Agitadores (de extrema derecha) nada cómicos

Uno se pregunta, si fuera una figura mediática de altura (solo lo soy a nivel moral e intelectual, lo cual se contradice con ser excesivamente mediático), cómo actuaría en el caso de venir cretinos como los tales Vito Quiles o Bertrand Ndongo a ponerse delante de mis narices con sus cantinelas solo aptas para consumo de descerebrados. Por lo que he visto, está el «estilo enfurecerse y arrebatarles el micrófono» (lo cual creo que supone entrar en su juego, aunque resulta tentador y no solo eso), el de victimizarse hasta el exceso (incluso, pidiendo ayuda policial) o sencillamente vacilarles de modo ingenioso tratando de tomarles el pelo (lo cual requiere, he de reconocerlo, una contención de ánimo y una energía algo superlativas). Aunque, ya digo, creo que solo en un universo alternativo, podría yo ser objetivo de tales tipejos, creo que trataría sin más de ignorarles (lo sé, es complicado, ya que su acoso llega hasta el contacto físico tratando de que más tarde o más temprano estalles para hacer ver que el violento eres tú, lo cual puede que me importara finalmente un bledo). Como es sabido, el acoso de dichos pseudoperiodistas solo se produce a políticos o ciertas figuras (esas sí, muy mediáticas), digamos, «de izquierdas», lo cual ha supuesto de modo lógico que se les encuadre dentro de la órbita de la derecha y la ultraderecha (tremendamente parecidas en este inefable Reino de España). Debido a esto, los calificativos habituales que han recibido han sido de, claro, ultraderechistas, pero también de fascistas, nazis y, de modo cada vez más reiterado, de escuadristas. Para los que no lo sepan, el squadrismo (claro, en italiano) hace referencia a bandas violentas, integradas por tipos de diverso pelaje, que en la época del fascismo llevaban a cabo toda suerte de salvajadas hacia figuras (de izquierda, por supuesto). Para mí, además de algo pedante, es un error insistir en el hastío en según que apelativos, desconocidos o indiferentes hacia gran parte del vulgo. Pero, y quizá soy yo ahora que el que se pone algo pedante, tampoco creo que ayude en nada utilizar de modo alternativo los apelativos fascista y nazi, no sé muy bien si con la intención de señalar a lo que es la maldad con mayúsculas y que nosotros, sus víctimas, somos los buenos. Primero, me adelantaré a superficiales críticas (izquierdistas, en este caso, me temo) para decir que toda mi argumentación posterior no supone negar, ni el peligro (más que mera molestia) que suponen estos fulanos, ni justificar un ápice de sus muy repulsivas e interesadas acciones.

Calificarles de fascistas o nazis es una muestra de esta polarización excesivamente idiota que sufrimos; no es solo que no lo sean, al menos no en términos políticos estrictos, sino que hacerlo pienso de manera algo lúcida que ayuda sobremanera a justificar según qué cosas para equiparar bandos. Además, pienso que el uso hasta el hastío de escuadristas no es más que una exacerbación de lo anterior, hecha ex profeso por aquellos que quiere insistir en dicha polarización izquierda/derecha y la cosa tiene demasiados matices. Podemos apostar lo que el gran público pueda reflexionar al escuchar lo de escuadrismo, ya digo yo que el más proclive a la izquierda puede que poco, más allá de reafirmarse en sus creencias, mientras que el más seducido por la derecha más bien nada. Mucho más interesante y útil, que el hecho simplista de usar etiquetas excesivas, es señalar e insistir en cómo esas figuras deleznables (Quiles y Ndongo, de modo más estridente, pero también otros medios aparentemente algo más «periodísticos») están al servicio crematístico de lo más reaccionario del país. Antes dije que la derecha y la ultraderecha de este indescriptible Reino de España son muy parecidas, por lo que busquemos quién riega de dinero a según qué publicaciones; llegamos al punto de que Vox, ahora con sus luchas internas, y lo más granado (y repulsivo) de Partido Popular se confunden ya sin el menos asomo de disimulo, ni vergüenza. Se me dirá que en la otra órbita, la progre o izquierdista o no se muy bien ya qué, ocurre algo similar; claro, gran parte de esos medios, de forma más o menos obvia para quien quiera verlo, están sujetos a sus propios intereses, reservando información y criticando a unos más que otros, de acuerdo, pero no creo que la cosa llegue hasta extremos grotescos e inaceptables favoreciendo la actitud del público más asilvestrado (y no es que se necesite mucho, dado el nivel de estulticia actual). Hay quien, de manera incluso a estas alturas sorprendente para el que suscribe (que se asombra ya de pocas cosas en este bendito país), quiere justificar a un Vito Quiles afirmando que lo mismo hicieron Wyoming y compañía en aquel programa tan divertido denominado Caiga quien caiga (que creo que era la adaptación de un formato argentino). Me parece que hay que ser muy estólido, o de nuevo muy interesado, para comparar cosas que poco o más bien nada tienen que ver.

Primero, porque aquello era un programa claramente humorístico, te gustara más o menos, que repasaba la actualidad semanal con dicha clave asistiendo a ciertos eventos (claro, de forma algo provocativa, pero qué es el humor sin algo de provocación). Cierto es que, y esto ya es una brillante opinión personal, que el éxito temporal de Caiga quien caiga se debió, no solo a su ingenio, también a que su primera etapa se produjo cuando gobernaba este indescriptible Reino de España una derecha donde proliferaban figuras esperpénticas que daban mucho juego (léase Esperanza Aguirre o el propio presidente Aznar); los más inteligentes, dentro de la esfera política del momento (no creo que fueran muchos), lo entendían y se libraban bien de quedar en evidencia. De hecho, temporadas posteriores de dicho programa creo que ya no funcionaron, no sé muy bien si por no ser ya el equipo original o por estar ya en otra época distinta, ya que mi interés por la caja tonta fue disminuyendo notablemente. ¿Sería lícito una especie de Caiga quien caiga de derechas? Por supuesto, y creo que en ese horror llamado Intereconomía (hoy llamado Toro.TV, con denominaciones paulatinamente más ridículas), algún intento hubo con resultados horrendos. Y es que esta gente, conservadora o reaccionaria, suele tener muy poquito sentido del humor. Por cierto, a mi oxigenada cabeza me viene cierto recuerdo sobre el programa de Wyoming y es que este hombre, en su programa, realizaba un sketch donde repasaba la actualidad política interpretando a un facha de manual; pues bien, recuerdo que varias personas me dijeron que, al parecer, había cierto vulgo que pensaba que aquello iba en serio y que mucha razón tenía Wyoming travestido en facha caricaturesco. Hoy, no debería sorprender tanto que un personaje «tan simpático» como Torrente sea aclamado por la derecha más cavernícola y por un público carente de la mínima capacidad intelectual. En cualquier caso, Vito Quiles, Bertrand Ndongo y otros, nada tienen de cómicos, ni de intención humorística, siendo meros peones políticos al servicio de cierta esfera política. Es posible que sean los actores más repulsivos de un circo político esperpéntico donde, a diestra y siniestra, demasiados entran en juego; no obstante, creo que lo he dejado claro negro sobre blanco, muy injusto me parece equiparar sin más. Y es que, polarizaciones descerebradas aparte, a un lado de la barricada nos obligan a veces a estar (eso sí, protestando siempre ante ciertos elementos que supuestamente nos acompañan). Como brillante broche final, un apunte sobre la posibilidad de un programa audiovisual (un Caiga quien caiga actualizado a los nuevos tiempos), no crítico especialmente con ciertos gobiernos estrafalarios, sino con todo forma de poder (ya sea azul o rojo, cuyo grado de iniquidad no siempre es fácil de detectar). Echaremos manos de nuestro ingenio más ácrata (y con cierta dosis de nihilismo).

Juan Cáspar
https://exabruptospoliticos.wordpress.com/2026/04/04/agitadores-de-extrema-derecha-nada-comicos/

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