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El Islam y la modernidad

El Islam es una religión mundial nacida en la península Arábiga de las enseñanzas de Mahoma en el siglo VII D.C. Según la tradición islámica, Mahoma fue un comerciante oriundo de la ciudad de la Meca que un día recibió de la boca  del ángel Gabriel la última revelación de Dios. Acorde con esta religión, el mismo Dios adorado por Abraham, Moisés, David y Jesús manifestó su voluntad por medio de la palabra, en la forma de un libro sagrado llamado el Corán. Curiosamente,  el Corán se nutre en gran medida de las religiones abrahámicas monoteístas, como el judaísmo y el cristianismo. Este libro está repleto de historias del Antiguo y Nuevo testamento. Es más, se considera a sí misma como la versión más reciente de estas religiones.

De la misma manera como el cristianismo ve al judaísmo como su precursora. El Islam reconoce al judaísmo y al cristianismo como sus precursores. A pesar de lo que piensan muchos en Occidente, el islam  está estrechamente relacionado a la fe cristiana y judía.  En menos de un siglo después de su fundación, la religión musulmana se difundió desde Persia hasta la Península Ibérica. Luego, con los siglos, el Islam penetró en  la India y gran parte del sureste Asiático. Hoy, el mundo musulmán cuenta con más de mil millones de adeptos en todo el globo, superando en números a los católicos. Por cada cinco personas en el mundo, una es musulmana. En todas las ciudades de Europa, la América anglosajona y Latinoamérica, existe una vibrante comunidad musulmana. Son nuestros vecinos, amigos, compañeros  y socios de negocios.

El Islam, a diferencia del cristianismo, es una religión que presta poca atención a las creencias. Su énfasis está en el modo como un musulmán debe vivir su vida. Mientras que la Biblia en el Nuevo Testamento contiene pocos detalles en torno a los aspectos políticos y sociales de la vida, en el Corán y las tradiciones musulmanas ocurre totalmente lo contrario. En el Islam, la atención no se centra en la teología, ni el misticismo, sino en los aspectos legales de la comunidad de fieles. Por ejemplo, mientras un religioso profesional en el cristianismo atiende por años a la escuela de teología, y un hindú acude al Ashram para meditar según la instrucciones de un gurú, sus contrapartes en el Islam atienden  a una madrasa, o sea, una escuela de leyes. Mientras los budistas destacan la calma y el desprendimiento de Buda, y los cristianos, el amor y el sacrificio de Cristo, el musulmán  destaca la virtud de la justicia, Mahoma siendo su perfecto ejemplo. En otras palabras, se podría decir que el Islam es una religión comparativamente mucho más legalista que las demás. En este particular, se asemeja más al judaísmo que al cristianismo o las religiones orientales como el budismo o el hinduismo.

De las civilizaciones islámicas han surgido grandes científicos, matemáticos, filósofos, literatos y artistas a lo largo de la historia. Hoy en día la humanidad toda se ha beneficiado enormemente de estos aportes. Por ejemplo, el alfabeto numérico que utilizamos en la actualidad en nuestras operaciones matemáticas es solo uno de estos importantes aportes.

En cuanto a la organización política, es fundamental conocer algo de la historia del imperio Otomano. El Imperio turco Otomano comenzó en el año 1299 y se extendió a través de  los siglos por el Sureste  Europeo, el Medio Oriente y el norte de África regido por la dinastía osmanlí. La ciudad hoy conocida como Estambul en la moderna Turquía  funcionó como su capital. En este imperio, el Islam jugó un rol principal. Acorde con la clásica teoría social y política islámica, la comunidad musulmán es una sola, dirigida por  una autoridad  religiosa y política única denominada califa. Tras la caída del Imperio  Otomano como resultado de la Primera Guerra Mundial, Ataturk abolió la figura del califa en el año 1924. Esto produjo una gran  crisis de liderazgo dentro del mundo musulmán. A partir de ese momento, la comunidad musulmana (ummah), que antes gozaba de unidad y coherencia, se encontró fragmentada en una serie de estados nacionales recién creados controlados por imperios europeos,  principalmente el británico y francés. Luego, después de la segunda guerra mundial, a medios del siglo XX, estos países recién creados comenzaron su  duro camino del colonialismo hacia la formación de estados nacionales modernos y democráticos después de haber vivido por siglos gobernados por regímenes autoritarios. Algo que no ha sido para nada fácil.

La modernidad ha sacudido a las sociedades tradicionales en todo el planeta. En los últimos cien años, las comunidades basadas en viejas costumbres se han visto forzadas a un difícil proceso de la occidentalización. En algunos casos, se ha logrado la adaptación, pero en otros casos ha sido mucho más tormentoso el proceso. Todas las religiones han sufrido con la modernidad. Los nuevos avances de la ciencia, la tecnología y el conocimiento han cuestionado férreamente muchos de sus principios; y el sistema democrático ha puesto en duda la legitimidad de los viejos sistemas. El mundo moderno es cada vez menos religioso. Y con esto, muchos ven su estilo de vida, su historia, su identidad y sus costumbres en peligro. Como resultado al miedo de perder su cultura, se han formado grupos que han recurrido al extremismo, e incluso a la violencia como una solución. Claro está que, por supuesto, estos pequeños grupos extremistas no representan a la gran mayoría que por lo general comparten posturas mucho más moderadas.

El terrorismo como arma política ha sido utilizado por muchos grupos radicales. En 1995, en la ciudad de Oklahoma en los Estados Unidos, Timothy McVeigh bombardeó un edificio gubernamental matando a 168 personas inocentes como venganza en contra del gobierno. Ese mismo año, en Japón, el líder de una secta budista Aum Shinrikyo atacó con gas sarín  el metro de Tokio dejando un saldo de más diez muertos y un centenar de heridos. Otros ataques terroristas han sido atribuidos a grupos con distintos fines,  de diversos cortes ideológicos y procedentes de todas las religiones, por ejemplo separatistas vascos, nacionalistas irlandeses, guerrilleros marxistas y agrupaciones racistas como el Ku Klux Klan, entre otros.

Francamente, el terrorismo como tal no se alimenta de la religión. En realidad, si analizamos el problema de fondo no está relacionado al Islam, al cristianismo, al judaísmo u otra religión en particular. Por lo general, los terroristas desconocen sus propias religiones. El terrorismo está relacionado con el aislamiento, la marginalización, la opresión, la miseria y la desesperanza de la juventud. La justicia, la igualdad, el progreso, la paz, la educación y la tolerancia son las verdaderas armas para luchar contra el terrorismo.

Gustavo Godoy

http://periodicoellibertario.blogspot.com.es/2015/11/el-islam-y-la-modernidad.html

Un comentario sobre “El Islam y la modernidad”

  1. no se puede ocultar que el terrorismo en muchas situaciones , esta motivado por ancronismos religiosos: en el caso musulman , hay evidencias de que lo hacen en nombfre de su profeta , legitimando la violencia.

    Francisco g

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