PAPA LEON XIV

Papa-natismo a rabiar

o del paso por del jefe supremo, de esa institución arcaica, que llaman Iglesia Católica, Apostólica y Romana, por este inefable Reino de España (parejo en cuanto a arcaísmo) es para seguir sorprendiéndose del género humano. Sorprendiéndose y, dejen de leer todos aquellos con la piel muy fina, sumirse en la vergüenza ajena más lamentable. Y no me refiero, que también, a la lamentable sumisión de los poderes públicos dentro de un Estado aconfesional (por otra parte, una especie de oxímoron). Lo más preocupante es, lo habréis adivinado los lectores más avispados de este lúcido blog, el patético papanatismo del personal convertido en masa acrítica y sujeta a una preocupante enajenación eufórica, que deja a un lado los sangrantes problemas del mundo que vivimos, para escuchar a un supuesto líder espiritual, que sencillamente apuntala el statu quo. No debe ser casualidad que el epíteto que tanto me gusta usar a modo crítico se construya etimológicamente con el término papa (perdón por el chiste fácil). Para los ofendidos, recordaremos el significado de papanatas: “Persona simple y crédula o demasiado cándida y fácil de engañar”. Si a eso le añadimos la obediencia debida que reclama una institución reaccionaria y jerarquizada como la eclesiástica, puede que debamos dejar nuestras creencias y susceptibilidades a un lado para empezar a reflexionar un poquito si es que queremos rendir tributo a nuestra condición como especie supuestamente sapiens. En no demasiados años, hemos pasado de un sumo pontífice acusado poco menos que de nazi, aquel Joseph Razinger (Benedicto no sé cuántos) que provocó ciertas manifestaciones en contra, luego a un Jorge Mario Bergoglio (de nombre artístico Francisco), este ya con un talante progre y, ahora, a un tipo creo que estadounidense de origen, que se hace llamar León Catorce. Creo que este fulano, que para algunos representa una continuación del talante progresista del anterior (sin que sepamos muy bien qué diablos quiere decir esto) ha estado cosa de una semana en tierras ibéricas y se le ha prestado suma atención a todas y cada una de las palabras que han salido de su sacra cavidad oral.

Que si ahora nos dice que hay que ser amables con los migrantes, que si después nos lee, de forma coherente, la cartilla reaccionaria de supuesto respeto a la vida abominando del aborto y la eutanasia. Por supuesto, la práctica totalidad de la clase política y mediática embobada con los discursos junto a cierta masa enfervorecida, hoy por el tipo que está en la cúspide de una institución anacrónica, mañana tal vez por algún ídolo musical o deportivo. El caso es no pensar por uno mismo, crea uno en sandeces sobrenaturales o quizá sin que haga falta. Claro, ante mi feroz estilo literario, que algunos llamarán sin duda ofensivo, se argumentará lo de siempre, que un respeto a todos aquellos que desean seguir ciegamente a cierto líder espiritual que, para sonrojo de todo aquel con buena oxigenación cerebral, asegura estar en contacto con un ser ficticio nada menos que todopoderoso. Mi enérgica (y brillante) crítica no va contra un determinado tipo al frente de una jefatura, sea cual sea su disposición personal, sino contra la propia institución, en este caso abiertamente dogmática y retrógrada, la cual promueve la docilidad y la obediencia más lamentables para continuar las cosas más o menos como están. Y esto lo sostengo de manera firme, aunque exista infinidad de personas que pretendan afirmar lo contrario, uno confía de esta manera en su propia capacidad individual no sujeta a la tiranía mayoritaria del número. Los que invocan respeto y libertad de creencia (y, de entrada, no puedo estar más de acuerdo), tal vez, deberían reflexionar un poquito para esclarecer quiénes son, auténticamente, los que acaban, aunque se haga de manera más o menos sutil aludiendo a la historia y sabiendo el lugar institucional que ocupan, esclavizando las conciencias. La Iglesia Católica, como el propio Cristianismo (o como el propio monoteísmo o como la misma creencia religiosa), para bien o en gran parte para mal, efectivamente, forman parte de la historia de esta especie peculiar que somos.

La cuestión es, bien entrado el tercer milenio de eso que llaman “nuestra era”, no si tal o cual religión es mejor o peor (o más ridículo, cuál de ellas es la verdadera), sino si la propia creencia religiosa, plagadas todas ellas de dogmas que atentan a la razón y a esa cosa hoy tan cuestionable que es el progreso, es necesaria. No necesitamos arrodillarnos ante líderes religiosos, sea un papa, el imán de turno, el dalái lama o el sursum corda, necesitamos confiar en valores sólidos promovidos por una convivencia solidaria y un conocimiento amplio. Después, que cada uno crea lo que le venga en gana, sea algo llamado dios (o quizá energía, ¡mejor todavía!, o cualquier otro nombre para una cuestionable abstracción). Una cosita más para acabar, relacionada con la visita papal, y es que los astutos realizadores de la estimable película La Luz aprovecharon hace unos días para estrenarla. Resultaba peculiar observar las calles de Madrid, adornadas con interminables retratos del tal León Catorce, al lado de algún que otro cartel de un film sobre un cura pederasta. La historia nos introduce en un miembro del clero que tiempo atrás abusó sexualmente de varios alumnos suyos de corta edad, hechos como es habitual ocultados por la jerarquía eclesiástica, mientras que en la actualidad el pasado vuelve en forma de denuncia. Eso provoca, al menos aparentemente, un reconocimiento público del sacerdote y un deseo de que la propia Iglesia asuma la realidad de infinidad de casos de curas violadores. La película ha causado cierto revuelo, y no tanto por los defensores de una institución retrógrada, dogmática, misógina y homófoba, sino por los que sostienen que no existe en la vida real alguien como el sacerdote protagonista. Alguien que reconozca abiertamente sus propios crímenes y denuncie a la Iglesia como encubridora. Y es que, además de todas las críticas ya expuestas, lo mismo hablamos también de una organización de lo más terrenal, hipócrita y corrupta.

Juan Cáspar
https://exabruptospoliticos.wordpress.com/2026/06/14/papa-natismo-a-rabiar/

Deja un comentario