ACRACIA ANARQUISMO NIHILISMO

¿Existe algo como un «alto el fuego»?

Hoy, en este inefable país que llamamos Reino de España, se estrena en salas comerciales el documental NAZA, que recoge la matanza sistemática de civiles palestinos por parte de las fuerzas armadas israelíes. Al parecer, de manera estremecedora, el título alude a unas palabras en hebreo (nezek agavi), usadas por el Ejército de Israel para prever la cifra de víctimas civiles en un ataque aéreo (daño colateral, lo llaman). La película, rodada en Tel Aviv por israelíes, revela también el papel de los funcionarios del gobierno en el genocidio a través de multitud de entrevistas con soldados y agentes de inteligencia. Como era de prever, el film está prohibido en Israel y sus directores han sido acusados de traición, esa palabra que tanto gusta a los gobiernos criminales usando un lenguaje repulsivamente militarista. Los responsables de NAZA han declarado que no temen tanto al gobierno, como a parte de la sociedad civil israelí, aunque me congratula conocer que también han recibido multitud de apoyo por parte de personas y organizaciones internacionales (y también israelíes). ¿Alguien, en su sano juicio moral, puede sostener que una obra así pueda estar manipulada? ¿Alguien, a estas alturas, puede dudar que lo que se está perpetrando en Gaza es una masacre, asesinato masivo, genocidio o como diablos lo queramos llamar? Parece que vivimos en tiempos muy oscuros para, sencillamente, denunciar lo que es evidente, pero ya hay situaciones que se caen por su propio peso.

Desgraciadamente, en un mundo plagado de imágenes que nos distancian de la realidad, nos estamos acostumbrando mediáticamente al horror, a contemplar innumerables muertos por la mano humana. Por obra, por supuesto, de los diversos poderes establecidos, aunque desgraciadamente con la connivencia o la equidistancia (ese concepto tan nefasto) de gran parte de aquellos espectadores sin la conciencia bien oxigenada. El 7 de octubre de 2023, Hamas perpetra un ataque sobre territorio israelí donde no puede negarse que hubo cientos de víctimas, aunque también desencadenó una buena cantidad de bulos bien difundidos, en un mundo que tiende a la polarización de manera descerebrada, por la autoridades israelíes y sus poderosos aliados. Por mucho que condenemos dicho ataque (algo que debería ser normal, no justificar muertes, mucho menos de civiles), y los realizadores de NAZA han tenido que hacerlo para evitar críticas, no puede desvincularse de lo que son muchas décadas de hostigamiento del Estado de Israel sobre el pueblo palestino. Los asesinatos de Hamas fueron la perfecta excusa para que el gobierno encabezado por Netanyahu iniciara todo un proceso de exterminación de la población en Gaza, de inflingir un sufrimiento indescriptible a víctimas civiles. Existe cierta investigación reciente por parte de un periódico de Israel, que asegura que el Ejecutivo israelí (no lo olvidemos, al frente de un poderoso Estado militarizado) habría estado advertido del ataque, aunque desconozco si tiene una base rigurosa.

¿Alguien, no contaminado por ese subterfugio inicuo que alude a la complejidad de los «conflictos», puede seguir negando una masacre masiva? En Gaza, habitan unos dos millones de personas hacinadas en 365 kilómetros cuadrados, y todos ellos (antes, incluso, de aquel 7 de octubre de 2023) han vivido el horror como una realidad cotidiana. Desde el inicio de los ataques israelíes poco después de esa fecha, el número de fallecidos gazatíes estriba entre 75.000 y 77.000 palestinos, aunque son cifras que seguirán negando algunos. Hoy, han pasado ya más de tres años y el ejército israelí, a pesar de que eso apenas ocupe ya titulares y espacio en la prensa generalista, continúa bombardeando el lugar y produciendo víctimas. Hace cosa de un año, de cara a la galería hubo un «alto el fuego» que obviamente no ha sido respetado y se habla de más de 1.400 asesinados desde entonces, con varios miles de heridos y con la mayor parte de edificios y recursos destruidos. Como no ha habido avance alguno para la paz, de manera también evidente, Hamas no ha abandonado tampoco las armas. Y así seguimos en un repulsivo mundo plagado de conflictos bélicos que sufre la población civil. Permanece esa inicua lucha por la narrativa, aunque esta sea de un maniqueísmo pueril fácilmente desmontable, y Netanyahu continúa apelando al derecho de Israel para la «defensa».

A finales de este mes de octubre, se producirán nuevas elecciones en Israel y, aunque el gobierno actual solo haya exacerbado los crímenes sobre los palestinos, muchos esperan que Netanyahu y compañía sean desbancados. Esperemos que no cambie todo para que todo, más o menos, continúe igual. Mientras tanto, producido ya el tercer aniversario del genocidio en Gaza, y a pesar de ciertos gestos, gran parte de la comunidad internacional, teniendo en cuenta los poderosos aliados que tiene Israel, parece mirar hacia otro lado. Ya he afirmado en otras ocasiones que, para este sapiens nada imparcial que suscribe, pertinazmente ácrata y algo nihilista, el derecho internacional es más bien una pantomima, así como que las instituciones que presuntamente lo sustentan están condicionadas o directamente subordinadas a los diversos intereses de los poderes establecidos. Como también sostengo a menudo, si de modo obvio no podemos confiar en institución jerarquizada alguna, toda la responsabilidad recae sobre nosotros, la población civil, para seguir evidenciando y paliando en la medida de lo posible las acciones criminales de toda maquinaria bélica puesta en marcha por los Estados. Es una doble vertiente, denunciar de manera concreta las atrocidades de los fuertes, a nivel político y económico, sobre los débiles en cualquier parte del mundo, y seguir trabajando por un mundo solidario y sin fronteras.

Juan Cáspar
https://exabruptospoliticos.wordpress.com/2026/10/10/existe-algo-como-un-alto-el-fuego/

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