Religion-Estado-Muerte-Acracia

La religión mata

La matanza de París está destinada a permanecer en la memoria colectiva de muchos de nosotros, máxime si se piensa que muchos de los dibujantes de Charlie Hebdo asesinados eran simpatizantes de nuestro movimiento que, como recuerda el grupo Kropotkin de la Federación Anarquista [francófona], contribuían a menudo de forma gráfica y organizativa en el Salón del Libro Anarquista de Merlieux. Ha sido atacado un periódico que de siempre ha repartido “cera” a todos; ha molestado tanto al Islam como al judaísmo, al catolicismo como al protestantismo, a la familia Le Pen como a Sarkozy y a los izquierdistas. El dolor y la rabia de los compañeros franceses, junto a tantos lectores o simples compañeros de viaje del Hebdo son, también, míos. Mejor aclararlo preventivamente.

Pero. Siempre hay un “pero”, referente en este caso al coro unánime de enfado que se levanta desde cada rincón del mundo. Hay que preguntarse dónde estaban estos defensores de la libertad cuando Anders Breivik asesinó a 77 personas que participaban en un campamento socialdemócrata, cometiendo una de las más grandes masacres que la Europa del siglo XXI había visto hasta ese momento. De Breivik se habló enseguida de “locura”, de un hombre “fuera de la realidad”, cuando en realidad era creyente genuino, un fundamentalista cristiano nada diferente a los islamistas que han atacado Charlie Hebdo. Pero nadie en aquella ocasión pronunció las mismas palabras de rechazo y conmoción que hoy políticos, filósofos y representantes institucionales lanzan a manos llenas.
¿Por qué no nos acordamos de los muertos de Utoya? Quien piense que estos dos hechos están desligados no quiere admitir que siempre estamos en el ámbito del fanatismo religioso. Este es el aspecto más violento de un problema mucho más profundo y radical: la religión. Cada uno que piense lo que quiera; como anarquista continúo viendo en la religión uno de los males más graves que impiden el pleno desarrollo de cualquier perspectiva revolucionaria.

La religión, que para muchos pobres es el refugio donde emborracharse para encontrar consuelo en el sufrimiento, y para muchos autoritarios es el escudo bajo el que se puede anular a quien piensa de forma diferente. La religión, instrumento político con el que el poder económico se garantiza la placidez social de los súbditos, o se sirve solo de su rabia contra quien tiene una fe diferente, por no hablar de quien no tiene ninguna. La religión, la construcción ideológica que sirve para defender un mundo de mierda “porque es lo que nos ha dado Dios”, cualquiera que sea su nombre. Y surgen preguntas, como en este caso que cito de una reflexión de un compañero florentino capaz siempre de pensamientos cáusticos: “¿No será que las religiones poseen por definición la violencia más estúpida y ciega? ¿No será que, si raspamos la ‘espiritualidad’, sale su verdadera esencia de anulación de la voluntad, de obediencia ciega porque ‘Dios lo quiere’, y de exterminio?”

Que nadie olvide los crímenes que todas las fes religiosas han perpetrado o han contribuido a perpetrar en la historia de este planeta. Las almas cándidas del catolicismo callan, ellas que salen de un siglo en que los regímenes reaccionarios han contado siempre con el beneplácito de la Santa Madre Iglesia porque estaban empeñados en parar el avance del materialismo, del comunismo y del relativismo (¿os acordáis de Franco? ¿Y del cabrón de Mussolini? ¿Y de los coroneles griegos?). La masacre de Charlie Hebdo es una página triste, tanto como la de Utoya y como las otras cometidas en nombre del Ser Supremo que nadie ha visto jamás. Termino diciendo que podrá parecer anacrónico, pero sigo pensando que la lucha contra la religión, entendida en sus varias acepciones descritas antes, ha de ser emprendida con el único medio que nos es propio: el de la lucha por la libertad y la igualdad de todos; únicamente así podremos abatir las bases sociales sobre las que se rigen y refuerzan las religiones.

Zorba

Publicado en el periódico Tierra y libertad núm.320 (marzo 2015).

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