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La estupidez humana

“Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.”

Hay días que cuando uno se levanta, por mucho que quieras es imposible ver el vaso medio lleno, quizás hoy es uno de esos días. Uno echa una mirada hacia atrás y le asaltan serias dudas de que hayamos avanzado (la humanidad), e incluso siente que andamos como los cangrejos.
La frase de arriba corresponde al texto del Artículo 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH), proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1948. Para quien tenga interés, hay veintinueve artículos más que recogen cosas como: el derecho a no sufrir discriminación de ningún tipo, a poder vivir con seguridad, a la libertad de moverse por su país, salir del mismo y regresar, a ser tratado con igualdad ante la ley, a no poder ser detenido arbitrariamente, ni torturado, al derecho de asilo, a tener una seguridad social, a tener un trabajo digno, una vida digna, al descanso y las vacaciones, a una jubilación merecida, etc.

Desde que se aprobó esta declaración, han pasado casi setenta años. Cuando uno era joven, muchos pensábamos que la DUDH era insuficiente, hoy resulta una utopía. Ningún país se opuso a su firma, solo ocho se abstuvieron. Ahora podríamos preguntar: ¿cuántas naciones cumplen hoy día con los principios que emanan de su articulado?
Sin duda este importante documento, que muestra una cierta lucidez del género humano, no fue producto de la espontaneidad ni de un acto de locura, nace de la dolorosa y cercana evidencia de los horrores vividos a raíz de las dos guerras mundiales, y especialmente de la Segunda, que superó lo que parecía insuperable respecto a la Primera: 70 millones de muertos, exterminios masivos, genocidios, atrocidades sin límite que se cebaron especialmente sobre la población civil, sobre seres humanos desarmados e indefensos. Para aquellas personas que representaban a sus países, era imperioso sentar las bases para no repetir la historia, para impedir que lo peor del ser humano volviera a cabalgar, amenazando la propia existencia de la humanidad, porque había la certeza de que un nuevo episodio de esas características pudiera ser insuperable para nuestra raza y para el planeta.

Como efecto contrario y positivo a la barbarie vivida, había muchas personas, mujeres y hombres valientes, que se habían enfrentado, sacrificado y vencido al fascismo. Allí donde las “élites de nuestras democracias” habían fallado, estuvieron ellas y ellos, como partisanos, en los ejércitos libres y en los regulares, heroínas anónimas, que sin importar naciones o fronteras, se entregaron a parar al monstruo, y que otra vez salvaron la cara al mundo entero.
Pero hoy, casi 70 años después, la humanidad parece sufrir amnesia. Nos hemos puesto las orejeras, y estamos cultivando con afán las desigualdades, incrementando el sufrimiento de millones de personas, alimentando el monstruo que, una vez derrotado, vuelve a crecer, a engordarse, a empoderarse de muchos seres humanos. Unos por ambición desmedida, otros por las migajas, los más por miedo a ser del pelotón de las víctimas, todos por absoluta estupidez.

Nuestros antepasados, que sufrieron el horror de la II Guerra Mundial, se echarían las manos a la cabeza ante el mundo que estamos construyendo. De nada sirvieron, o eso parece, los padecimientos pasados. Las políticas que construyeron un cierto estado del bienestar, la época que propició la mayor disminución de las desigualdades en la historia reciente del ser humano, la que generó expectativas de que fuera posible un planeta en
donde todas las personas tuvieran derecho a una vida digna, sin guerras, sin persecuciones… Estos ligeros avances se comenzaron a derruir apenas iniciada su construcción, y hoy el martillo neumático del capitalismo no está dejando piedra sobre piedra.
Y mientras tanto, ¿qué hace la mayoría?, mirarlo desde la barrera, como si no fuera con ellos, como si no fueran ellos, sus hijos, sus parientes, sus amigos, los próximos candidatos al sacrificio en el altar de la estupidez humana.

Y cada día crece y crece la ignominiosa actuación contra las personas; más guerras, más muertes, más horror, nos acercan a nuestro propio apocalipsis, mientras los amos del universo siguen calculando cuánto ganarán en el próximo genocidio.
Dice el preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos:

“Considerando que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana.
Considerando que el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad, y que se ha proclamado, como la aspiración más elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias”.

¿Parece de otro planeta, no? Lo cierto es que Marx tenía razón (no Karl, sino Groucho) cuando decía: “De la nada, la humanidad ha alcanzado las más altas cotas de la miseria”.
Da miedo ¿no? Pues pongámonos manos a la obra. Hay que construir un mundo nuevo si queremos que haya un futuro posible para nuestros hijos. Hay que derrotar a nuestra bestia de una vez, si no queremos que nos devore.

Enric Tarrida

Publicado originalmente en el periódico Rojo y Negro # 316, Madrid, octubre 2017. Número completo accesible en http://rojoynegro.info/sites/default/files/rojoynegro316%20octubre.pdf

3 pensamientos sobre “La estupidez humana”

  1. de hecho la guerra por persuadida por quienes buscaban esclavizar a la humanidad por medio del endeudamiento de los bancos, el actuar de los abogados pagados que ayudaron a armar una historia y un enredo de datos falsos, datos y registros armados por los mismos vencedores que hoy conforman el n.w,o. ….para que mencionar a la aristocracia y a la iglesia que siempre han buscado la esclavitud de la sociedad con mentiras y muerte.

    me pregunto: cuantos han leído a paul rassinier? (un francés sobreviviente de las manos de lo alemanes?…o más antiguo aun: quien ha leído a murray bookchin?…esto para comprender cuales eran las intenciones verdaderas de eeuu y england.

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