En la Nada, el Todo

Le estuve llamando un par de semanas y ya me estaba oliendo mal el tema. Con un breve mensaje de güasap la mujer me responde ayer que «Juan ya no está entre nosotros, se ha ido». ¿Y cómo es posible, cuando hace apenas un mes estaba tan contento, recientemente jubilado, con una escueta pensión, y pensando hacer un viaje a Toledo –el primero de su vida– con su mujer? ¡Si hasta había dejado de fumar y respiraba mejor! Te queda un sentimiento de… ¿Desolación?

Cuando hace algunos millones de años el primer homínido adquirió conciencia, supongo que se estaría tirando de los pelos un rato, desesperado. O desesperada. Había pasado de comer, beber y joder, y si no se puede no me interesa, a comprender que existía y que tendría que morir. Debió de hacerse muchas preguntas.

Como en nuestra especie, «hay gente pa tó», los que tienen respuesta para cualquier cosa dieron rápidamente con la explicación. «La muerte no es el final, están los espíritus». El descubrimiento de los fantasmas cayó por su peso, y provenía de tres fuentes de inspiración: el mundo de los sueños, la experiencia de las drogas y la tortura. Uno sueña con su abuela muerta dándole órdenes. Una se toma una seta y vuela por los aires. Uno ayuna una semana al sol o se lee la Odisea en griego. Cosas así. 

En nuestra especie, tan adicta a vivir en rebaños, el líder de la banda se convirtió además en brujo, sacerdote, intérprete visionario… Tener un líder es muy cómodo. Llegas a una encrucijada, el cabecilla dice «por aquí, esta cueva es segura, el agua se puede beber», y acaba todo el mundo en la barriga de un oso, cayendo por los barrancos, envenenado y hundiéndose en las arenas movedizas del pantano glú glú glú. Así avanza el Progreso de la Humanidad.

En fin, como todos sabemos, las cosas religiosas se extendieron cada vez más y más, sobre todo en manos de los académicos y expertos en teología. De ellos salieron las cuatro grandes religiones que hoy asolan el planeta: budismo, hinduismo, cristianismo e islamismo. Aclaro que el judaísmo es una religión sumamente minoritaria, comparable, no sé, por ejemplo al satanismo. Todas ellas están asociadas a Estados espantosos (menos el satanismo) y todas son horribles. Las mayoritarias, y las minoritarias.

Las religiones tienen dos vertientes. Una es la de la gente corriente, que se conforma con creer en cuatro consignas y rezar a los fantasmas para que les den empleo, amor, o encuentren las llaves de la casa. Otra es la de los teólogos, que complican más y más la religión para oscurecerla, y así, ante cualquier valoración que hagas de sus creencias, te pueden responder «no, no lo entiendes». 

Me pasa mucho con el tema del Karma y el budismo. Personas formadas en la tradición racionalista, a las que el cristianismo les apesta, en lugar de tomar una displicente postura atea, de alguna manera interpretan a su gusto esa película sin sentido venida de Asia de la mano de exploradores británicos y de monjes itinerantes, y te dicen que «no lo entiendes, tienes que meditar». Claro, es que esas cosas no las entiende ni el cabrón (normalmente un misógino) que las escribió. Pongamos –por ejemplo– el budismo zen, que te dice que nada existe (en resumen, si quieres puedes leerte mil libros con mil litros de vino). ¿Lo he entendido? Pues no al parecer. Para entenderlo tienes que tener un gurú, que se pase el día mirando las musarañas, servido por los acólitos en lo alto la montaña. Y si algún discípulo le pregunta algo inapropiado, el maestro se levanta, le maja a hostias, y en ese momento el monje recibe la iluminación. En serio, que es así, que yo lo he leído. Pero, claro, todo es ilusión.

Porque lo que está clarísimo, para mí, es que no existe ni karma, ni otra vida, ni Cristo, ni Shiva, ni después de esto. Y si alguien piensa el disparate de que tras su muerte va a pervivir de alguna manera, o que esas metáforas le acercan a la física cuántica, o que esas interpretaciones místicas tienen algún sustento, o que existen los viajes en el tiempo, le sugiero que se pegue un fuerte golpe tirándose a una piscina vacía, o que se electrocute un poco, y entre en coma, que cuando despierte –si tiene suerte–, no se va a acordar de ni de quién carajos es. 

En la Nada, el Todo. Comerlo, beberlo o joderlo. Y si no, no me interesa. Fin.

Acratosaurio rex
https://www.alasbarricadas.org/noticias/node/54152

3 comentarios sobre “En la Nada, el Todo”

  1. Joder!! Es que eres muy simple, no entiendes nada.. pero simple simple, y nada nada. De todas formas.. aupa tu revolución, y suerte!!

  2. A mí ahora mismo se me va a entender en sánscrito pero bueno:

    Las religiones hablan de Amor al prójimo, no de odio. Si tú enarbolas una religión, hablarás de Amor, no predicarás el odio.

    Vengo de un bar de temática samurái, a mí no me van a robar esas ideas; y hoy estaba hasta el cura allí.

    Si no queréis comprender que eso es inclusivo, ¿qué es la inclusividad?

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