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Chomsky, el caso Epstein y el mundo en que vivimos

Andamos echándonos las manos a la cabeza con el descubrimiento de que Chomsky, el gran intelectual y no sé si ahora exreferente moral, tenía una estrecha relación con un tipo tan repulsivo como Jeffrey Epstein, del que se dice que era pedófilo, ultraderechista y muy probablemente agente al servicio del Estado de Israel, entre otras lindezas. Más adelante, trataré de incidir algo en el caso Epstein, del que se están difundiendo tantas bulos que ya resulta sospechoso si no es una estrategia para ocultar los muy reales crímenes que implican a demasiada gente poderosa. Pero, vayamos con Chomsky, que al parecer, tras un ictus severo hace pocos años, no puede en estos momentos defenderse de encubrimiento de los crímenes más repulsivos. Hay que decir que Chomsky, afirmo yo con nada modesta intención, pasará a la historia especialmente por su faceta de linguista y su teoría de la gramática generativa según la cual el ser humano posee una capacidad biológica para el lenguaje. En otras palabras, que es posible que tengamos una capacidad innata para el habla, lo cual desgraciadamente no garantiza siempre la lucidez y honestidad de las palabras. Bromas aparte, en otro espacio trataremos de venirnos arriba e indagar en lo que afirmó Chomsky y en sus controversias con, por ejemplo, Foucault en lo que se considera o no naturaleza humana. Dicho esto, vayamos con otras facetas de Noam Chomsky, como era la de analista político y reconocida figura de la izquierda más cercana al anarquismo. ¿Podemos considerar a Chomsky, sin más, ácrata? No soy yo nadie para dar o quitar identidades políticas, pero había ciertos hechos que me parecían algo decepcionantes. Y es que sus alabanzas en ciertos momentos a regímenes como los de Cuba o Venezuela, aunque posteriormente se desdijera, hacían poner la sospecha para alguien con una mínima crítica libertaria al poder y al evidente fracaso de las «revoluciones» hechas desde arriba. De hecho, uno de sus últimos libros es Sobre Cuba. 70 años de Revolución y lucha, que no he leído, pero cuyo título hace presagiar el intento de mantener intacto el mito de la revolución cubana frente a la agresión imperial estadounidense. Dejaré claro, adelantándome a ciertas críticas, que criminal me parece el bloqueo infligido a la isla por el gigante norteamericano, ahora agravado por el repulsivo Trump, lo mismo que criminal me parece el bloqueo que el régimen cubano lleva provocando a su población desde hace décadas.

Tiene valor, por supuesto, la abundante obra de Chomsky denunciando los constantes intervencionismos criminales de Estados Unidos en otros países; aunque en la lúcida opinión del que suscribe, de forma directa o indirecta, en algunos momentos ha parecido realizar apología de determinados regímenes igualmente criticables. ¿Qué podemos decir de la aportación de Chomsky, explícitamente, al anarquismo? Aunque, de forma obvia, es de agradecer que una figura intelectual reconocida hable bien de las ideas libertarias, he de decir que tampoco me ha impresionado demasiado lo que he leído de él en este aspecto. Existe algo que sí me agradó sobre su persona y fue cuando supe que también había escrito en ciertos medios libertarians (no traducir mal el término al castellano, por favor, de ahí la confusión actual) de su país asociados, claro, a la derecha; Chomsky consideraba que esos pseudolibertarios de derecha suponían una desvirtuación del pensamiento liberal clásico, en su defensa de la libertad individual, cuyos auténticos herederos serían los anarquistas. Con seguridad, esto hará fruncir el ceño a muchos libertarios, pero a mí me gusta, qué le vamos a hacer. Sea como fuere, hay quien ha asegurado que Chomsky ha sido uno de los pensadores que ha revitalizado el pensamiento libertario en los últimos tiempos, aunque a mí me parece decir demasiado; al anarquismo, tampoco falto de grandes aportaciones teóricas, que no me han parecido las de este hombre, le definen siempre sus prácticas, para bien o para mal, en auge o en declive según las circunstancias. El problema aquí ahora con Chomsky, al salir a la luz probables sombras en su comportamiento, es que se ha querido vincular su reconocida faceta intelectual con cierta condición moral irreprobable. Recordemos lo que este brillante columnista escribió hace escasos días sobre el culto a la personalidad, que es posible, aunque me cueste decirlo, que se extienda a veces también en el campo libertario. Por cierto, ya adentrándonos en el caso Epstein, el libro mencionado sobre Cuba lo escribió Chomsky con un tal Vijay Prashad, que en estos momentos ha sido uno de los que ha puesto a parir al linguista calificando su actitud de imperdonable. Como ya están señalando muy bien ciertas voces, la decepción ahora con Chomsky (lógica, ojo, a mí mismo me ocurre en cierta medida) es directamente proporcional a haberle considera algo así como un faro libertario en los últimos tiempos.

No sé si Chomsky ha sido un hipócrita o, simplemente, su permanente relación con gente con poder (a los que decía criticar, aunque en ocasiones de forma harto maniquea) le condujo finalmente a perder el norte, a una especie de estado de ebriedad en ese mundo que le hiciera incapaz de ver la realidad (esto, por cierto, creo que es habitual en el mundo de ricos y poderosos, lo cual no les disculpa en absoluto). No lo sé, y no digo que me sea totalmente indiferente, pero no es para mí lo más grave del asunto. Lo importante es que en el campo libertario, donde debería existir una constante reafirmación del pensamiento libre y crítico, no se pueden erigir monumentos a supuestos héroes. ¡Dejemos eso para otros imaginarios de cultivo del papanatismo y de loas acríticas a la autoridad! Podemos tener, por supuesto, referentes morales y bueno es que así sea, pero con los que hay que ser igualmente críticos. No vamos a echar a la basura las obras y aportaciones de Chomsky, pero tratemos siempre de poner todo en su justa medida y comprender que, no solo que probablemente no exista nadie intachable, sino que hay cierta tendencia humana a la corrupción de todo tipo. ¿Y que podemos decir, a nivel general del caso Epstein? Si no me equivoco, son millones de documentos relacionados y es tanta la desinformación y los bulos al respecto que, como dije anteriormente, puede que todo forme parte de un plan para encubrir lo que sí había de realidad en el tráfico y abuso de menores. Una trama que implica al presidente actual de Estados Unidos, el inicuo y grotesco Donald Trump, junto a gente de su entorno, pero también a mucho personal poderoso como es el caso del detestable e infame expresidente de este inefable Reino de España, José María Aznar. Se dirá que demasiados nombres están en dichos documentos, sin que tengan que estar relacionados necesariamente con actos criminales, aunque Aznar (y su familia, ojo, incluido su avispado yerno) aparecen en dos enigmáticos envíos y también aludidos en varias ocasiones por otras operaciones. Por cierto, otro de los mencionados, y parece que con este hay evidencias más sólidas de estar implicado es Deepak Chopra. Para el que no lo conozca, este sinvergüenza que pasaba por ser una autoridad moral y un gurú de la conciencia y la sanación, sosteniendo diversas magufadas al respecto que solo pueden inquietar a alguien con el cerebro bien oxigenado. Que todo esto, si es que lleva a alguna parte entre tanto ruido, sirva al menos para hacer reflexionar a esa parte de la humanidad tan, tan papanatas.

Juan Cáspar

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