Herbert Spencer (1820-1903)

Herbert Spencer fue un defensor acérrimo de la libertad individual y un feroz crítico del Estado, también uno de los intelectuales más influyentes del siglo XIX, especialmente en el mundo anglosajón. Su pensamiento puede ser visto como una crítica adelantada a lo que posteriormente sería el totalitarismo, la omnipotencia del Estado. En el famoso discurso de Kropotkin ante el tribunal de Lyon, refutando el habérsele atribuido ser el fundador de la anarquía, mencionó varios nombres que precedían el pensamiento libertario entre los que se encontraban el de Spencer.
Gran parte de su vida la dedicó Spencer a desarrollar su idea de una interpretación general de la realidad a base del principio de evolución. Para Spencer, la filosofía tiene como objeto el conocimiento de la evolución en todos los aspectos de la realidad dada, para nada equivalente a la realidad absoluta. Esa realidad dada consiste en la sucesión de los fenómenos, y la ciencia debe limitarse a lo relativo (lo positivo), ya que el absoluto resulta incognoscible. La evolución es la ley universal que rige todos los fenómenos en tanto que manifestaciones de lo incognoscible (algo que no es una realidad material o espiritual, simplemente es algo que resulta inconcebible y solo puede aludirse a ello como el fondo último de la realidad universal). Ciencia y filosofía deben entregarse al conocimiento de la evolución, dentro de una realidad no trascendente. Spencer sí habla de una realidad sometida una ley universal, la evolución, la cual proporciona los primeros principios del saber científico. La ley de la evolución queda definida de la siguiente manera: “la integración de la materia y la disipación concomitante del movimiento por la cual la materia pasa de una estado de homogeneidad indeterminada e incoherente a un estado de heterogeneidad determinada y coherente”.

Spencer aplicará su concepto de ley universal a todos los ámbitos de la realidad, especialmente a la biología, sicología y sociología. En la biología, hay una conexión con la teoría de Darwin, ya que la evolución se manifiesta en el proceso de adaptación de lo interno a lo interno, en la progresiva diferenciación de los seres vivos que conduce de la homogeneidad a la heterogeneidad, con la aparición de formas de vida cada vez más complejas y perfeccionadas. En la evolución no existe finalidad, todo equilibrio supone un punto de partida para una nueva desintegración, el universo al completo se encuentra sometido a un ritmo constante y eterno con permanentes cambios y toda disolución (que pueda parecer un supuesto final) no es más que un simple movimiento de compensación y equilibrio.
La sicología, la cual se dividiría en objetiva y subjetiva, posee una primera parte que trata de la adaptación de la conciencia (el aspecto interno) a los procesos fisiológicos (aspecto externo de la misma realidad); en una segunda parte, se examina la “ciencia subjetiva del espíritu”, ya que la sicología no analiza una realidad incognoscible, sino una serie de elementos primarios y hechos mentales cuya integración y desintegración están sometidas a la misma ley de evolución y permite comprender la formación de las facultades superiores (los conjuntos heterogéneos de los elementos primitivos). La evolución es también ley fundamental dentro de la sociología y de la ética. Dentro de estos ámbitos también se demostraría la progresiva adaptación del hombre al medio y la consecuente diferenciación de las funciones y capacidades en aras de una mejor adaptación a las necesidades del ambiente. Dentro de su visión evolutiva, Spencer desemboca en un individualismo político, que supone la mejor de las perfecciones de las reacciones humanas enfrentadas al entorno hasta llegar a la adecuación justa (la verdadera cualidad moral).

Spencer no admite la perfección absoluta, ya que ello supondría el final de la evolución y la destrucción de la conciencia humana, la cual adquiere sentido en el esfuerzo de adaptación al medio. La perfección individual dentro del pensamiento spenceriano solo cobra sentido dentro del perfeccionamiento de la sociedad; la moralidad humana es, en última instancia, una aspiración y un esfuerzo de servir a la colectividad. A pesar de ser considerado un pensador liberal, y no socialista, propuso alternativas a la competencia y al egoísmo empresarial con posiciones cercanas al apoyo mutuo de Kropotkin. Su idea del mutualismo puede quedar sintetizada en la siguiente frase: “La raíz de toda acción social bien entendida es el sentimiento de justicia apoyado en la libertad personal y el deseo de que los demás gocen de la misma libertad”. En la conocida definición que realizó Kropotkin de anarquismo para la Enciclopedida Británica, se menciona el nombre de Spencer, y el de su obra El individuo contra el Estado, como influyentes en el anarquismo individualista de Tucker y muestra de la influencia que ejercieron los grandes intelectuales de aquel tiempo sobre el anarquismo en general. No obstante, el autor de El apoyo mutuo no deja a un lado las críticas a la justificación de la violencia que realizaran Spencer y Tucker para obligar a los individuos a cumplir los acuerdos o so pretexto de defensa, algo que termina por abrir la reconstitución de todas las funciones del Estado.

Capi Vidal

http://reflexionesdesdeanarres.blogspot.com/2010/06/la-ley-de-la-evolucion-segun-spencer.html

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