rapia alternativa (también denominada, abiertamente, pseudociencia). Alguien acusará al Gobierno de autoritario e intervencionista, pero yo le daría la vuelta al razonamiento y me preguntaría qué diablos hacen tantos productos a la venta asegurando que pueden sanar dolencia alguna. El caso de la homeopatía no es, tal vez, el más disparatado entre la pléyade de pseudociencias que sufrimos, ya que al menos ofrece una hipótesis sobre la sanación de marras basada en los siguientes aspectos: que lo mismo que te enferma, te sana; que la dosis que hay que administrar debe reducirse a través de reiteradas diluciones a un nivel infinitesimal (lo cual lleva a que el supuesto principio activo sea prácticamente inexistente), y que el tratamiento debe ser particular en cada persona (lo cual siempre he visto como abiertamente contradictorio, precisamente, con tanto medicamento homeopático comercial). He conocido a bastante personas, incluso para mi sorpresa en ciertos ámbitos vamos a llamarles librepensadores, que consumían estos remedios reducidos hasta casi la nada e incluso a algún que otro terapeuta (¡ay, ay!). El que subscribe, para bien y para mal, no suele tener filtros y solía torcer al morro al escuchar según qué teorías, debido a lo cual no tardaban en surgir las acusaciones de poco menos que ignorancia y de cerrazón de mente, entre otras lindezas. Uno que ha recorrido bastante mundo, y tratado a todo tipo de gente con toda suerte de creencias, ha dado con practicantes de la más variadas terapias o como las queramos llamar, ya que la frontera con lo místico y sobrenatural resulta en ocasiones inapreciable.
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