Anarquismo-Siglo-XXI-Acracia

La “Hipótesis anarquista” en el siglo XXI

La lectura del interesante ensayo “La Hipótesis anarquista o Badiou, Žižek y el prejuicio anti-anarquista” (1), del compañero y amigo austriaco Gabriel Kuhn, publicado recientemente en la web alasbarricadas (2), me ha incitado a manifestar mis coincidencias y discrepancias con lo que él expuso en ese texto de 2011; pues, a pesar de coincidir con sus refutaciones de las opiniones y afirmaciones de esos dos famosos filósofos neo marxistas sobre el anarquismo, discrepo sobre la pertinencia y la viabilidad de su propuesta -frente a la “hipótesis comunista” de Alain Badiou- de una “hipótesis anarquista” basada en “un fuerte movimiento colectivo unificado bajo un nombre común”.

Más concretamente: mi reacción a ese texto está motivada por considerar que las “coincidencias” validan las “discrepancias” y que los acontecimientos más relevantes producidos durante los cinco años transcurridos desde que ese ensayo fue escrito no validan su proposición. Por ello, antes de argumentar el por qué no me parece ni pertinente ni viable tal “hipótesis”, resumiré previamente esas “coincidencias” y “discrepancias”.

Las coincidencias…

Con el autor del ensayo coincido en casi todas sus refutaciones al argumentario antianarquista de Badiou y Žižek, como también en que es posible, a pesar de que “la forma en que Badiou comprende el comunismo continúa siendo bastante vaga”, compartir con él su convicción de que “la palabra ‘comunismo’ puede y debe adquirir hoy un valor positivo una vez más”. Tanto porque Badiou también considera fallidos todos los intentos de implementar el comunismo en el siglo XX como por lamentar “los aparentes y a veces sangrientos errores que significaron ciertos acontecimientos ligados a la hipótesis comunista” y seguir pensando –con Marx- que el comunismo es “una asociación en la que el libre desarrollo de cada uno sea la condición del libre desarrollo de todos”. Y, además, porque, tras afirmar que, “al espectáculo maléfico del capitalismo” debemos oponer “lo real de la vida de los pueblos”, sigue pensando -como lo ha escrito en su libro La hipótesis comunista- que “el objetivo de emancipación de la humanidad no ha perdido nada de su poderío”.

Ahora bien, como lo señala Gabriel Kohn, aunque la perspectiva de Badiou pueda ser atractiva para los anarquistas cuando afirma que “la existencia de un Estado coercitivo, separado de la sociedad civil, no debe presentarse más como una necesidad: un largo proceso de reorganización basado en una asociación libre de productores lo conducirá a su extinción”, resulta difícil de olvidar que tanto Badiou como Žižek se sienten “impresionados por los figuras históricas que han sostenido el poder (…) como Robespierre, Lenin, Stalin, Mao“. Además de que los dos abordan la política contemporánea solo “en términos de Sarkozy, Chávez y Berlusconi, antes que en términos de los movimientos pacifistas, ecologistas o de justicia social”, y no paran de referirse con admiración a “personas que presidían los gobiernos que mataron, torturaron y encarcelaron a millones de personas”.
Efectivamente, ¿cómo olvidar tal insensibilidad moral y tal ceguera política en Badiou y Žižek ? Sobre todo cuando los dos nos hablan de “concebir la idea del comunismo como un movimiento real” (Žižek) y de “marcar el comienzo de la tercera era de la existencia de la Idea” (Badiou).

Hasta aquí no hay discrepancias con lo expuesto por Gabriel Kuhn en su texto. Comprendo y comparto su reacción en 2011 ante las críticas injustificadas de Badiou y Žižek al anarquismo. Inclusive comparto con él la necesidad de “un concepto que mantenga viva la idea de algo allende el capitalismo” y podría compartir su decisión de presentar, frente a la “hipótesis comunista” de Badiou, una “hipótesis anarquista”, aunque solo sea por las razones que él avanza: para “darle una oportunidad al anarquismo” mientras -como dice él- “no veamos ningún nombre nuevo y prometedor emerger”. Pero el problema es que no me parece serio hacerlo únicamente por estas simples “razones” y que, además, discrepo seriamente con Kuhn en la manera de concebir la “hipótesis anarquista” en su texto de 2011.

Las discrepancias…

La primera es que, a pesar de considerar la “afirmación emancipadora” una constante en la historia -por lo menos desde la revolución francesa- y que lo importante “es tener un objetivo común”, contrariamente a lo que piensa o pensaba entonces Kuhn, no es siempre verdad que tener “un nombre en común” signifique tener “un movimiento común”, o que “un nombre en común” posea la ventaja, imperativa “para la política de masas”, de que “las personas se sienten parte de una fuerza en común y son capaces de hacer presión colectiva sobre el enemigo”.
En realidad, lo que la historia nos muestra, y más la reciente, es que las movilizaciones masivas de carácter protestatario o emancipador solo han sido posibles cuando las personas han tenido claro el por qué de su indignación o rebelión y han sentido el mismo deseo, la misma voluntad de manifestarlo y de luchar… Y ello independientemente de etiquetas e ideologías, y sin identificarse con “un nombre en común”. Salvo como referencia simbólica: “15M”, “Marea”, “Occcupy Wall Street”, “Nuit debout”, etc.

En todo caso, lo que ha dejado bien claro la historia es que las movilizaciones masivas, implementadas bajo “un nombre común” y como “políticas de masas”, solo han sido posibles bajo regímenes totalitarios y para legitimar y potenciar designios totalitarios… Y, en las llamadas “democracias”, únicamente para movilizar el voto y obtener triunfos electorales o mejoras laborales dentro del Sistema.…
Además, la existencia y utilización de “un nombre común” no solo no ha impedido su interpretación diversa y en ocasiones hasta opuesta, sino que tampoco ha servido para evitar la fragmentación del “movimiento común” en “fracciones” y “subfracciones”. Lo que no ha parado de producirse en el Movimiento comunista y en el Movimiento anarquista desde que los militantes comunistas y los militantes anarquistas decidieron agruparse de manera específica y disponer de un “movimiento común” a cada ideología.
Ante tal realidad, que invalida la supuesta utilidad y la posible eficacia de la propuesta de Kuhn, en base a “un nombre en común” y “un movimiento común”, ¿cómo no dudar de su pertinencia y viabilidad en el mundo de hoy?

Además, a esta discrepancia se añade otra más importante, más fundamental sobre el por qué de la búsqueda de “un nombre común”; pues no está claro -por lo menos en ese texto de 2011- el por qué Kuhn propone reemplazar u oponer la “hipótesis anarquista” -como alternativa al capitalismo- a la “hipótesis comunista” propuesta por Badiou. No solo porque en sus consideraciones finales nos recuerda que “la eventual meta anarquista –y comunista– continúa siendo superar el Estado” sino también por su insistencia en afirmar, que eso “solo puede suceder por medio de un fuerte movimiento colectivo unificado bajo un nombre común”, y. lamentar que “el anarquismo sea todavía muy a menudo ’la política que no osa decir su nombre’.”
¿Cómo no interpretar lo anterior como un reconocimiento de la proximidad de su propuesta a la de Badiou? Pues, a pesar de que nos diga que “hay una plétora de razones por las que la gente quiere deshacerse de todas las tradiciones políticas e introducir un nuevo término para su política revolucionaria” y que “de ninguna manera” él se opone “a esto”; sin embargo Kuhn propone “darle una oportunidad al anarquismo”…

¿Anarquismo o anarquismos?

Sí, ¿por qué no dársela? Pero, para dársela, es necesario aclarar antes ¿a qué anarquismo se refiere Kuhn? Y ello porque, como se puede constatar a lo largo de su texto, no solo parece coincidir con Badiou y Žižek en que el Estado no es la “forma fundamental de opresión” (3) sino que, además, parece compartir también con los dos la necesidad de no oponerse a “la inmediata y universal abolición del Estado”. Pues, según él, “no todxs lxs anarquistas defienden” esta abolición y aún menos si “el Estado puede ser pequeño” o “puede enfocarse en la justicia social antes que en la protección de las riquezas de la clase gobernante”.

¿Cómo pues -ante consideraciones tan ambiguas sobre el Estado- no preguntarse en qué anarquismo está pensando Kuhn? Y aún más cuando, al hablar de los “problemas” que Žižek dice tener con el anarquismo, por la obsesión de éste en no considerar necesaria “más organización global” y no “romper la ecuación de que más organización global significa más control totalitario”, Kuhn no se contenta solo con rebatirle (“¿Desde cuándo anarquismo es igual a rechazo de organización global?”) sino que, tras precisar que “de ninguna manera es cierto que el movimiento anarquista contemporáneo, en su conjunto, es anti-organizacional”, da, como “verdadero ejemplo de organización global de base” anarquista, la “Red Anarkismo”, que, según él escribe, “constituye uno de los proyectos anarquistas más fuertes de nuestro tiempo”. Y eso a pesar de que esa Red solo representa a la corriente “especifista y plataformista” (4), y pese a que él mismo dice a continuación que, “curiosamente, lxs plataformistas son comúnmente criticadxs como ‘leninistas’ por lxs anarquistas anti-organizacionales”.

Efectivamente, si el “plataformismo” es objeto de debate (5) entre los anarquistas, es evidente que no se le puede considerar representativo del movimiento anarquista y que ya no es solo la ambigüedad de Kuhn, sobre su anarquismo, sino la existencia de este debate lo que muestra ya -como mínimo- la imposibilidad de hablar de una “hipótesis anarquista” representativa del movimiento anarquista; puesto que hasta para él hay varios anarquismos… Salvo si por anarquismo entendemos los principios antiautoritarios de organización horizontal, de acción directa, de toma democrática de decisiones, etc., y no una u otra de las organizaciones, corrientes o movimientos que pretenden encarnarlo. Si al hablar de anarquismo hablamos -como Kuhn parece pensarlo al citar a David Graeber- de “la creación y promoción de redes horizontales en lugar de estructuras de arriba hacia abajo como si fueran Estados, partidos o corporaciones; redes basadas en los principios de descentralización, democracia de consenso no jerárquica ”… Pero, en ese caso e independientemente de la viabilidad real de una tal “hipótesis” en las actuales circunstancias del mundo, ¿cómo seguir basando la “hipótesis anarquista” en “un fuerte movimiento colectivo unificado bajo un nombre común”?

La “hipótesis anarquista” hoy…

Parece pues obvio que no solo sería contradictorio e ilusorio continuar a pretenderlo sino que, además, no sería pertinente ni viable… Y eso pese a que haya –como dice Kuhn- tres razones que aventajan el nombre “anarquismo”, sobre el nombre “comunismo”, para significar “el Otro del capitalismo”.
Efectivamente, esas tres razones (“1. El anarquismo no tiene una historia de totalitarismo, Gulag y ejecuciones masivas. 
2. El anarquismo no se centra en las ideas de “grandes hombres”… 3. Lo más importante, las ideas anarquistas constituyen hoy el corazón de la mayoría de movimientos sociales…”) incitan a pensar que el anarquismo, por estar menos lastrado que el comunismo por el autoritarismo represivo y las tentativas históricas fallidas, puede parecer “un nombre más prometedor…”. Como también por ser una aspiración humana antes que una construcción teórica y estar hoy “las ideas anarquistas” en “el corazón de la mayoría de movimientos sociales”.

Pero, para que pueda ser “más prometedor”, me parece que Kuhn estará de acuerdo en que no es “un fuerte movimiento colectivo unificado bajo un nombre común” -aunque éste se pretenda representar al anarquismo- el que puede hacer hoy pertinente y viable la “hipótesis anarquista”. Que lo que puede hacerla pertinente y viable es ser la expresión real de las “las ideas anarquistas” y las prácticas anarquistas de autonomía individual y colectiva, autoorganización, pluralidad, descentralización, democracia y acción directas, igualdad en términos económicos, políticos y sociales, apoyo mutuo, solidaridad, etc., etc. Todo lo contrario de unificación “bajo un nombre común”, que solo es posible imponiéndola por la fuerza, como se ha visto a lo largo de la historia.

Octavio Alberola

Tomado de: http://rojoynegro.info/articulo/ideas/la-%E2%80%9Chip%C3%B3tesis-anarquista%E2%80%9D-el-siglo-xxi

NOTAS:


(1) Escrito en 2011, después de que Slavoj Sizek apareciera vestido de una camiseta, con la imagen de Lenin, en un debate con Amy Goodman y Julian Assage, organizado por el Frontline en Londres, y traducido por el politólogo e investigador Iván Darío Ávila Gaitán de La Universidad Nacional de Colombia.
(2) http://alasbarricadas.org/noticias/node/36888
(3) Kuhn nos recuerda que Chomsky considera “que esto es un error”.
(4) Según Kuhn: “Movimiento anarco-comunista basado en la ‘Plataforma Organizativa de la Unión General de Anarquistas’, propuesta por Nestor Makhno y sus compañerxs en el exilio de París en la década de 1920”.
(5) No solo por su funcionamiento “leninista” sino también por sus concomitancias con gobiernos de “Poder Popular” de diferentes países de América Latina: Venezuela, Cuba, etc.

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