que generalizar, que siempre hay gente buena o mala, y esos habituales lugares comunes, que por otra parte no dejan de ser verdades de perogrullo. Efectivamente, no soy justo a veces en mi habitual intensidad retórica, ya que hay personas que, frente a tanta adversidad, se muestran valientemente solidarias con el prójimo. Sin embargo, cuando caigo en esa reflexión abstracta sobre este peculiar ser, supuestamente racional, que llamamos sapiens aludo a ciertos mecanismos conducentes a la más profundad incapacidad para innovar a nivel moral. Y esto lo dice uno que, en tantas ocasiones, suele hacer gala de cierto nilhilismo. Hablemos de Ceuta. Es, obviamente, un gran drama humano que en una población de más de 80.000 habitantes se produzca un flujo migratorio que casi duplique la población, algo que se dio hace poco más de un mes entre el 30 y el 31 de julio. Esta personas acceden a territorio español a nado o a pie, y gran parte son marroquíes, pero también provenientes de países en conflicto como Sudán, Malí o Somalia. Los abiertamente inicuos no tardan en hablar de invasión, según su repulsiva mentalidad militarista, mientras que trata de dejarse a un lado el hecho de que tantas personas se jueguen la vida abandonando su lugar de origen para tratar de buscar una vida mejor. No deja de ser una exacerbación puntual del mundo que sufrimos de una manera permanente. Gran parte de la humanidad sumida en la necesidad o víctima de despotismos y conflictos bélicos, sin capacidad para cambiar su lugar de origen, se ven empujadas a migrar para comprobar cómo el mezquino mundo desarrollado, ese mismo cómplice de tantas tiranías y culpable de esquilmar los recursos ajenos, les cierra las puertas.
Pongamos el ejemplo de la dictadura que es el Reino de Marruecos, y hay que insistir en que el gobierno ultraprogresista de este Reino de España le ha negado responsabilidad alguna en la crisis migratoria, en connivencia con las grandes potencias “democráticas” de Estados Unidos e Israel. No se señala usualmente en los medios el lugar geoestratégico del que hablamos, con la posible anexión de Ceuta y Melilla por parte de Marruecos, ya que claramente se busca controlar por parte de sus poderosos aliados el Sahara y el Mediterráneo occidental. No se puede esperar que los gobernantes tengan escrúpulo alguna a la hora de jugar con la vida de personas, como si fueran piezas en un tablero, si con ello logran sus propósitos. El Reino de Marruecos, aunque se ha dicho que no está probado en esta ocasión que sea el responsable directo del flujo migratorio masivo, claramente es culpable por acción u omisión. Recordemos que unas 150 personas murieron ya intentando entrar en Ceuta. Por otra parte, gran parte de esa cantidad de migrantes, al comprobar el negro panorama que se encontraban, retornaron enseguida a sus países, pero unos cuantos miles permanecen en la ciudad a día de hoy, y lo hacen sin acceso a techo, comida o atención sanitaria debido a la inacción institucional. Sobre el papel, las leyes internacionales no permiten la expulsión inmediata sin un expediente y un abogado para cada caso, y la estrategia de las administraciones españolas, tanto del gobierno central como del local, parece haber sido dejar que, ante el malestar que se encuentran, estas personas vuelvan a su lugar de origen.
Un mes después del inicio del drama migratorio, miles de personas continúan en situación de calle, en una precariedad incomprensible y expuestos a todo tipo de violencia. Los elementos más repulsivamente reaccionarios, además de insistir en la cantinela de la invasión, lanzan bulos sobre miedo e inseguridad por la presencia de los migrantes, mientras que atacan a aquellas personas que los ayudan. ¿Se puede ser más miserable? Resulta incomprensible que se haya dejado que Ceuta se convierta en un polvorín a punto de estallar, mientras que el precio lo pagan como siempre los más vulnerables. Las agresiones a los migrantes están siendo continuas, en parte por patrullas vecinales y por grupos de ultraderecha, pero también por la policía y los militares. Está claro que el objetivo es el hostigamiento continuo para que, finalmente, estas personas desistan y se vayan. Lo que más aterra es que una parte de la población ceutí, quiero pensar que no demasiado numerosa, se haya sumado a esa ola de odio hacia la persona de fuera, a pesar de ser la ciudad obviamente multiétnica. Es innegable que la crisis produce tensión social y un evidente malestar para los que allí habitan, pero resulta despreciable que haya gente que, sencillamente, quiera quitarse el problema de encima sin el más mínimo juicio moral. Es lo que me produce esa vergüenza a la que aludía al comienzo de este texto, que mostremos discapacidad para fortalecer nuestra conciencia, con tanta crisis de todo tipo encadenada, sobre el terrible mundo que sufrimos en el que tantas personas pasan necesidad perfectamente evitable. Frente a tantas personas que, simplemente, aceptan el escenario que colocan ante sus ojos para tener una existencia no demasiado molesta, trataremos de potenciar las mejores facetas solidarias de esta inefable especie que llamamos sapiens. Este ácrata, algo nihilista, ferozmente individualista, no ha sido hoy demasiado dado al sarcasmo.
Juan Cáspar
https://exabruptospoliticos.wordpress.com/2026/09/02/el-drama-migratorio-y-una-reflexion-sobre-la-condicion-humana/




