las acciones de la extrema derecha

El pasado mes de mayo se cumplieron dos años de la Revuelta de los Cayetanos, esas concentraciones celebradas en Núñez de Balboa en las que los vecinos del barrio más rico de Madrid salían a protestar contra las restricciones de la pandemia. Nos reímos mucho de las imágenes de los pijos y franquistas trasnochados que golpeaban mobiliario urbano con palos de golf, se desplazaban en descapotables e iniciaban caceroladas con utensilios de cocina recién comprados que todavía tenían la pegatina con el código de barras. Sin embargo, no podemos perder de vista que detrás de estas protestas, impulsadas por una tal “María Luisa de Resistencia Democrática, simpatizante de Vox”, estaba la ultraderecha y su siniestra agenda política.

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Las funciones de la OTAN en la arquitectura del capitalismo global

La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), también conocida como la “Alianza Atlántica”, fue fundada mediante el Tratado de Washington, firmado el 4 de abril de 1949. Con sólo 14 artículos, este tratado internacional, anuncia en su preámbulo que las partes firmantes “reafirman su fe en los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas y su deseo de vivir en paz con todos los pueblos y todos los Gobiernos. Decididos a salvaguardar la libertad, la herencia común y la civilización de sus pueblos, basados en los principios de la democracia, las libertades individuales y el imperio de la ley”.

Pese a tan idílico inicio, la OTAN no es una plataforma de extensión y desarrollo de los derechos humanos o una ONG centrada en solucionar las múltiples injusticias que asolan nuestras sociedades, sino una organización militar internacional que agrupa más del 50 % del gasto en armamento global. Según la revista Defensa, “en 2021 el total del gasto en militar de los 30 países que integran la OTAN ha ascendido a 1.048.511 millones de dólares constantes de 2015, y representa un incremento del 2,11 % respecto a 2020.  El 30,8 % corresponden a EE.UU. (322.803 millones). Este presupuesto financia a más de tres millones de hombres y mujeres 3.317.000 que integran los ejércitos de los países OTAN (120.000 son los efectivos que corresponden a España)”.

¿Cuál es el objetivo último de esta gigantesca estructura militar transnacional, hegemonizada firmemente por los Estados Unidos, que representa el Ejército más imponente y extenso de la Historia de la Humanidad? Vamos a intentar desentrañarlo, resumidamente, en este texto.

La OTAN se constituye en el momento inicial de la Guerra Fría entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. Oficialmente se presenta como una organización armada construida para garantizar el apoyo mutuo entre los países occidentales ante el expansionismo soviético. El artículo 1 del Tratado fundacional establece que “las Partes se comprometen, tal y como está establecido en la Carta de las Naciones Unidas, a resolver por medios pacíficos cualquier controversia internacional en la que pudieran verse implicadas de modo que la paz y seguridad internacionales, así como la justicia, no sean puestas en peligro”. Sin embargo, el artículo 5 del mismo Tratado establece un sistema automático por el cual “las Partes acuerdan que un ataque armado contra una o más de ellas, que tenga lugar en Europa o en América del Norte, será considerado como un ataque dirigido contra todas ellas, y en consecuencia, acuerdan que si tal ataque se produce, cada una de ellas (…) ayudará a la Parte o Partes atacadas, adoptando seguidamente, de forma individual y de acuerdo con las otras Partes, las medidas que juzgue necesarias, incluso el empleo de la fuerza armada”.

Sin embargo, la amenaza del expansionismo soviético, en los años subsiguientes a 1949, difícilmente consistía en un hipotético ataque armado de la URSS contra los países occidentales. El Pacto de Varsovia (la organización espejo de la OTAN entre los países del “socialismo real”) no fue fundado hasta 1955, como respuesta a la puesta en marcha de la OTAN.

La amenaza real, entonces, en los territorios de Europa Occidental, era la expansión del movimiento obrero y el comunismo, en algunos lugares aún por domesticar. Esto explica las reiteradas informaciones relativas a la participación de servicios de la estructura de inteligencia de la OTAN en actividades de contrainsurgencia en numerosos países europeos, realizando atentados, seguimientos o campañas de desinformación política. La red Gladio en Italia, Absalon en Dinamarca o ROC en Noruega, son los diversos nombres de las estructuras que la inteligencia de la Alianza, en colaboración con la CIA y el M16 británico, así como en estrecho contacto con sectores de la ultraderecha de diversos países, puso en marcha durante la Guerra Fría en una Europa que se pretendía alejar de la influencia comunista. Ya en 1957, por ejemplo, el director del servicio secreto noruego, Vilhelm Evang, protestó públicamente contra las actividades de subversión política llevadas a cabo por la OTAN y EEUU, retirando temporalmente al Ejército noruego del Comité Clandestino de Coordinación de la Organización.

Con la caída del Muro de Berlín y la disolución del Pacto de Varsovia, la Alianza parecía hacerse quedado vacía de funciones. Europa ya no estaba en peligro. Sin embargo, la OTAN no se disolvió, sino que asumió con aún más brío objetivos que, ya implementados durante la Guerra Fría, son fundamentales para la gestión política y social de la hegemonía norteamericana sobre el mundo.

Nos explicaremos: la OTAN es una organización militar y de inteligencia que permite al Ejército norteamericano (el mayor del mundo con enorme diferencia, y el que hegemoniza de hecho la toma de decisiones de la Alianza Atlántica) controlar los estándares técnicos y las estructuras de mando de los Ejércitos aliados, orientar la formación militar y político-social de las Fuerzas Armadas del resto de firmantes del Tratado, imponer sus análisis sobre las amenazas globales y sobre las medidas a tomar ante ellas, y, sobre todo, convertir a los Ejércitos firmantes en clientes fieles y dependientes de su descomunal industria de Defensa. Y la industria de defensa es el pilar esencial del Imperio norteamericano.

Vayamos por partes: Estados Unidos tiene intermitentemente una enorme deuda pública. Una deuda que, si la tuviera cualquier otro país, implicaría la quiebra y venta en saldo de su estructura productiva y sus servicios públicos, por la vía de un Plan de Ajuste Estructural como los que el Fondo Monetario Internacional fuerza a firmar a los países del Tercer Mundo. Pero EEUU puede hacer frente a esa deuda sin problemas. ¿Cómo? Porque dispone de lo que algunos autores han llamado “el señoreaje del dólar”, es decir, tiene a su disposición la máquina de emitir dólares con los que pagar la deuda. Para esto, es decisivo que los dólares continúen siendo la divisa internacional de referencia, es decir, que todos los Bancos centrales y empresas del mundo estén dispuestos a utilizarlos para sus transacciones. El hipertrofiado aparato militar estadounidense garantiza que esto sea así. Si alguien toma medidas que privilegien otras divisas en su comercio exterior, puede encontrarse con una rápida intervención del cuerpo de marines, como le ocurrió a Sadam Hussein.

La brutal extensión del gasto militar de los EEUU es, además, uno de los elementos fundamentales de su éxito económico después de la Segunda Guerra Mundial. Como pusieron de manifiesto pensadores como Noam Chomsky o Jame Petras, Estados Unidos se sostiene sobre una forme perversa de política económica que podríamos llamar “keynesianismo militar”. Esta política económica está basada en un amplio gasto público en defensa que alimenta un descomunal “complejo militar-industrial” de empresas privadas gigantescas.

El ”keynesianismo militar” funciona como una inyección de gasto público continua que alimenta la economía, pero en un sector específico (el militar) donde no “entra en competencia” con el sector privado (como lo haría en el caso de que este gasto público fuera gasto social en educación o sanidad). Así pues, la economía norteamericana consigue la cuadratura del círculo, gracias a su hipertrofiado sector de Defensa. Estimula su economía industrial con un gasto militar que no tiene que pagar en su cuantía real, porque dispone de la “máquina de hacer billetes”, de cuya aceptación internacional cuida el cuerpo de marines.

Así que la OTAN es un club de clientes fieles de la industria militar norteamericana y una estructura que garantiza su influencia política sobre las Fuerzas Armadas de otros países.

Para legitimar a la organización, por otra parte, a la OTAN se le ha dado una función subordinada en la estrategia principal de las últimas décadas del aparato militar norteamericano. El “señoreaje del dólar” está basado en que las Fuerzas Armadas de EEUU cumplan la función de “gendarme del mundo”, garantizando las infraestructuras básicas de la globalización económica (es decir, que las principales vías comerciales están disponibles para el comercio mundial y la energía y las mercancías llegan donde deben de llegar). Esto explica la estrategia norteamericana en Oriente Medio (invasiones de Irak y Afganistán, guerra en Siria), así como la inmisericorde presión de la Alianza sobre Rusia, que es un país con una fantástica base de materias primas y fuentes de energía que aún no controlan del todo los fondos de inversión internacionales.

En este papel de “policía global”, la OTAN ha jugado, hasta el momento, un papel auxiliar del Ejército norteamericano. El artículo 5 del Tratado fundacional solo se ha activado para justificar la intervención en Afganistán (contra las redes yihadistas que ponían en peligro las vías de transporte de la energía a nivel global). Sin embargo, su papel en Europa parece darle un protagonismo añadido: la extensión de la infraestructura militar de la OTAN hacia Rusia parece el prolegómeno de una andanada brutal de conflictos “fríos” y “calientes” entre los países occidentales y las nuevas potencias emergentes (China, Rusia, Irán…) que puede durar décadas.

La OTAN, pues, se justifica a sí misma presentándose como la alternativa militar a una Europa sin un Ejército coordinado, amenazada desde el sur y el este y sin estándares comunes para su industria de defensa. Sin embargo, no podemos olvidar que lo único que nos ofrece la OTAN, en la vida real, es dependencia, falta de soberanía, control ideológico, militarización social y desvío de fondos públicos para las guerras y matanzas que necesitan los grandes inversores.

Los pueblos se manifiestan contra la OTAN porque saben que el industrial de las armas es hermano del señor de las batallas.

Jose Luis Carretero Miramar

¿Qué encontramos detrás del discurso alarmista de las «bandas latinas»?

La ultraderecha ya generó un nuevo enemigo público a la vista al qué señalar y atacar desde hace varios meses en continua escalada. Si antes han atacado hasta el hartazgo a los jóvenes menores migrantes no acompañados, y han animado a agresiones físicas a menudo contra ellos, ahora se dedican a atacar a los hijos de los migrantes latinoamericanos, envolviéndolos a todos bajo la frase absolutamente racista de «bandas latinas» y, en lugar de poner el foco en las causas de la violencia, lo están dirigiendo de forma manipuladora hacia el supuesto origen de los miembros de esas bandas. Los medios de comunicación abren las puertas a estos discursos sociales, presentando ciertos sucesos con la misma retórica que habitualmente lo hace la ultraderecha. Así encontramos que el peligro no solo es que la ultraderecha consiga escaños en los parlamentos, sino que sus discursos sean los repetidos en los medios de comunicación y en las calles en torno a determinadas problemáticas sociales.

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ISRAEL OCUPACIÓN PALESTINA

Israel siembra muerte en la Palestina ocupada: La ocupación que no importa a la comunidad internacional

Hace dos meses, cuando Vladimir Putin anunció la invasión de Ucrania, la comunidad internacional, de manera casi unánime, se escandalizó. Y con razón. Desde entonces, el ejército ruso controla distintos territorios del Este y Sur de Ucrania, ha provocado centenares de muertes de civiles y el desplazamiento – interno y exterior – de millones de personas. De la noche a la mañana, las ucranianas se han visto sometidas por una fuerza extranjera, que mata a quienes se le resistan y anexiona sus tierras a un Estado del que no se consideran propios.

Esta situación, sin duda, es terrible. Y, por una vez, parece que hay una mayoría de personas en el mundo que así lo entienden. Gobiernos de todos los colores han hecho declaraciones contra Putin y han impuesto duras sanciones contra el pueblo ruso; Estados tanto liberales, como autoritarios e incluso otros con elementos socialistas han condenado la invasión; anarquistas, pacifistas y activistas de todo el mundo se han manifestado contra la guerra de Putin; y organizaciones indígenas como el EZLN han publicado comunicados condenando al ejército ruso.

Sin embargo, si hablamos de la ocupación del Estado de Israel sobre el territorio palestino e intentamos trazar una analogía con lo que sucede en Ucrania, el discurso cambia por completo. Pese a que Israel no respeta la legalidad internacional y ha desobedecido cualquier resolución de la ONU sobre los asentamientos ilegales desde 1967, la comunidad internacional enmudece ante una ocupación que se lleva produciendo desde 1948(1).

Lejos de destensarse la situación en Palestina con el paso de los años, la cosa va empeorando. En el mes de mayo de 2021, según un informe de la ONU de 25 de marzo de 2022, el ejército israelí mató a 261 palestinos – al menos 130 eran civiles y 67 eran niños – en Gaza y aplicó castigos colectivos en Jerusalén Este(2). Asimismo, la policía israelí acabó con la vida de 74 personas – 17 de ellos niños – y tildó de “organizaciones terroristas” a seis prominentes ONGs palestinas.

Un año después, el mes de abril de 2022 ha sido otro de extraordinaria violencia en la Palestina ocupada. Según la Oficina de la ONU para la coordinación de Asuntos Humanitarios, en la primera quincena de abril murieron 18 palestinos, después de que el primer ministro israelí, Naftali Bennett, diera la orden al ejército de librar una guerra contra el “terrorismo”. También ha coincidido con la publicación de un informe de Amnistía Internacional que detalla “cómo Israel impone un sistema de opresión y dominación a la población palestina en los lugares donde tiene el control de los derechos de ésta” y, por primera vez, define el régimen israelí como uno de Apartheid. Esto abarca a los palestinos y palestinas que viven en Israel y los Territorios Palestinos Ocupados y también a la población refugiada desplazada en otros países, según la ONG.

Descarga del Informe de Amnistía Internacional en PDF.

Estos datos se traducen en que, al cierre de esta edición, el número de palestinos muertos en lo que va de 2022 asciende a 48cinco veces más que en el mismo periodo de tiempo en 2021, antes de las matanzas que se produjeron en mayo –. Entre las víctimas de los últimos días se encuentra Ghada Ibrahim Sabatien, madre de seis criaturas que fue disparada pese a encontrarse desarmada por acercarse a soldados, o Muhammad Assaf, un abogado que llevaba a su sobrino al colegio y que se llevó un tiro en el cuello por pararse a observar una intervención militar. Decenas de nombres, tras los cuales se encuentran personas a las que les han arrebatado la vida, que no caben en estas páginas.

Frente a las acciones del régimen israelí, grupos activistas como la campaña BDS (boicot, desinversiones y sanciones) proponen forzar el cambio mediante la presión popular internacional al Estado de Israel. Y es aquí donde los distintos Estados del mundo nos muestran su tremenda hipocresía: la propuesta es la misma que los países de la UE y EEUU están implementando actualmente contra Rusia (las sanciones), pero se niegan a obligar a Israel a acatar la legalidad internacional con ellas porque “no es justo” para el pueblo israelí (como si fuera justo que el pueblo ruso sufra las sanciones por lo que hace su Estado), o porque “no son efectivas”. Y, de esta manera, el régimen de Apartheid israelí se perpetua.

Y es que, como apunta una declaración del Comité Palestino BDS, «la cálida bienvenida de los países del Occidente a las persona ucranianas, contrasta fuertemente con la forma en que estos países han tratado a las personas morenas y negras que llegan a sus costas y fronteras pidiendo asilo. Por el contrario, son tratadas con racismo y bloqueadas con muros para evitar su ingreso, mueren ahogadas en los duros trayectos, y se ven forzadas a separarse de sus familias. Esta misma intolerancia y  maltrato han tenido que experimentar las personas no blancas de Ucrania que buscan refugio. Este doble estándar de los países del Occidente es doloroso, irritante y humillante para los pueblos del Sur Global, incluido el pueblo palestino. Después de todo, el régimen de apartheid, ocupación militar y colonialismo que Israel ha ejercido por décadas contra la población palestina, es armado, financiado, protegido y mantenido impune por los mismos países del Occidente-particularmente Estados Unidos, el Reino Unido y la Unión Europea-que hoy promueven sanciones contra Rusia y acogen con los brazos abiertos a las personas refugiadas de Ucrania.  

Insistiendo en la igualdad del valor de todos los seres humanos y de sus derechos inalienables, el movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS), realiza campañas para terminar con la complicidad con el régimen de opresión de Israel que niega la libertad, la justicia y la igualdad a la sociedad civil palestina. El reverendo Martin Luther King Jr. describió una vez los boicots por la justicia racial como «retirar… la cooperación con un sistema malvado». De hecho, el BDS está presionando a los Estados, a las empresas y a las instituciones para que pongan fin a su cooperación directa e indirecta con el régimen de Israel, que está matando, limpiando étnicamente, negando derecho a regresar a casa de miles de personas palestinas refugiadas, encarcelando, robando tierras tierra, asfixiando en bantustanes cada vez más pequeños y asediando a dos millones de personas palestinas en el campo de prisioneros al aire libre de Gaza. Claramente la Nakba aún no termina. 

Como movimiento antirracista y no violento, que defiende los Derechos Humanos, el BDS ha generado sistemáticamente campañas de boicot a las empresas e instituciones por su complicidad, no por su identidad. El BDS no se dirige a individuos ordinarios, incluso si están afiliados a instituciones cómplices. 

Los actuales boicots occidentales, que se imponen a Rusia, que se basa en su identidad o en sus opiniones políticas son, por tanto, antitéticos ante los principios éticos del movimiento de BDS. Los principales medios de comunicación occidentales, incluido un artículo sorprendentemente justo del New York Times, han comenzado a develar este hecho, comparando favorablemente el boicot «mucho más sofisticado», institucional y basado en la complicidad que ejerce el movimiento BDS a Israel, con los boicots alarmantemente xenófobos, basados en la identidad y macartistas que hoy los Estados del Occidente están ejerciendo contra la sociedad Rusa. 

Estas medidas, fomentadas por unos medios de comunicación Occidentales profundamente racistas, chovinistas y tendenciosos, han incluido el boicot a las películas rusas, a las figuras culturales (incluidos Tchaikovsky y Dostoevsky, ¡que murieron a finales del siglo XIX!), a los académicos (excepto a los que denuncian públicamente la invasión) e incluso a los gatos rusos. Un profesor de «ética» médica de Nueva York instó a las empresas farmacéuticas a dejar de vender medicamentos a Rusia diciendo: «Hay que pellizcar al pueblo ruso… con productos que utilizan para mantener su bienestar. La guerra es así de cruel». Un hospital de Alemania -un Estado que defiende el apartheid israelí, que se caracteriza por un racismo anti-palestino y por macartismo anti-BDS-ha anunciado que dejará de recibir pacientes rusos, en una vergonzosa violación del juramento hipocrático

La hipocresía Occidental ha infectado a las instituciones internacionales dominadas por el mismo Occidente. La FIFA, el Comité Olímpico Internacional, la UEFA, Eurovisión, el masivo programa de investigación académica de la UE, Horizon, entre otros, han rechazado durante años las demandas del BDS de excluir al apartheid israelí, bajo el fundamento de que «el deporte está por encima de la política», «la investigación académica está por encima de la política» y «el arte está ciertamente por encima de la política». Más aún, atletas que han solidarizado públicamente con la sociedad civil palestina, han sido fuertemente multados e incluso desplazados durante muchos años, mientras que atletas y equipos nacionales que boicotean a Rusia en solidaridad con Ucrania han sido activamente alentados y recompensados por los mismos organismos deportivos. Ante esta realidad, algunos reconocidos deportistas árabes han comenzado a denunciar valientemente esta hipocresía y doble estándar. 

La Corte Penal Internacional (CPI) desperdició años de disputas antes de abrir finalmente una investigación (que aún no ha dado ningún paso concreto) sobre los crímenes israelíes contra el pueblo palestino, incluida la masacre de Israel en Gaza en 2014, que mató en pocas semanas a más de 500 niños y niñas palestinas. Sorprendentemente-y por el contrario de las acciones de la CPI ante los vejámenes que vive la población palestina- días después de la invasión rusa, la CPI rápidamente comenzó un proceso para abrir una investigación.

La hipocresía y la rapidez con la que todas las entidades dominadas por Occidente boicotearon, expulsaron y sancionaron de uno u otro modo a Rusia y a la ciudadanía rusa, envían un mensaje claramente racista a los palestinos, yemeníes, iraquíes, afganos y muchos otros, de que sus vidas y derechos como personas de color no cuentan. Irónicamente, estos hechos y declaraciones que los justifican, desvalidan los argumentos anti-BDS que por 17 años Israel y los países del Occidente han propagado con el objetivo frustrar las campañas en búsqueda de justicia. 

A pesar de que la justificación para no realizar BDS a Israel ha sido por décadas que «los negocios están por encima de la política», hoy vemos que de repente cientos de empresas occidentales han puesto fin a todos los negocios en Rusia para protestar por la invasión de Ucrania, pero ninguna de ellas ha condenado las salvajes y mortíferas invasiones estadounidenses de Iraq y Afganistán. Por ejemplo, McDonald’s mantiene una sucursal en la Bahía de Guantánamo, el campo de tortura más grande del mundo. Otras de estas empresas, como HP, Hyundai, Caterpillar, General Mills y Puma, han estado bajo la mira del movimiento BDS por su apoyo activo a la ocupación militar y el régimen de apartheid israelí. Airbnb, que se retiró de Rusia a los pocos días de iniciarse la invasión, sigue promoviendo anuncios en asentamientos ilegales israelíes construidos en tierras palestinas robadas, lo que constituye un crimen de guerra. 

También es fundamental aclarar la legalidad y la moralidad de las sanciones. Los Estados y las organizaciones interestatales pueden imponer sanciones con la condición de que éstas tengan por objeto poner fin a violaciones graves del derecho internacional, como la agresión, la anexión, la dominación colonial, o el apartheid, sin discernir entre los Estados perpetradores. Para ser legales, las sanciones deben respetar los Derechos Humanos fundamentales y las obligaciones humanitarias, y ser proporcionales a la gravedad de la violación. Sin embargo, las sanciones impuestas por Estados Unidos se han aplicado de forma selectiva para favorecer los intereses geopolíticos y, cuando se dirigen a Estados del Sur Global en particular, han sido diseñadas en su mayoría para devastar a la gente corriente con el fin de lograr, en última instancia, un «cambio de régimen». En algunos casos, como el de Irak, estas sanciones han tenido resultados genocidas. 

Por el contrario, el BDS, y con él la sociedad civil palestina, pide sanciones selectivas, proporcionales y legales que tengan como objetivo acabar con el sistema opresivo de apartheid, colonialismo y ocupación de Israel, sin perjudicar a la gente corriente. Esto incluye un amplio embargo militar y de seguridad, cortar los vínculos financieros con los bancos que financian el apartheid y los asentamientos, y expulsar al apartheid israelí de los Juegos Olímpicos, la FIFA, Horizonte y otros organismos internacionales. Por otro lado, cortar el suministro de alimentos, medicinas y otros bienes básicos, como suelen hacer las sanciones de Estados Unidos, nunca puede justificarse moral o legalmente«.

Todo por hacer

1.-Para más información sobre la historia de la ocupación israelí de Palestina, nos remitimos a nuestro artículo “Crónicas del Apartheid y de la Guerra”.
2.-Sobre las brutales matanzas perpetradas por Israel en Jerusalén Este y Gaza en mayo de 2021, recomendamos nuestro artículo “Limpieza étnica en Sheikh Jarrah y bombardeos israelíes sobre Gaza”.

El mundo al borde del abismo: Causas de la invasión rusa a Ucrania que podría desencadenar la Tercera Guerra Mundial

Empecemos dejando clara una obviedad: la invasión de Ucrania a manos de Rusia es una agresión imperialista, infame e injustificada, como lo fue la invasión de Estados Unidos de Irak y Afganistán, como lo es la ocupación israelí de Palestina o la marroquí del Sáhara Occidental.

Ahora bien, el hecho de que esta guerra carezca de justificación, no quiere decir que la explicación de sus causas sea sencilla. Los medios occidentales se limitan a atribuirla a la maldad innata de Vladimir Putin, pero de sobra sabemos que estos análisis simplistas que rezuman a propaganda, lejos de acercarnos a la verdad, nos confunden y alejan de ella. Y es que, como siempre, la realidad es compleja, llena de matices y difícil de condensar.

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