KAFKA ANARQUISMO LITERATURA

Kafka, su interés por el anarquismo y la perspectiva antiautoritaria de su obra

Como se ha señalado en otras ocasiones, no debería ya haber ninguna duda de la simpatía del gran escritor Franz Kafka hacia el anarquismo, como demuestra su cercanía a los círculo ácratas de Praga. En no pocas ocasiones, diversos autores y biógrafos han puesto en cuestión esa relación, e incluso han realizado cierto esfuerzo para desmontarla, pero tal y como señala Costa Despiniadis en su reciente libro Kafka. El anatomista del poder, dicho empeño parece más bien confirmar la relación en lugar de desmentirla1. Aunque, demasiado a menudo, la comprensión de la obra del escritor checo no se ha realizado desde esa perspectiva libertaria, incluso negándole en ocasiones una lectura política, el hacerlo de esta manera tan amplia le confiere una mayor riqueza en todos los sentidos. Es al empezar Kafka su trabajo en la Caja de Seguros para Obreros, en Praga, cuando comienzan sus contactos libertarios en la ciudad. Diversos testimonios aseguran que el escritor mostraba un gran interés por los temas tratados en aquellas reuniones, aunque no se recuerde que tomara la palabra ni participara en debate alguno.

Acudió a bastantes actos, al igual que otros escritores checos, de un grupo ácrata en Praga llamado Club de la Juventud, que fue desmantelado por la policía con la excusa de que en él se difundían ideas antimilitaristas y subversivas. Entre los diversos actos a los que acudió Kafka, se encuentra un manifestación en protesta por la pena capital impuesta en España al pedagogo anarquista Francisco Ferrer Guardia2, disuelta por la policía, una fiesta que conmemoraba la Comuna de París, diversas acciones en contra de la guerra u otra manifestación en protesta por la sentencia de muerte al anarquista Liabeuf en París. Esta última, también acabó disuelta violentamente por la policía y se produjeron diveras detenciones, entre ellas la del propio Kafka. Jaroslav Hasek, autor de la gran novela satírica antimilitarista Las aventuras del buen soldado Svejk, confirmó también que Kafka había dado apoyo económico en varias ocasiones a anarquistas perseguidos.

Kafka era también lector asiduo, aunque a menudo se haya silenciado, de libros explícitamente anarquistas o cercanos a las ideas, como los de Godwin, Stirner, Bakunin, Kropotkin o Emma Goldman, entre otros, al mismo tiempo que era gran aficionado a la obra de Tolstói y mostraba una evidente simpatía por los trabajadores explotados y oprimidos. Otro ejemplo de las inquietudes emancipadoras del escritor checo estriba en otro texto desconocido, mencionado en el libro de Costas Despiniadis; se trata de un esbozo llamado “Hermandad de obreros sin propiedad”, que recoge la tradición de la literatura utópica, donde aboga por un trabajo limitado, la comunidad de bienes y el esfuerzo por ayudar a los más débiles. Esta exposición muestra seguramente la fascinación de Kafka por las colectividades de los kibbutz, construidas en territorio palestino e influidas a su vez, aunque sea una aseveración no exenta de polémica, por el anarquismo moderno de Bakunin y Kropotkin.

Otto Gross

Tremendamente interesante es la relación estrecha de Kafka con otro anarquista como era el psicoanalista Otto Gross, al cual conoció en 1917. Hay quien sostiene que la novela El proceso podría haberse basado en las circunstancias dramáticas que llevaron a la detención de Gross tiempo atrás acusado de negligencia médica. Otto Gross fue un hombre de vida trágica, un precursor de la antipsiquiatría, opuesto al poder que ejercían los profesionales de la psiquiatría, que al parecer tuvo un proyecto de revista junto a Kafka; de forma significativa, aquella publicación que nunca se materializó, iba a llamarse Blätter gegen den Machtwillen (Revista contra la voluntad de poder). Kafka tuvo también relación con el filósofo anarquista judío Martin Buber, con el que se entrevistó en Berlín en 1913, algo que le produjo un grato recuerdo.

El trabajo antes mencionado en el Instituto de Seguros de Accidentes Laborales, que comenzó en 1908 y al que se refería como “tenebrosa guarida de burócratas”, le producía un profundo odio y se preguntaba cómo era posible que las personas humildes fueran a suplicar ayuda en lugar de rebelarse y asaltar la oficina para destruirla. Su crítica al capitalismo y al modo de producción taylorista parecen evidentes al señalar la alienación y miseria que producían. Y es que la crítica de Kafka no se limitaba a la burocracia autoritaria del Estado, también definió el capitalismo como un sistema jerarquizado que encadenaba a las personas, por lo que ahí puede vislumbrarse también un análisis anarquista. A pesar de lo que se ha dicho a veces, hay datos abundantes que demuestran que Kafka era un observador sensible sobre su época y que se mostraba inquieto y muy crítico sobre la mayor parte de las cuestiones sociales y políticas que tuvo que vivir; muchas de sus opiniones al respecto parecían coincidir con la visión anarquista. A las críticas a la burocracia estatal y el capitalismo, ya mencionadas, se une la de la deriva autoritaria del bolchevismo o el feroz nacionalismo de su tiempo, que conduciría en Europa al fascismo y el nazismo.

La devastadora crítica de Kafka a las instancias autoritarias y burocráticas tiene una lúcida expansión cuando señala a los funcionarios o empleados que ejecutan las órdenes que consolidan el sistema, algo similar a lo que mostraría tiempo después Hannah Arendt en su concepto de la banalidad del mal, y a todos aquellos ciudadanos que sostienen al poder con su conformismo y consentimiento, lo cual evoca el clásico de Étienne de la Boétie El discurso sobre la servidumbre voluntaria. Es cierto que el aparente interés de Kafka por los anarquistas pareció limitarse al periodo entre 1909 y 1912, aunque es posible que un espíritu libertario perdurara en la obra de un hombre que murió joven.

Apuntes antiautoritarios en la obra de Kafka

Afortunadamente, el amigo de Kafka Max Brod no le hizo caso cuando le pidió destruir tras su muerte sus originales literarios, que al parecer contemplaba como incompletos, pidiéndole que conservara solo algunos de sus libros que sí consideraba valiosos. A Brod se le debe la recuperación y publicación de la impagable obra del escritor checo; igualmente, acabó publicando una biografía de su amigo en 1937 y aquí, según Costas Despiniadis, comienzan los problemas de la interpretación de los textos de Kafka. Max Brod era un hombre religioso, muy influyente en los círculos de Praga, que quiso dar un enfoque místico y esperanzador a las interpretaciones de la obra de Kafka al mismo tiempo que una lectura apolítica que recogieron posteriormente otros estudiosos y biógrafos. La influencia de Brod en los estudios sobre el escritor checo, no obstante, se fue reduciendo con el paso de los años. En la obra de Kafka, frente a toda interpretación psicológica (quizá una de las más extendidas), teológica y metafísica, incluso en torno a una supuesta identidad judía o a una lectura puramente literaria, es posible que debamos reivindicar una sociopolítica o, incluso, directamente anarquista.

En sus obras El proceso y El castillo, se ha querido ver un traslación a la literatura de todo aquello que detestaba Kafka, a nivel burocrático y ante la imposibilidad de la rebeldía, en aquel trabajo que realizó en la compañía de seguros. La historia de la novela inacabada El castillo nos presenta al protagonista K., que llega a un sitio impreciso donde las autoridades han requerido sus servicios como agrimensor; llama la atención el entramado urbanístico de lo que parece una aldea, que puede ser una imagen simbólica de la maquinaria administrativa por la que se rige el lugar. El hilo narrativo debería conducir a K. hacia los mandatarios, pero una serie interminable de obstáculos provocará que no se dé la posibilidad de un camino transitable, por lo que el protagonista acaba en una especie de círculo vicioso encontrando una atmósfera inquietante y una suerte de poder invisible. Es posible que El Castillo muestre una forma de autoridad de plena actualidad, con unas instancias de poder difíciles de percibir, que surgen más por la relación entre las personas y su conformismo. Aunque a menudo se han realizado interpretaciones religiosas del libro (estaría entonces representado el poder por un Dios, claro, invisible e inaccesible), no parece que pueda cuestionarse la dimensión política de El castillo, ya que, a pesar de esa autoridad indiscernible, es evidente todo el entramado de poder presente en la historia, con la jerarquía administrativa, por un lado, y la servidumbre voluntaria del pueblo, por otro; en la cima de esa estructura se encuentran los mandatarios del Castillo con una obvia crítica al repulsivo patriarcado al disponer los que detentar el poder del cuerpo de las mujeres con la aceptación de los varones del pueblo. Paradójicamente, alguien como K., que puede representar a quien defiende su individualidad frente a esa maquinaria burocrática y que ha sido llamado por su labor como agrimensor, es decir para trazar y cambiar los límites de un determinado lugar, se encuentra que el mundo del Castillo está férreamente definido y no puede cambiarse su estructura.

El proceso es quizá la novela más famosa de Kafka, en la que también se muestra un poder superior (judicial en este caso), el cual es también invisible como en El castillo, a pesar de que la mayoría de los personajes resultan ser títeres movidos por sus hilos. La historia nos presenta a Joseph K. (trasunto del propio Kafka como revela la inicial del apellido al igual que en El castillo), el cual es arrestado en su propia habitación, por dos desconocidos, en nombre de cierto tribunal y sin que sepa los cargos que hay contra él, a pesar de los intentos desesperados que realizará para obtener dicha información. La crítica política es evidente cuando el mismo poder se encuentra fuera de las leyes y del derecho que promulga, mientras que el ciudadano puede estar desprotegido ante ciertas acusaciones abstractas dentro de una maquinaria absurda. Otro punto en común entre ambas novelas es que también a Joseph K. le separa del poder una autoridad superior indiscernible, toda una suerte de intermediarios (como abogados, funcionarios y conserjes, entre otros), que acorralan a un protagonista de destino trágico, pero que a pesar de todo trata de resistir. Se ha señalado que el poder en la literatura de Kafka no es piramidal, sino segmentario e inmanente a todo ámbito social, por lo que puede ser un precedente, muy interesante también ante la perspectiva interpretativa anarquista, de la visión de Foucault y de obras como Vigilar y castigar. Al administrativo y judicial, se une otra forma de poder en Kakfa que es el patriarcal, como se refleja en obras como La transformación (La metamorfosis), La Condena o El desaparecido (América); en otro texto, no concebido como obra literaria, Carta al padre, se refleja la convulsa relación que el escritor tuvo con su propio progenitor.

El título original de la novela Die Verwandlung se ha conocido tradicionalmente en el mundo hispanohablante como La metamorfosis. Sin embargo, ediciones recientes han decidido llamarla La transformación y la explicación estriba en que no se trata de una historia de corte mitológico, tal y como se deducía de la anterior traducción, en las que el protagonista se ve sujeto a un destino fatal en un contexto épico. Muy al contrario, y a pesar de las apariencias, se trata de una historia cotidiana y realista en la que Gregor Samsa se levanta un día transformado en un ser monstruoso3. No ha sido habitual en las interpretaciones que se haya subrayado la cuestión de clase que impregna la novela; se trata de una familia pequeñoburguesa, que vive prácticamente de los ingresos del protagonista, un viajante de comercio, y que de repente dejará de ocupar ese lugar “productivo” para ocupar otro más complejo e indeterminado. La simbología que se nos ofrece resulta obvia, alguien que por su trabajo tiene una actividad lucrativa pasa a ser un “bicho raro” sin acomodo en el mundo burgués; y, al parecer, Kafka fue siempre plenamente consciente de que con La transformación había narrado su propia historia, que de tener una trabajo gris y anodino en una compañía de seguros, había decidido dedicarse a la “sospechosa” actividad de la escritura. Desde este punto de vista, podemos entonces observar a un esforzado escritor, cargado de talento, que lucha por mostrar su visión personal del mundo frente a toda forma de poder, ya sea el del Estado, el de la sociedad burguesa de su tiempo o el del propio ámbito familiar patriarcal.

Una novela, la primera en la que trabajó Kafka y que dejaría también inacabada se dice que por considerarla una imitación de las de Dickens, recibió el nombre de Amerika (por obra, al parecer, de Max Brod) en sus primeras ediciones; sin embargo, en traducciones recientes, se ha optado por el título, que se considera era la voluntad original del autor, de El desaparecido. De nuevo, nos encontramos en la historia, con no pocos tintes autobiográfico, a pesar de que Kafka nunca estuviera en América, con un protagonista proscrito, repudiado por sus padres al haber dejado embarazada a una criada, que debe emigrar a Estados Unidos. Esta obra se ha querido ver como impregnada de cierto romanticismo anticapitalista, no por añoranza de un mundo perdido, sino por el deseo de un futuro ajeno a dicho sistema explotador. Kafka describe, ya desde el comienzo, que lejos de ser un país de libertades4, las condiciones para los recién llegados a tierra estadounidense son durísimas como será el caso de Karl, el protagonista, que vivirá auténticas desventuras. El sueño americano parece encarnarlo el tío del protagonista, que es a la vez político y empresario, pero cuya comodidad y beneficio encubren unas condiciones inhumanas para los trabajadores; este personaje, que empezó desde abajo y ha ascendido a nivel social (el emprendedor, tan objeto de propaganda todavía en el siglo XXI) exige ahora a los demás respeto, disciplina y obediencia. Kafka retrata claramente en El desaparecido el lado más oscuro del progreso técnico, donde los seres humanos son una materia prima más de beneficio para el sistema capitalista; durante toda la obra, se observa la simpatía del autor por los explotados y oprimidos. Hay que decir que la intención del escritor checo era publicar el primer capítulo de esta novela, llamado El fogonero, conjuntamente con La transformación y otro relato conocido como La condena5, en un único volumen titulado significativamente Los hijos; obviamente, los tres relatos inciden en el enfrentamiento con padres autoritarios y despiadados, ejemplos de la crítica devastadora al modelo patriarcal.

Otro conocido relato de Kafka, donde se hace ya una nítida y violenta representación del poder, es En la colonia penitenciaria, escrita en 1914 cuando ya había estallado la Primera Guerra Mundial. La historia nos introduce en un viajero, que visita una colonia invitado por su director, para asistir al terrible castigo de un soldado que ha ofendido y desobedecido a un superior. Con cierto mecanismo tatuador, que provoca el entusiasmo del oficial que lo utiliza y que luego funcionará mal empleado sobre él mismo, se grabará en el cuerpo del acusado la leyenda que resume la ley que ha infringido: “Respeta a tu superior”. Kafka critica, de manera obvia, el poder colonial con sus rasgos militaristas concretados en la jerarquía, la disciplina y la obediencia, pero también aborda el castigo a aquellos que no respetan las leyes en forma de tortura sobre el cuerpo humano; esta medida se lleva a cabo incluso en Estados que se dicen democráticos, ya que claramente la colonia que describe Kafka es francesa, justificando así el autoritarismo en nombre de un presunto bien social.

De nuevo hallamos eco de la posterior obra de Foucault, Vigilar y castigar, sobre el nacimiento de las prisiones y que narra cómo la tortura, especialmente aquella que deja una impronta permanente en el cuerpo, fortalece el poder y ejerce incluso una función “educadora” mediante la contemplación de los que la observan de modo inolvidable. Y es que hay quien ha querido ver, desde posiciones algo místicas, confundiendo quizá lo que era lucidez y crítica con algo metafísico, a Kafka como una suerte de profeta que fue capaz de adelantar lo que la humanidad iba a sufrir a lo largo del siglo XX con sus terribles masacres y genocidios; desgraciadamente, abordado ya el tercer milenio, los problemas de la humanidad siguen siendo similares con, tal y como apuntó el escritor checo, todo un desarrollo tecnológico al servicio del poder. Franz Kafka, sin atisbo de duda alguna, es uno de los grandes literatos, no ya del siglo XX, sino de todos los tiempos; es por eso que, de manera lógica, se siguen sucediendo los estudios sobre su obra y, sin embargo, son muy pocos los que se ocupan de su evidente crítica a las instituciones autoritarias eminentemente moral, con lo que seguramente tuvo mucho que ver su relación con los grupos anarquistas, algo que demanda seguir haciéndose desde una perspectiva todo lo amplia posible.

Capi Vidal

  1. Kafka. El anatomista del poder, Costas Despiniadis: https://viruseditorial.net/libreria/franz-kafka-el-anatomista-del-poder/; el autor profundiza, con multitud de referencias, en la relación de Kafka con los anarquistas y en la lectura antiautoritaria de la obra; no obstante, huelga decirlo, ese análisis no agota en absoluto las ricas interpretaciones del enorme legado literario del escritor checo, pero sí resultan incompletas sin ello. ↩︎
  2. Para más información, sobre Ferrer y la Escuela Moderna: http://acracia.org/francisco-ferrer-el-anarquismo-y-la-escuela-moderna/ ↩︎
  3. A menudo, se ha interpretado el ser como un gran escarabajo, otras veces como una enorme cucaracha, pero lo cierto es que las descripciones que ofrece Kafka no llevan a concluir nada de forma exacta, algo que seguramente era su intención al no ser importante en la historia. ↩︎
  4. Kafka describe la Estatua de la Libertad como portando una espada en lugar de una antorcha, algo que se ha visto en ocasiones como un error; sin embargo, Despiniadis considera que muy probablemente estuviera hecho ex profeso, ya que quiso incluir un objeto “símbolo de fuerza e imposición”, mientras que en otras interpretaciones algo peculiares se ha visto el deseo de representar el ángel custodio del Edén (el cual portaba una espada llameante para expulsar del paraíso). ↩︎
  5. Este relato esta recogido en la edición llamada Ante la ley. Escritos publicado en vida; Penguin Random House Grupo Editorialm, 2012; puede leerse grauitamente en https://web.seducoahuila.gob.mx/biblioweb/upload/la_condena.pdf. ↩︎

Un comentario sobre “Kafka, su interés por el anarquismo y la perspectiva antiautoritaria de su obra”

  1. Nouto tu te bell un bicho.

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    Errende ot te ut terrá ok má icon um be occá ittá emobon.

    Frutte equiessetor utrec or embereite a todas horas, write unsuán because no tran la cultura.

    Ustuitema ok essí vö, releimbe thene ekot ut okró vá un místico.

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