Pecados inexcusables para un marxista

Tras leer unas cuantas críticas marxistas al libro de Graeber y Wengrow «El Amanecer de todo», me animé a echarle un vistazo a ese texto. Porque si algo desagrada a un marxista, seguro que a mí me da la risa. Tras un somero vistazo, entendí el rechazo.

«El Amanecer de todo» es un libro de antropología y arqueología, que sugiere una visión de la prehistoria de la Humanidad muy diferente de la que se ha manejado hasta ahora en los textos evolucionistas (1). Está muy bien documentado, muy bien escrito y es ameno.  Que esté bien escrito, que sea ameno y que sea comprensible por cualquiera, es algo que no suele gustar a los académicos que –en líneas generales– intentan ser siempre, mientras más oscuros, mejor. Así no les entiende ni el pijo, y los estudiantes se lo pasan años y años para desentrañar los jeroglíficos del maestro… Eso pasa en general en la Universidad, no importa la tendencia. Si además ese conocimiento es inaplicable a algo útil, es perfecto.

Pero hay un pecado inexcusable para un marxista, que aparte de ser crípticos, oscuros e indigestos, si no citan a Marx, a Engels, a Lenin, a Gramsci o a cualquier mamarracho de lectura obtusa unas seis veces por página, no consideran que una sea obra de calidad. Y eso es lo que molesta de «El Amanecer de todo» a los esgrasiaos que se secaron las meninges leyendo Das Kapital, Kritik der politischen Ökonomie Katakrac en alemán: que  en setecientas páginas, a Marx lo mencionan cinco veces, de pasada, junto con otros autores como Confucio. Y a los marxistas los nombran otras tantas, como si tuviera esa corriente de ¿intelectuales? la misma importancia que el utilitarismo de Bentham. Intolerable.

«El amanecer de todo» es un libro que –como digo–, está muy documentado, bien escrito, ameno. Sugiere una interpretación diferente del origen de la civilización, a raíz de los descubrimientos arqueológicos de los últimos treinta años. No hace afirmaciones categóricas. Los autores plantean problemas. Eso puede ser útil, porque facilita la reflexión del lector para que llegue a sus propias conjeturas. Desde el principio advierten que queda muchísimo por desenterrar, un vasto mundo que vislumbrar, y una imposibilidad: saber con seguridad qué significa algo que hicieran nuestros antepasados hace treinta mil años.

Claro, eso a los marxistas, que tienen un esquema evolutivo de «comunismo primitivo», «imperios agrarios», «sociedades esclavistas», «mundo feudal», «capitalismo burgués» y «futuro comunista», les jode una barbaridad. Porque los marxianos son científicos, ellos no son ambiguos, y tan panchamente te sueltan que en el paleolítico había lucha de clases, aunque no tengamos ni santa puñetera idea, de qué pasaba por la cabeza de aquellas personas o para qué empleaban una especie de periguto con estrellas. Y que te vengan ahora dos académicos, que se han leído  lo publicao en diez años, a plantear que la Ilustración no surgió de la «lucha de clases» europea, sino que la inspiraron unos indios de América, es algo que les rechina en los engranajes del cerebro y se les abre la piojera.

Conste que no desprecio ni a Marx ni a los marxistas. Para mí la capacidad de analizar el pasado, el presente y el futuro, de los acólitos del marxismo es similar a la de la Bruja Lola de mi barrio, a la cual respeto un montón. Afirmo incluso que contemplar a un marxista en su apogeo, es como meditar ante alguna criatura especialmente interesante por sus escamas, cuernos y tamaño de sus enormes y gigantescos egos, nutridos por conceptos a los que hay que hacer encajar, a martillazos si menester fuere, en comunidades de antropoides.

El Futuro, a día de hoy, es impredecible. Y «El amanecer de todo», me gusta.

Acratosaurio rex


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(1) NOTA. En la reseña del libro ponen los editores que “«El amanecer de todo» (de David Graeber y David Wengrow) es un texto combativo que transforma nuestra comprensión del pasado y abre camino para imaginar nuevas formas de organización social. Una obra monumental que cuestiona las ideas de pensadores como Jared Diamond, Francis Fukuyama y Yuval Noah Harari. Porque la suposición de que las sociedades se vuelven menos igualitarias y libres a medida que se hacen más complejas y «civilizadas» no es más que un mito.”

2 comentarios sobre “Pecados inexcusables para un marxista”

  1. Hay que destacar que Darwin fue censurado; por evolucionismos digo…

    El pasado no existe, el futuro tampoco, sólo existe el momento y, ¿qué es el momento?

    Desde un aposento decorado lujuriosamente por muchos cuadros, me despido.

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