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El País, medio siglo (de ignominia)

Si el año pasado, hubo que sufrir ciertas celebraciones, o no sé muy bien qué, sobre la supuesta llegada de la democracia a este bendito país tras la muerte del dictador, es ahora el diario adalid de la progresía el que cumple su medio siglo de existencia. Y hay que dejarlo meridianamente claro, al respecto, los fastos producen no poca vergüenza ajena para todo aquel que tenga bien oxigenada la conciencia. No seamos ingenuos, no es que esperaramos que el llamado cuarto poder se mostrara mínimamente autocrítico, especialmente si hablamos del que es el grupo mediático más fuerte en este inefable Reino de España. Efectivamente, el diario El País nació en 1976 y, seguramente, no hay ningún otro factor que represente mejor lo que constituyó ese fraude llamado Transición a la democracia. Hagamos algo de memoria, eso tan necesitado en la actualidad, bien aderezada de un poquito de decencia y moralidad. Uno de los fundadores del diario fue José Ortega Spottorno, hijo del filósofo Ortega y Gasset, que a pesar de su supuesta condición liberal y laica acabó unido militarmente al bando reaccionario golpista y después, por supuesto, hizo fortuna en el régimen del genocida Franco. Spottorno era un editor de prestigio, había dado continuidad a la Revista de Occidente de su padre, un hombre bien visto por los sectores más abiertos de la dictadura franquista. Pero, quizá no es tan conocido que otro de los promotores, y por supuesto futuro accionista, de El País fue el ministro franquista Manuel Fraga Iribarne. Y fue el fundador de ese engendro posfranquista llamado Alianza Popular el que puso como director del diario a Juan Luis Cebrián, director de los servicios informativos de la franquista Televisión Española e hijo de un veterano y muy influyente falangista miembro de la Jefatura de la Prensa del Movimiento. Con estos sencillo datos, vemos cómo se estaba gestando la alabada transacción, el paso de una dictadora a una democracia con cierto lavado de cara político y mucha continuidad en todo lo demás. Cuando se publica el primer número de El País, en mayo de 1976, Manuel Fraga era ministro de gobernación de la Monarquía sucesora de Franco en la jefatura del Estado con un tipo tan sinvergüenza como Juan Carlos de Borbón (permanentemente alabado por el diario a pesar de sus latrocinios y escándalos diversos), mientras que solo quedaban dos meses para que fuera nombrado presidente del Gobierno otro tipo que se acostó franquista y se levantó demócrata, Adolfo Suárez. La prensa del momento, con El País a la cabeza, acompañó muy bien todo el proceso transicional en base a un supuesto miedo a la regresión al autoritarismo y a un mucho de intereses de todo tipo. El relato de que El País nació de un grupo de subversivos demócratas solo esta disponible para mentes biempensantes no sobradas de excesiva comunicación interneuronal. Una vez más, recordemos que PRISA, poderosa editora del periódico, fue creada en 1972 por miembros de la burguesía franquista y con el visto bueno institucional de la dictadura; poseía ya todos los medios a su alcance, junto a un numeroso accionariado de personas con (muchos) posibles, para el futuro proyecto de un diario moderno y liberal, no era en absoluto la aventura incierta de un grupo de precarios jóvenes como tantas veces se ha querido vender.

Y no nos olvidemos de su también fundador, y primer accionista, el ya entonces poderoso editor Jesús Polanco, responsable por ejemplo de los libros de textos con los que se fomentaba el espíritu nacional entre los tiernos infantes durante la dictadura. El hecho de que El País se haya visto como un medio de izquierdas, muy atacado por la indescriptible derecha patria como parte del juego mediático, fue algo solo coyuntural para el que quiera verlo. De hecho, en 1982 con el triunfo electoral de Felipe González daría el diario todo su apoyo a los socialistas durante muchos años como parte de todo ese proceso modernizador del país (europeísmo, OTAN, reconversión industrial, multinacionales…) llevada a cabo, precisamente, por un partido presuntamente progresista como modo de apaciguar a las masas. Parece mentira la maestría para llevar a cabo todo este proceso y parece increíble que tantas personas, al margen de sus ideas, no quieran observarlo con franqueza. De hecho, quizá en una de las pocas cosas en las que ha sido sumamente coherente, en estos 50 años si hay algo en lo que se ha esforzado El País es en apuntalar una y otra vez, manteniendo así su propio relato, el llamado régimen del 78. A día de hoy, las cifras que recibe PRISA por subvenciones directas, o por publicidad institucional, son escalofriantes; sí, gran parte del pastel lo reciben también medios abiertamente de derechas, e incluso algunos que difícilmente disimulan estar directamente al servicio de alguna opción política, pero todos, absolutamente todos, forman parte de un circo sistémico inicuo. Ahora que apenas me lee nadie, contaré una anécdota personal relacionada con otra celebración del diario El País, hace ahora un cuarto de siglo. Sorpresivamente, recibí entonces una llamada en la que se me ofrecía una entrevista para el medio en la que eran entonces los 25 años de sus existencia. La explicación para ello, os saco de vuestra estupefacción, estribaba en que El País, años antes, cuyo el que suscribe era un tierno e ingenuo izquierdista y no el gigante intelectual ácrata (e, incluso, algo nihilista) que soy ahora, me había publicado alguna que otra carta al director. El contenido de dichas misivas no viene al caso, en cualquier caso ya muy crítico con el estado de las cosas y finalmente recortadas por el propio diario, algo de lo que ya advertía previamente. Ahora entraré en lo que fueron los entresijos de aquello, aunque diré que posteriormente me produjo incluso más pasmo aquella convocatoria, ya que prácticamente el resto de las personas que habían acudido era por haber sido pertinaces en el envío de textos; recuerdo que entre ellas había un hombre ya mayor que, incluso, lo realizaba semanalmente, creo que cartas de rendida admiración hacia el periódico.

Mi caso era muy diferente, ya que creo recordar que habría mandado las que pueden contarse con los dedos de una mano (y no solo a El País, solía hacerlo a varios diarios con temas que consideraba de interés general, pobre de mí), de las cuales creo que publicaron un par de ellas. Pero, a lo que voy, cuando me encontré que iba a ser entrevistado, debido sobre todo a mi poca experiencia, pedí si era posible que me adelantaran las preguntas. Gracias a ello, he de reconocer que pude prepararme más que bien las respuestas, haciéndoseme la boca agua de todo lo que podía expulsar por la misma, y todavía recuerdo los ojos como platos de todos aquellos técnicos que tenía enfrente cuando fui soltando toda mi diatriba especialmente crítica contra el propio periódico. He de decir que el responsable de aquel trabajo, que recogía los testimonios de varios lectores cuyas cartas habían sido publicadas en algún momento histórico, era un conocido director de cine. No diré su nombre por pudor, pero al acabar mi entrevista me reconoció que estaba muy de acuerdo en todo lo que había dicho, entre lo que se encontraba la vergonzosa subordinación a las inicuas administraciones de Felipe González (en aquellos momentos, en 2001, gobernaba en su segunda legislatura el Partido Popular, que terminó en muchos aspectos lo que los «socialistas» habían empezado). Cuando aquel director de un trabajo audiovisual me confió que me daba la razón en tantas cosas, le pregunté, de nuevo haciendo alarde de mi bendita ingenuidad, si tenía la potestad absoluta de lo que se iba a publicar en dicha entrevista; me contestó, con rotundidad, que por supuesto. El resultado final quedó para la historia, un documental en el que yo apenas aparecía con algunas frases inconexas, mientras que la mayor parte de los discursos hacían gala de un peloteo deplorable hacia el diario. Sí, será solo una anécdota, pero muy significativa y los fastos de este 2026, con el 50 aniversario de El País, resultan todavía más lamentables. La existencia de un periodismo libre e independiente, en la actualidad más que nunca con toda una revolución mediática y tecnológica al servicio de los poderosos de una u otra índole, resulta una broma muy pesada. También en este aspecto, la visión autogestionaria ácrata es más que necesaria, organizarnos desde abajo para expresar una realidad concreta y veraz. Seguiremos trabajando en ello, dando lugar a nuestros propios medios, con el único interés de crear una sociedad más libre y solidaria.

Juan Cáspar
https://exabruptospoliticos.wordpress.com/2026/05/09/el-pais-medio-siglo-de-ignominia/

Un comentario sobre “El País, medio siglo (de ignominia)”

  1. No tengo claro lo que expones, que, como bien dices, son más bien un conjunto de exabruptos (consulta del DLE para salir de dudas). Pero estas visiones de buenos (muy buenos, pero pocos, siendo supongo tu uno de ellos) y malos (muy malos y con mucho poder) son poco realistas (la mayoría no somos ni buenos ni malos, estamos en ello). Franco, recio dictador, murió matando y murió en la cama, y la transición no fue tan pacífica como se dice. No obstante ni el País es tan infame ni la democracia actual en España es tan impresentable.

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