Frank Fernández (1932–2026). Historiador del anarquismo cubano, militante libertario e intelectual en el exilio

Daniel Pinós

Francisco Fernández, conocido en círculos activistas e intelectuales como Frank Fernández, falleció en Miami, Florida, el 18 de enero de 2026, a la edad de 92 años, por complicaciones infecciosas tras su hospitalización en cuidados intensivos. Su fallecimiento marca una pérdida importante para la historiografía del anarquismo cubano y, en general, para la historia social y política del Caribe.

Recibimos a Frank en mayo de 2004 en la Maison de l’Amérique Latine de París para la presentación de El anarquismo en Cuba, publicado por la CNT en la región parisina. Recuerdo un momento intenso, marcado tanto por la fuerza de sus palabras como por la hostilidad de un puñado de militantes del Partido Comunista de Chile, incapaces de aceptar las críticas que el libro dirigía contra la revolución castrista.

En abril de 2015, en Santiago de los Caballeros, República Dominicana, me reencontré con Frank en el congreso fundacional de la Federación Anarquista del Caribe y Centroamérica, al que asistía como delegado de la IFA. Este reencuentro, años después y en otro país, selló para mí la continuidad de su compromiso y nuestra amistad.

Historiador autodidacta, activista libertario e intelectual en el exilio, Frank Fernández dedicó la mayor parte de su vida a la reconstrucción crítica de la historia del movimiento anarquista en Cuba, en particular entre finales del siglo XIX y la primera mitad del XX. Su obra se opone explícitamente a la historiografía oficial, ya sea liberal, nacionalista o marxista-leninista. Rechazando cualquier pretensión de neutralidad académica abstracta, concibió la escritura histórica como un campo de batalla, un espacio de confrontación política y memorial.

La originalidad de su contribución reside en su método y su postura epistemológica. Frank Fernández nunca se limitó a recopilar fuentes secundarias ni a reproducir narrativas establecidas. Su obra se basó en una lectura minuciosa de la prensa anarquista cubana publicada desde la época colonial, en archivos sindicales a menudo olvidados y en la reconstrucción de experiencias militantes borradas por la represión, el exilio o la marginación política. Prestó especial atención a las trayectorias de trabajadores anónimos, mujeres anarquistas, intelectuales comprometidos, tipógrafos, lectores de fábricas de tabaco, ateneos populares y las formas de organización no jerárquicas que moldearon el movimiento libertario cubano.

Esta perspectiva se sintetiza en su obra principal, El anarquismo en Cuba (2000), traducida a varios idiomas, que sigue siendo una referencia esencial para cualquier estudio serio del movimiento obrero cubano. En ella, Fernández demuestra que el anarquismo no fue un fenómeno marginal ni un mero precursor ideológico, sino un actor central en las luchas sociales, laborales y culturales de la isla. Desafía directamente las narrativas teleológicas que subordinan la historia del trabajo al advenimiento del Estado-nación o a la victoria del socialismo autoritario.

Su otra obra importante, La Sangre de Santa Águeda (1994), ilustra su interés por los acontecimientos traumáticos y la violencia estatal, analizados no como episodios aislados, sino como momentos reveladores de las dinámicas de poder social y político. Además de estas obras, publicó numerosos artículos en la revista Guángara Libertaria, así como en diversas publicaciones libertarias en español e inglés, que constituyen un corpus esencial para el estudio del anarquismo cubano en el exilio.

Paralelamente a su labor historiográfica, Frank Fernández fue miembro activo del Movimiento Libertario Cubano en el Exilio (MLC-E). Participó en la fundación y gestión de Guángara Libertaria entre 1979 y 1992, revista que desempeñó un papel central en la reestructuración de las redes anarquistas cubanas fuera de la isla. Esta actividad se desarrolló en un contexto particularmente hostil, marcado por el predominio de corrientes políticas conservadoras y anticomunistas en Miami, así como por presiones y amenazas provenientes tanto del exilio como del Estado cubano. Sin embargo, Fernández se mantuvo fiel a una postura libertaria inflexible, rechazando tanto el autoritarismo estatal como los compromisos ideológicos dictados por el oportunismo político.

A nivel intelectual, Frank Fernández abogó por una historia libre de figuras heroicas y narrativas épicas, centrada en las prácticas sociales, las subjetividades subalternas y las formas concretas de emancipación. Insistió en la necesidad de escribir la historia «desde abajo», atento a las dinámicas de poder dentro de los propios movimientos revolucionarios, en particular en lo que respecta a las relaciones de género y las formas informales de poder.

La contribución de Frank Fernández no se limita a un conjunto de textos. También reside en un imperativo metodológico y ético: considerar la historia como una herramienta viva, destinada a nutrir las luchas presentes en lugar de santificar el pasado. En este sentido, su obra permanece abierta, invitando al debate, a la exploración y, en ocasiones, a la crítica, en consonancia con el espíritu libertario que lo animó.

El fallecimiento de Frank Fernández deja un considerable legado historiográfico y una clara invitación a los investigadores: a continuar la exploración crítica de la historia social cubana sin sucumbir a las narrativas hegemónicas, y a reconocer plenamente el papel de las tradiciones libertarias en la formación de los movimientos de emancipación en la isla de Cuba y en su diáspora.

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