Ilan Pappé
Akal, Madrid 2025
Paco Marcellán
Reseña publicada en Redes Libertarias núm. 5 (primavera 2026)
Lobby (Diccionario de la Lengua Española): 1. Grupo de presión. 2. Actividad cuyo objetivo es influir en la toma de decisiones en el ámbito público o privado a favor de intereses determinados.
Esta esclarecedora aportación al debate sobre el papel del gobierno de Israel y los lobbies que lo sustentan, tanto a nivel propagandístico como financiero, en Estados Unidos y el Reino Unido, ofrece un recorrido sistemático y con un soporte documental muy consistente y digno de resaltar sobre el rol justificador de grupos de presión en dichos países desde mediados del siglo XIX. A la visión escatológica de los cristianos evangélicos se añadió en esos momentos un intento de rescatar a los judíos europeos del antisemitismo violento centrado en la Europa Oriental, fundamentalmente en la Rusia zarista, pero también en otros países como Polonia. A finales de dicho siglo, el sionismo se convirtió en un proyecto cualitativamente y estratégicamente diferente, mutándose en una operación colonial de asentamiento en Palestina, basada en la consideración de la población nativa originaria como uno de los principales obstáculos para la construcción en el corazón del mundo árabe de un Estado judío «europeo, moderno y, pretendidamente, democrático» según las declaraciones programáticas de los teóricos del sionismo.
El Holocausto suministró a los dirigentes sionistas nuevas razones para reforzar su apuesta por la creación de una patria en Palestina. Hay que destacar que las expulsiones y el genocidio en los países europeos bajo los regímenes nazis y fascistas empujaron a los judíos a una huida sin destino prefijado. De hecho, pocos países «democráticos» occidentales, no sometidos a la ocupación nazi, estaban dispuestos a acogerlos. En particular, Estados Unidos cerró sus puertas e impuso cuotas extremadamente restrictivas, con un rechazo sistemático a los refugiados judíos que demandaban asilo. Como corolario, la presión para convertir Palestina en un refugio seguro se volvió más lógica de cara a permitir un desequilibrio desde un punto de vista demográfico y así poder reclamar una parte mayor del territorio.
Durante el siglo XX, el eje central de la presión lobbista fue garantizar el apoyo y legitimidad internacional a la colonización de Palestina durante el periodo del Mandato británico (1918-1948). Tras el establecimiento del Estado de Israel, la recién creada Organización de Naciones Unidas tuvo que abordar el desplazamiento forzado de la población palestina (la Nakba) a los países del entorno con la ayuda humanitaria como objetivo prioritario. La limpieza étnica de Palestina se convirtió en condición sine que non para el establecimiento del Estado judío y el lobby sionista centró su actividad en que la comunidad internacional lo aceptara como un hecho consumado.
En el siglo XXI, los lobbies sionistas encaran un nuevo escenario en el que Israel sigue presionando para defender su «legitimidad» tras 76 años de su constitución y disponiendo de un poder político y económico incontestable. No solo es un país tecnológicamente avanzado, dispone del ejército más potente del Oriente Próximo (con una actualización de su capacidad armamentística gracias a la «generosa» aportación económica de EEUU) y disfruta de un amplio respaldo del Norte global. No hay que olvidar que bastantes gobiernos árabes lo han reconocido oficial o informalmente (los acuerdos de Abraham resultado de una intervención directa en el primer mandato presidencial de Trump con contrapartidas, al margen de resoluciones de Naciones Unidas en algunos de ellos, como en el caso de Marruecos con el Sáhara) y, por otra parte, el movimiento nacional palestino no supone una amenaza militar ni política dado el manifiesto desequilibrio de fuerzas.
Pappé se formula una serie de preguntas en relación a las políticas de Israel de cara a los lobbies sionistas y cristianos evangélicos en EEUU y Reino Unido. ¿Por qué razón Israel invierte grandes cantidades de dinero en dichos lobbies?, ¿por qué el estado judío ansía que Occidente reconozca su «legitimidad»?, ¿por qué siguen pensando las elites de Israel que la legitimidad de su Estado está sometida a debate, cada vez con mayor intensidad incluso en el seno de las comunidades judías de dichos países, pese a los acuerdos de armamento, la ayuda económica y el apoyo diplomático incondicional, independientemente de los partidos gobernantes republicano/demócrata, conservador/laborista en dichos países?
Tres hipótesis se formulan en el libro en el prólogo. La primera es que la actividad lobbista a favor del Israel representó en el pasado y en la actualidad una obsesión de los dirigentes sionistas para demostrar especificidad o, incluso, superioridad moral. Ellos mismos necesitaban convencerse de que el sionismo desarrollado en la Palestina histórica constituía una situación moralmente específica (no comparable con otros proyectos colonizadores) y que era una empresa noble en el más amplio sentido de la palabra, pese a las bases cuestionables del proyecto ya formuladas por algunos de sus promotores. La segunda hipótesis es que desde sus inicios, el movimiento sionista prescindió de argumentos morales y de tratar de atraer, por empatía, a amplios sectores de la población del Norte global e invirtió todos sus esfuerzos en las elites, empresa que requería dinero, conexiones políticas y económicas, y una eficiente actividad de presión. Su éxito en EEUU y Reino Unido en comparación con otros lobbies es la razón del análisis en el libro de Pappé. Finalmente, como tercera hipótesis señala que la influencia política acumulada por los lobbies para atraer a las elites les facilitó su reconversión en instituciones con sus propios intereses a nivel de país, actuando en ocasiones para conservar su propio poder y no necesariamente por el bien de la causa israelí.
Por otra parte, el complejo militar-industrial de diversos países, entre ellos España, vinculado por una simbiosis natural con Israel en tanto gran exportador de armamento y sistemas de seguridad, ha constituido un soporte básico para la legitimación internacional de Israel, tal y como se ha reflejado en los últimos años tras la destrucción sistemática de personas y bienes en Gaza.
11 capítulos, 620 densas páginas así como numerosas citas a pie de página que, junto a una exhaustiva bibliografía, estructuran esta obra de referencia, permiten analizar el papel de lobbies estadounidenses como AIPAC (Comité de Asuntos Públicos Estados Unidos-Israel). Creada en 1951, esta organización ha actuado como hacedora y deshacedora de «carreras políticas» tanto en el campo republicano como el demócrata que no se ajustaban a sus fines (algunos ejemplos se describen pormenorizadamente) a la par que activista descarada contra medios académicos, de comunicación y sociales que cuestionaban, aunque fuera levemente, el Estado judío y sus políticas de sistemático exterminio étnico de la población palestina. En su reunión anual los presidentes norteamericanos deben pasar un «control de legitimidad» en relación con los apoyos económicos y militares a dicho país. En cuanto a Reino Unido, lobbies como el BICOM (Centro de Investigación y Comunicaciones de Gran Bretaña e Israel) o el BD (Junta de Diputados), la principal organización anglo-judía, han configurado un soporte a las políticas de los diferentes gobiernos, tanto laboristas como conservadores, que se describen de manera exhaustiva en el capítulo 11. Especialmente relevante es la descripción del apoyo económico al Nuevo Laborismo y su mascarón de proa, Tony Blair, convertido en un defensor acérrimo del Estado de Israel y un títere servil de los intereses de Estados Unidos en Oriente Próximo (Irak, como botón de muestra) y que ha sido recompensado por Trump como dirigente del recién creado Board of Peace for Gaza (¡¡ ironías semántico-políticas!!) para afrontar «reconversión» de Gaza en un terreno de negocio para los intereses inmobiliarios del autócrata estadounidense.
La experiencia vivida en directo por Ilian Pappé, como director del Centro Europeo de Estudios Palestinos de la Universidad de Exeter, en la organización de un congreso en 2015 con el título «Colonialismo de asentamiento en Palestina», mostró la influencia del lobby proisraelí que, a través de acciones variadas, resaltaba la complicidad de la institución universitaria por dar voz a un foro «antisemita», argumento recurrente para silenciar cualquier opinión discrepante con la sinrazón sionista (un fenómeno también experimentado en España con ocasión de las protestas por el genocidio israelí en Gaza). No obstante, la universidad aceptó la presencia de dos representantes del lobby, cuya función fue vigilar y silenciar más que participar en el debate. El evento se celebró pese a que la policía antidisturbios tuvo que estar en alerta ante potenciales «desórdenes» que, desde luego, no iban a ser causados por los participantes.
Lectura imprescindible para situar el conflicto palestino-israelí en su dimensión interior a nivel de dos ejemplos como Reino Unido y Estados Unidos, en los que las potentes comunidades judías están experimentando un cambio de paradigma en su valoración del papel a desempeñar en el escenario futuro tanto en sus propios países como en la visión del conflicto en el nivel geopolítico.




