Capi Vidal
Es muy posible que haya quien encuentre a Simone Weil una rara avis en el campo político e intelectual; alguien que se la podía etiquetar de izquierdista radical participando en varias publicaciones al respecto, pero que al mismo tiempo mostró una espiritualidad cristiana acercándose en algún momento al catolicismo, aunque sin llegar a formar parte de una Iglesia que criticó1. Además, no se limitó a la teoría en su defensa de los oprimidos, ya que decidió ella misma, en 1934, comprobar las duras condiciones de las fábricas en Francia, trabajando en algunas de ellas, en 1936 vino a España a luchar al lado de los anarquistas en la guerra civil y a participar en la revolución consecuente (una estancia, finalmente, corta debido a un accidente en su pierna), mientras que, posteriormente, en la Francia ocupada colaboró con la resistencia al nazismo. Simone Weil, ya en un artículo de 1933, se lamentaba de no haber encontrado en la doctrina marxista respuesta a la defensa de la libertad individual frente a las nuevas formas de opresión que habían sucedido al capitalismo clásico; su distanciamiento de esta doctrina estuvo en la crítica de la filósofa a la civilización industrial y al desarrollo de las fuerzas productivas.
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