pensador

Remedios existenciales homeopáticos

rapia alternativa (también denominada, abiertamente, pseudociencia). Alguien acusará al Gobierno de autoritario e intervencionista, pero yo le daría la vuelta al razonamiento y me preguntaría qué diablos hacen tantos productos a la venta asegurando que pueden sanar dolencia alguna. El caso de la homeopatía no es, tal vez, el más disparatado entre la pléyade de pseudociencias que sufrimos, ya que al menos ofrece una hipótesis sobre la sanación de marras basada en los siguientes aspectos: que lo mismo que te enferma, te sana; que la dosis que hay que administrar debe reducirse a través de reiteradas diluciones a un nivel infinitesimal (lo cual lleva a que el supuesto principio activo sea prácticamente inexistente), y que el tratamiento debe ser particular en cada persona (lo cual siempre he visto como abiertamente contradictorio, precisamente, con tanto medicamento homeopático comercial). He conocido a bastante personas, incluso para mi sorpresa en ciertos ámbitos vamos a llamarles librepensadores, que consumían estos remedios reducidos hasta casi la nada e incluso a algún que otro terapeuta (¡ay, ay!). El que subscribe, para bien y para mal, no suele tener filtros y solía torcer al morro al escuchar según qué teorías, debido a lo cual no tardaban en surgir las acusaciones de poco menos que ignorancia y de cerrazón de mente, entre otras lindezas. Uno que ha recorrido bastante mundo, y tratado a todo tipo de gente con toda suerte de creencias, ha dado con practicantes de la más variadas terapias o como las queramos llamar, ya que la frontera con lo místico y sobrenatural resulta en ocasiones inapreciable.

Efectivamente, lo que denominan sin rubor espiritualidad, signifique lo que signifique, suele mezclarse alegremente con el empeño por sanar algún malestar físico o psicológico. Y, ojo, no es que en el caso de la medicina uno haga una defensa férrea de una ciencia tantas veces manipulada por el poder político y económico. No, sencillamente, por favor, seamos algo sensatos, hay que apelar a lo que se demuestra efectivo en cualquier campo, con el conocimiento más amplio y desde un punto de vista también humano y moral; por supuesto, igualmente profundizando en los diversos malestares, tantas veces meramente existenciales (nuestra psique tiene un peculiar diseño), de esta especie peculiar que somos los sapiens. Bien entrado el siglo XXI, siguen siendo muchos los males terrenales que acosan a la humanidad, todos ellos erradicables si somos conscientes; con la enorme dificultad que supone hacerlo ante la envergadura del enemigo, pero leñe, al menos seamos algo conscientes y no busquemos enajenarnos con cualquier cosa. Es posible que Marx, tan equivocado en muchas cosas, tuviera razón al afirmar que la creencia religiosa era algo así como el consuelo existencial de los afligidos. Como ya he dicho, la línea de separación entre la religión y las terapias llamadas alternativas, difundidas desde hace décadas por la new age y con influencia de creencias orientales antiguas, es difusa. Es posible que muchos hayan sustituido la creencia tradicional, en forma de esa abstracción todopoderosa llamada Dios, por alguna forma energética benévola o cualquier otro disparate. Hace un tiempo que abrí con toda la crítica de la que fui capaz y una buena dosis de humor toda una cruzada personal (uno es así de crítico y gamberro), no solo contra la religiones, también a todo este tipo de pseudociencias, terapias alternativas, creencias de la nueva era y demás ralea de despropósitos.

Ante ese empeño, hay quien me dijo que los creyentes y practicantes de según qué cosas no hacen daño a nadie, que hay que respetar y bla, bla, bla. Bien, lo primero es que detrás de esas personas suele haber gurús y charlatanes, que no sé por qué el incauto suele ver como alguien con cierta superioridad de algún tipo incluso moral, pero en realidad con su propia capacidad de manipulación e interés crematístico, lo cual es perfectamente denunciable. Luego, el peligro que supone pretender sanar algo real con una praxis nada efectiva, aunque sea aparentemente inocua, dejando de lado aquello que verdaderamente lo haga. Además, el tiempo que se pierde ya per se pudiendo emplearlo en cosas mejores para un desarrollo personal apreciable. Por encima de todo ello, quizá está una frase que escuché en cierta ocasión: «Si la gente cree en cosas absurdas, es muy posible que acabe haciendo cosas absurdas». Uf, todo esto lo empecé hablando de la homeopatía, y su demostrada ineficacia más allá del efecto placebo, y habrá quién diga que me he ido por los cerros de Úbeda, pero prometo hilvanarlo todo de forma excelente. Lo cierto es que no sé por qué endiablado mecanismo la práctica de ciertas terapias alternativas llaman a otras en ocasiones adoptando un bucle interminable de lo más pernicioso, no sé si por la atracción que supone lo que aparentemente se aparta de lo establecido. Es otro factor digno de análisis, el gusto de las personas por lo mistérico y esotérico, por no hablar de la creencia directa y simplista en soluciones milagrosas. Recapitulemos. Las promesas emancipatorias de la modernidad, en base a la razón y la ciencia, resultaron un evidente fiasco. Del mismo modo, la idea de que el progreso iría paliando los males de la humanidad y acabando por tanto con cualquier forma de enajenación basada en un consuelo religioso y sobrenatural. Hoy, siguen campando a sus anchas la explotación, la discriminación, la pobreza y las guerras, mientras una sociedad mediática cada vez más necia no ayuda en absoluto a un conocimiento sólido y veraz de las cosas, por lo que el común de los mortales abraza cualquier remedio existencial. Incluso, puede que la propia idea de una sociedad más libre, solidaria e inteligente sea vista por muchos como la auténtica creencia disparatada. Desde ese punto de vista, claro, uno se declara fervoroso creyente (y practicante).

Juan Cáspar
https://exabruptospoliticos.wordpress.com/2026/04/24/remedios-existenciales-homeopaticos/

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