Fernando Tarrida, anarquista sin más adjetivos

El año 2011 se cumplió el 150 aniversario del nacimiento de Fernando Tarrida del Marmol. Una buena oportunidad, por supuesto, para hablar del anarquismo y de su historia. Tarrida nació en Cuba, hijo de ricos emigrantes de Sitges, estudió en Barcelona y en Toulouse. La obra coordinada por Miguel Íñiguez, Esbozo de una enciclopedia del anarquismo español, explica que fue republicano federal en sus años jóvenes, pero pronto se convertiría al anarquismo al conocer a Anselmo Lorenzo, del que se hizo íntimo amigo, y leer a Proudhon, Bakunin y Kropotkin siendo todavía muy joven. Terminó la carrera de ingeniero en Madrid, costeándosela él mismo gracias a dar clase particulares, ya que su familia no vio con buenos ojos su filiación a las ideas ácratas, para volver después a Barcelona y tener una intensa actividad militante dando numerosos mítines, siendo redactor de la publicación Acracia y asistiendo a diversos congresos. Dirigía la Academia Politécnica de Barcelona, cuando fue encarcelado en julio de 1896 después del suceso de Cambios Nuevos siendo liberado transcurrido un mes, escapó de España e inició una agitada campaña, especialmente en París, con Malato, Bélgica y Londres. En la capital inglesa es donde fija su residencia, y hay que destacar el gran mitin del 30 de mayo de 1897 dedicado al terror gubernamental, junto a diversas conferencias en el círculo anarquista de Charlotte.

Tarrida es conocido, especialmente, por su teoría del anarquismo sin adjetivos, aceptada de manera amplia en el movimiento; en 1890, en el periódico Anarquista francés La Révolte, que dirigía Jean Grave, se produjo una polémica, en la que unos propiciaban el mutualismo y otros el colectivismo; Tarrida envió una carta a La Révolte exponiendo cómo el movimiento español interpretaba el desarrollo y desenvolvimiento de una sociedad que llega al anarquismo: “pues no somos quienes para marcarles lo que han de hacer otros, ellos crearán a su mejor conveniencia la forma de organizar sus vidas”. Esta teoría fue expuesta en el Segundo Certamen Socialista, celebrado en Reus en 1889, en varios artículos de La Révolte y en diversos folletos; fue un ejemplo de superación eficaz de las confrontaciones en la difusión del ideal anarquista evitando todo dogma político, económico o religioso. En este enlace, de la sección Documentos de acracia.org, puede leerse el texto íntegro de este valioso documento.

Fernando Tarrida ha sido descrito como un hombre sencillo e inteligente, de ideas afines a las de Kropotkin, fue introductor en España del concepto de “el apoyo mutuo” antes de que se tradujera la obra del mismo título y tuvo la aspiración de dar fundamento racional y científico a las cuestiones sociales. La confianza de Tarrida en la ciencia para resolver los problemas sociales se muestra en la siguiente reflexión aparecida en La Revista Blanca en 1904 (publicación en la que Tarrida, después de su exilio en Londres, tendría una sección fija sobre cuestiones científicas):

“Cualquier matemático se reiría de aquel que pretendiera dar valores a una función algebraica (…). Y sin embargo esto es lo que hace todo legislador o inventor de dogmas políticos, económicos o sociales. Dictar una ley para la colectividad o función, con objeto de obtener que los individuos de dicha colectividad, esto es, las variables obren de tal o cual modo es, no sólo un acto tiránico, sino también una herejía matemática. Lo es igualmente al querer suprimir un mal social, función de una porción de variables, sin dar a esas variables los valores que reducirían a cero su función: por ejemplo, querer suprimir por medio de leyes, el robo, la usura o el asesinato, funciones inseparables de una porción de circunstancias variables que nadie ignora, sin modificar estas circunstancias.”

Tarrida, como buen anarquista, tuvo amplias preocupaciones sobre cualquier ámbito de desenvolvimiento humano. Combatió la moral religiosa y estoica, y alabó un vitalismo, una liberación de las pasiones humanas, visión tal vez influida por Stirner y Nietzsche, como garante del goce individual y de la armonía social, aunque no dejó de estar compensada por una fuerte convicción moral (en lo que puede ser un ejemplo, que algunos quieren ver como contradicción, pero puede denominarse mejor equilibrio o armonía de la propia moral anarquista asumiendo tendencias humanas aparentemente contradictorias).

Jose María Fernández Paniagua

Artículo publicado en el periódico anarquista Tierra y libertad núm.280 (Octubre de 2011)

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