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Sectarismo

Uno tiene la peculiar costumbre de leer y escuchar toda suerte de medios y foros de todo pelaje, lo cual me lleva a menuda a la perplejidad y, no pocas veces, al enervamiento. Así, en el mundo más escorado hacia la derecha es habitual que se aluda, con un tono que une de forma extraña lo pomposo con lo lastimero, al «sectarismo de izquierda«. Siendo consciente de que no merecería la pena gastar ni un ápice de tiempo o espacio en analizar el asunto, algo me lleva a escribir estas líneas. Primero, qué diablos quiere decirse con la palabra de marras. Cuando uno, pobre ingenuo, acude a la Rae descubre que el término no solo proviene de «secta», como cabría esperar, sino que adquiere un significado propio: Fanatismo e intransigencia en la defensa de una idea o una ideología. Ahora lo entiendo, obtuso de mí, se quiere decir que la izquierda es a menudo fanática e intransigente. ¡Hum, resulta cuanto menos peculiar que se asegure eso en este país llamado España! Es decir, que en países donde se hayan dado dictaduras comunistas, si aceptamos que eso es ser de izquierdas, se afirme que la «izquierda» es sectaria, bueno, supongo que podríamos entenderlo.

Pero estamos donde estamos y aquí hubo lo que hubo durante casi cuatro décadas, por lo que cabrean un poco esas acusaciones provenientes de una derecha de dudoso origen. Claro que, lo mismo, Franco era de izquierdas o incluso socialista; bromas aparte, al parecer hay un libro con ese título. Este país es así. Una vez escuché que, precisamente, en Rusia lo que se consideraba derecha eran, precisamente, los partidarios de volver al régimen soviético. Con todos los ánimos de generalizar demasiado, acompañado por el más elemental significado de las palabras y preñado de cierto maniqueísmo, entiendo que la persona de derechas es la que quiere conservar el orden actual, normalmente en nombre de valores tradicionales, y la de izquierdas, descontenta con el statu quo, lo que quiere es cambiar las cosas. Sí, ya advertí del maniqueísmo, sea lo que sea lo que signifique eso, pero no lo digo yo solo. Creo, con toda la subjetividad posible, que es bastante más complicado generalizar por la izquierda, al menos en este país, por lo que difícilmente podemos colocar sin más una etiqueta.

Yo mismo, según la esquemática definición anterior, soy inequívocamente un hombre de izquierdas. No debería hacer falta aclarar que poco, o más bien nada, tengo que ver con un Pedro Sánchez o un Pablo Iglesias; si tengo que aclarar el porqué, será un síntoma más del analfabetismo político imperante, que tanto promueven algunos por interés. Creo que por ahí puede ir los tiros. La derecha, ay la derecha de este país, de tradición repulsivamente autoritaria y tremendamente reaccionaria, nos da mucho juego para la crítica, el rechazo e incluso la burla, de ahí que se hable también de la «superioridad moral» de la izquierda. La derecha, con un pasado deleznable, que quieren obviar en el mejor de los casos, acudiendo a una tradición inexistente, arremete contra los otros, los presuntamente contrarios. Ya entiendo, arremeten contra el supuesto sectarismo ajeno tratando de negar su pasado, para definir el cual la dichosa palabra se queda corta. Sí, el liberalismo dirán algunos derechistas, pero esa ideología no debería ser necesariamente conservadora, de derechas, ni progresista, de izquierda, a no ser que nos circunscribamos a lo estrictamente económico, lo cual nos coloca en otro jardín considerable. Si el factor económico es determinante, no hablemos del político, es decir, el Estado. En fin, la próxima vez, insistiremos en el anarquismo. De momento, rechacemos los sectarismos, pero huyamos también de tantas distorsión, ignorancia y estulticia.

Juan Cáspar

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