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Conspiraciones

Yo no soy especialmente amante de las teorías de la conspiración. Tampoco soy dado a desecharlas de un plumazo, al verlas como delirios de aquellos que gustan de ver constantemente a grupos ocultos que aspiran a dominar el mundo. Habría que aclarar que una cosa son las meras conspiraciones, que son bien abundantes en la historia de la humanidad, y otra muy distinta esas teorías que abundan de modo pertinaz en la existencia de influyentes grupos secretos. Dicho de otro modo, si existen evidencias de determinados hechos, que pueden ser más o menos “sorprendentes”, pero de los que tenemos una base real para pensar que son ciertos, y que se realizaron para un fin muy concreto, podemos llamarlo simplemente “conspiración” (o, si se quiere, “complot”). Muy diferente es empezar a enredar el ovillo al analizar los hechos, sin tener pruebas sólidas ni justificaciones de algún tipo, aportando además conjeturas y suposiciones de todo pelaje en lugar de argumentos; entonces, a semejante despropósito podemos denominarlo sin problemas “teoría de las conspiración”. Como en todo lo que atañe a las “creencias”, habrá mucha gente que no esté de acuerdo con esta diferenciación o querrá ver que no es posible diferenciar una cosa de la otra. A poco que nos mostremos mínimamente racionales, y eso está por demostrar que seamos capaces, yo creo que sí lo es.

La evidencia nos dice, y podemos poner también numerosos ejemplos en otros ámbitos de la vida, que el ser humano tiene cierta tendencia a creeer en “lo extraordinario”. Dicho de otro modo, resultan soprendentes en ocasiones las auténticas tonterías en la que cree la gente, y tantas veces buscando un sentido y justificación a su propia existencia. Es muy posible que cuanto más mediocre sea nuestra vida, más acentuada se muestra esa querencia a creer en cosas sin ninguna base real, pero este análisis lo dejaremos para otro momento. En cualquier caso, hablando en general, pero concretando en los que nos ocupa, las llamadas “teorías de la conspiración”, es muy necesario atender siempre a la evidencia para crear un campo mínimamente satisfactorio para lo que creemos. Perdonen ustedes el tono solemne que estoy empleando hoy, a ver si no tardo en volver a mis sanos y catárticos exabruptos. La cuestión es que no pueden negarse la existencia de conspiraciones, que las ha habido y las seguirá habiendo, aunque no siempre exitosas.  Lo que ocurre es que hay separar el grano de la paja, y perdonen ustedes la expresión. Hay quien dice que el éxito de los regímenes totalitarios estuvo basado en ciertas teorías conspirativas; es el caso en la paronia racista contra los judíos, que hoy vemos como algo irrisorio (bueno, eso creo).

Sin embargo, señalar estas teorías ridículas a menudo puede ocultar que otras sí tienen cierta base para pensar que son ciertas. Un clásico es el asesinato de Kennedy, que a día de hoy no tiene una explicación satisfactoria, aunque todo lo fabricado en torno no a ello con semejante creación de posibles culpables, hace que las teorías suelan estar más cercanas a lo conspiranoico. Otro son los atentados del 11-S, sobre los que que se quieren ver numerosos aspectos sospechosos, y una de cuyas teorías dice que habría sido un misil y no un avión el que impactó en Washington y que las Torres Gemelas fueron en realidad dinamitadas. Sobre el 11-M en Madrid, más que una teoría de la conspiración, parece una construcción a priori para tratar de justificar determinadas miserias e iniquidades políticas. Sobre el atentado yihadista de 2017 en Las Ramblas de Barcelona, esta semana el diario Público ha asegurado con pruebas que el autor intelectual fue confidente del CNI hasta el mismo momento de los execrables hechos. Asimismo, los propios asesinos estaban estrechamente vigilados por los servicios secretos españoles y escuchaban sus conversaciones por móvil. Recuerdo que, en el mismo momento de los atentados, hubo voces (muy) minoritarias que mostraron extrañeza ante la ausencia de policía armada en Las Ramblas, algo al aparecer habitual. No, no estoy señalando nada ni mucho menos construyendo una nueva teoría de la conspiración. Tan solo trato de guiarme por la evidencia y, si es la información de Público es cierta (han mostrado pruebas al respecto, pero la mayoría de los medios lo ha silenciado), parece imposible que el Estado no supieran que se estaba preparando el atentado.

Juan Cáspar

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