El que los tan esperpénticos, como inicuos, tecnobros estén ahora alertando sobre los peligros de la inteligencia artificial, y no hacer falta tener una gran oxigenación cerebral para verlo, viene a significar que desean seguir teniendo el todopoderoso control de la tecnología en esta suerte de capitalismo desalmado. Hubo un tiempo, en los albores de la modernidad, donde muchos confiaban en que el conocimiento y los avances tecnológicos condujeran, paulatinamente o a través de grandes revoluciones, a poco menos que un paraíso o, al menos, a una sociedad mejor. Hoy, solo podemos ver esto como un mal y pavoroso chiste. No, no soy ninguna clase de tecnófobo, aunque podríamos matizar que si, históricamente, ha habido movimientos que se han opuesto al desarrollo tecnológico (es el caso de los llamado luditas) fue más por considerar que las máquinas ponían en peligro su medio de vida para sumirlos en la más indignante necesidad. En otras palabras, que la tecnología nunca ha sido neutral y se ha desarrollado en un mundo profundamente desigualitario, sin socialización alguna de la riqueza, por lo que todo avance al respecto ha servido para favorecer a una minoría y precarizar al resto. Así, nos cuenten lo que nos cuenten, llegamos al día de hoy, bien entrado el siglo XXI. Y la auténtica revolución tecnológica que se ha producido en las últimas décadas, y no debería haber nadie con la suficiente comunicación interneuronal que lo dudara, se ha puesto al servicio, fundamentalmente, de todas esas élites, políticas y económicas, que aseguran un mundo plagado de miseria, precarización y conflictos bélicos permanentes.
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Dejen de hablar de IA y empiecen a hablar de tecnofascismo
Ned Ludd – Freedom
La tecnocracia y la política fascista están siendo adoptadas por élites megalómanas que traman para su propia supervivencia.
Hace un par de semanas participé en la Marcha contra las Máquinas en Londres, organizada por el grupo Pull the Plug, cuyo nombre es igualmente contundente. Los oradores que se congregaron frente a las oficinas de los gigantes de la IA en King’s Cross abordaron temas que iban desde la explotación laboral, el «riesgo existencial», el impacto ambiental, la vigilancia, el control corporativo y la represión estatal, hasta la forma en que la IA está destruyendo la educación.
Sin embargo, siento que este movimiento incipiente aún no ha comprendido del todo la magnitud del problema. Debido a la idea liberal, abrumadoramente dominante, de que la tecnología es políticamente neutral, hablar de la IA como «una tecnología» tiende a generar una larga lista de problemas que supuestamente podrían resolverse mediante la regulación dentro del sistema político existente. Esto no tiene en cuenta el conjunto tecnosocial que implica, al que llamaré tecnofascismo.
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