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29N ¡¡¡A las urnas, anarquistas de todas las tendencias!!!

Vaya por delante que el sacrosanto respeto de los dogmas es una autentica calamidad y que el meditado criterio de cada cual es la mejor brújula para orientar su quehacer al margen de cualquier tabú impuesto por las ortodoxias ideológicas, incluida por supuesto la anarquista.

Aun así, llama poderosamente la atención el hecho de que ciertos anarquistas que, tapándose discretamente las narices solían acudir ritualmente a las urnas casi a hurtadillas y sin hacer gala de ello, han decidido hacerlo ahora a plena luz del día y hasta con orgullo, publicitando con vehemencia e insistencia su decisión.

Dicen que las circunstancias mandan, y que el deber antifascista nos conmina a plantarle cara depositando nuestra papeleta en las urnas del 29N. Un boletín de voto que, por cierto, lo queramos o no, nos hace partícipes del normal funcionamiento del sistema político-social establecido.

Es más, consideran que en las actuales circunstancias su papel consiste, entre otras cosas, en convencer a tantos compañeros y compañeras como puedan para que les imiten, haciendo coro con todas las formaciones políticas que llaman a acudir a las urnas para barrar el paso al fascismo.

Arguyen que no les gusta del todo la opción por la cual votarán, pero que se trata de optar por el mal menor acallando el duendecillo que les recuerda el hecho de que por mera definición el mal menor no dejara nunca de ser un mal.

Como por lo general suelen tener cierta cultura política son plenamente conscientes de que el hecho de participar en el juego electoral parlamentario significa legitimar un sistema que, además del monopolio de la fuerza legitima, requiere también de esa legitimación para poder mantenerse.

Lo que estos y estas anarquistas pasan por alto es que una de las múltiples causas que impulsan el desarrollo del fascismo es precisamente la gestión de un sistema que, esté quien esté en la sala de mandos gubernamental, genera bolsas de pobreza, precariedad laboral, frustración por las sempiternas promesas incumplidas, asegura el mantenimiento o el incremento de las desigualdades, y un larguísimo etcétera. Contribuir con la papeleta depositada en la urna a legitimar el modo de gobernabilidad del actual sistema capitalista es precisamente hacerle el juego al desarrollo de la opción fascista en una población drásticamente castigada por ese sistema.

En definitiva, el supuesto remedio contra el mal mayor, es decir la papeleta antifascista encargada de propiciar el mal menor, resulta ser un potente adyuvante para el desarrollo del mal mayor, colaborando sin quererlo en la creación de algunas de sus condiciones de desarrollo.

Contra el señuelo de las urnas la lucha para obstaculizar los avances del fascismo es la que se enfrenta al sistema instituido, en todos los sectores de la sociedad donde alcanzamos a debilitar ese sistema y no en unas urnas que le son imprescindibles porque lo consolidan.

Al concluir este breve escrito abro el paraguas porque es bastante probable que los y las “anarquistas” con sentido de la responsabilidad política no escatimarán esfuerzos para situarme como un tonto útil, o incluso como un cómplice, del fascismo al que la abstención, según su punto de vista, facilitaría el paso.

Tomás Ibáñez, noviembre 2026

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