HILDEGART AURORA RODRÍGUEZ

La (increíble) historia de Hildegart Rodríguez

Resulta, efectivamente increíble la historia de Hildegart Rodríguez (pseudónimo de Carmen Rodríguez Carballeira), pero hay veces que la realidad supera a la ficción y esto ocurrió en este país que llamamos España; un ser vivo concebido para moldearlo con un objetivo concreto. Hildegart nació en Madrid en diciembre de 1914; su madre, Aurora, decidió desde el momento de su concepción que Hildegart sería un modelo para la transformación radical de la sociedad, para la revolución sexual, la liberación del proletariado y, paradójicamente, para la emancipación de la mujer.

Y, desde luego, los avanzados métodos de aprendizaje de Aurora, funcionaron; Hildegart fue desde temprana edad una auténtica niña prodigio: con apenas 8 años, dominaba ya varios idiomas y con 14 accede ya a la universidad para estudiar Derecho, acabó por tener tres carreras, por ejercer de periodista y escritora, con infinidad de artículos y libros, y por impartir conferencias siendo todavía adolescente. Hay que decir que el sistema educativo de Aurora Rodríguez ya parecía haber funcionado antes, cuando lo empleó con su sobrino, que aprendió precozmente a tocar el piano con gran habilidad y acabó conviitiéndose en el reconocido músico conocido como Pepito Arriola.

Pero, vayamos con Hildegart Rodríguez y con su pensamiento y actividad políticos, que comenzará en 1928 con la edad de 13 años al acabar el Bachillerato; hay que decir que si apostó en ese momento por el socialismo, fue por influencia de diversos profesores universitarios y por encontrarse la CNT, el sindicato anarquista, en la clandestinidad durante la Dictadura de Primo de Rivera; su madre Aurora era al parecer más partidaria de que su hija se incorporara al anarquismo, pero respetó su decisión esperando que su propia evolución la llevara hacia el movimiento libertario. Hildegart ingresó en la Juventud Socialista y en la UGT, sindicato afín al partido.

Cuando en abril de 1931 llegó a España la II República, se abrió un periodo esperanzador que empujó a un horizonte mayor para una transformación social y económica de un país profundamente atrasado; en el nuevo régimen, convivieron diferentes sectores políticos, pero la frustración de las expectativas revolucionarios de los más avanzados, entre los que se encontraba el movimiento anarquista, no tardarían en llegar. Un periódico madrileño, La Tierra, será uno de los portavoces de esos sectores radicales, bien abiertamente libertarios (con la CNT como principal referente), bien de un republicanismo revolucionario crítico con el desarrollo de unos acontecimientos, que parecían quedarse en el maquillaje de un mero cambio político sin revolución social.

Hildegart Rodríguez, en 1932, estará ya fuera del Partido Socialista, descontentos sus líderes con su pensamiento revolucionario; aunque recibió bien a la República, pronto considerá que la política del partido no coincidirá en absoluto con su pensamiento transformador. Hildegart, ya fuera de las filas socialistas, se convertirá en columnista de La Tierra y escribirá numerosos artículos compartiendo la crítica antes mencionada a la tibieza de la República, y al propio socialismo, y apostando por la revolución social.

Se dice que otra de las razones de la baja de Hildegart del Partido Socialista fue la política de Largo Caballero, ministro de Trabajo, beneficiosa para el sindicato afín, la UGT, con la marginación de la CNT y su principal línea de acción directa. Hildegart apostaba también por un frente sindical unido (algo que se llevaría a la práctica años más tarde) y consideró, incluso, que la política represiva del gobierno republicano era una continuidad del régimen anterior con la formación de una nueva fuerza de orden: la famosa Guardia de Asalto. Ese frente único, formado por la UGT y la CNT, encarnaría para Hildegart la síntesis de las tendencias obreristas garantizando su independencia de cualquier partido, prescindiendo de dirigentes y luchando en diversos ámbitos por la revolución social.

Hay que decir que Hildegart, aunque muy crítica con Marx (le acusaba de haber copiado la mayor parte de su pensamiento de los socialistas utópicos), se consideraba marxista sin partido; a pesar de ello, creía que la futura revolución en España no seguiría la línea doctrina del Marx, ya que pensaba que se había mostrado ya errónea. Se ha dicho que el pensamiento de Hildegart podía encontrarse a medio camino entre el socialismo revolucionario y el anarquismo con la militancia en el Partido Democrático Republicano Federal, dirigido por Eduardo Barriobero con cierta afinidad con sectores anarcosindicalistas.

Aurora Rodríguez, madre de Hildegart, profesaba un anarquismo de corte individualista y de ahí puede derivarse las simpatías de la hija hacia el campo libertario. Aunque la, digamos, ortodoxia anarquista podía rechazar la militancia de Hildegart en un partido político, ella consideraba que la revolución sería interclasista; también, hay que recordar que Eduardo Barriobero, dirigente de dicho partido, tenía también la militancia cenetista. La propia Hildegart explicó en un artículo que el PRDF donde militaba no era un un partido burgués, ni tampoco exclusivamente obrerista; de alguna manera, criticaba así la imposición de una clase sobre otra, aunque hay que decir que apostaba sin duda por la lucha de clases como factor histórico, así como por la final desaparición del Estado (lo que acercaría el marxismo al anarquismo).

Una de los factores que atraían en Hildegart al anarquismo era su afán por educar a la clase trabajadora repartiendo elogios a las publicaciones tan valiosas de los libertarios. Otra táctica viable para Hildegart era la acción directa, que colocaba en el lado opuesto a las leyes sociales promovidas por el Partido Socialista. Hay que decir, no obstante, que Hildegart nunca se consideró totalmente anarquista, ya que no desdeñaba la táctica parlamentaria, por ejemplo, siempre que tuvieran fines verdaderamente revolucionarios; a pesar de ello, creemos que puede decirse que se encontraba más cerca de la CNT, por considerarla la organización que el país necesitaba para una transformación social radical, para administrar las fábricas y la tierra de manera más efectiva que el Estado.

El individualismo libertario tuvo también una obvia influencia en Hildegart preservando así la libertad de pensamiento y acción de cada uno en la sociedad; una forma de preservar las mejores cualidades de cada individuo para aportar al grupo. Apostaba, como no podía ser de otra manera, por la solidaridad, pero más originada en lo biológico que en lo social, y era una decidida partidaria de la reforma de carácter sexual. Particularmente, creo que hablamos de una figura importante y original en el contexto de la II República española, tratando de sintetizar socialismo, anarquismo y republicanismo federal dentro de una estrategia decididamente revolucionaria. Desgraciadamente, el final de Hildegart Rodríguez fue trágico, muerta por su propia madre, una persona supuestamente libertaria, pero finalmente despótica y asesina, que le había dado la vida para tratar de moldearla a su gusto.

Aurora consideró que diversos factores trataban de apartar a su hija de su lado; entre ellos, un posible enamoramiento de un joven abogado y un supuesto complot internacional para que Hildegart abandonara España. Además, si como padre de su hija Aurora eligió a un tipo sano y supuestamente sin vicios, más tarde descubrió que no era así y llevaba una vida disoluta, por lo que creyó que su hija podía seguir finalmente el mismo camino; esta visión era parte de sus teorías eugenésicas, según las cuales debían procrear individuos sanos.

Con tan solo 18 años, en junio de 1933, Hildegart Rodríguez fue asesinada por su propia madre. Aurora Rodríguez se entregó voluntariamente a la polícia para ser juzgada y condenada a 26 años de cárcel; siempre defendió que no fue presa de ninguna locura, algo que originó todo un debate en la época entre psiquiatras. Por ejemplo, el muy reaccionario Vallejo-Nágera consideró que se trataba de un ejemplo de que las ideas progresistas conducían al crimen, algo a todas luces descabellado. Cuando en julio de 1936 se produce la insurrección militar, paralelamente estalla la revolución social y los milicianos abren las puertas de las cárceles, Aurora se encontró en libertad; aunque se pensaba que murió en la guerra, tiempo después se sabría que murió de cáncer en los años 50 en el centro psiquiátrico de Ciempozuelos.

Mucho se ha escrito sobre este caso. Eduardo Guzmán, periodista libertario de enorme interés (recomiendo fervorosamente sus tres libros de memorias), también fue redactor de La Tierra, había seguido el caso en su momento tratando, tanto a la madre, como a Hildegart; escribió en 1973 Aurora de sangre, que se estructura a través de las conversaciones que tuvo con Aurora Rodríguez en la Cárcel de Mujeres de Madrid. En este libro se basa la conocida película de 1977, escrita por Rafael Azcona y dirigida Fernando Fernán Gómez, Mi hija Hildegart, que no resulta una obra redonda en mi opinión, pero sí de gran interés. Para profundizar en el pensamiento político de esta mujer, desgraciadamente desaparecida muy joven, recomiendo el artículo “El pensamiento político de Hildegart Rodríguez”, en Germinal. Revista de Estudios Libertarios.

Capi Vidal