A Pandora le empujó la curiosidad a destapar el ánfora que encerraba todos los males que desde entonces asolan la humanidad. Eso fue el pasado. Hoy, a Pandora, le mueve la más elemental de las imbecilidades. Saturada de todos los mensajes que le llegan por las redes sociales más simplonas: una suerte de mensajes de odio, de propuestas execrables, de afirmaciones sin contrastar… presa de un sentimiento de frustración ante tanta volatilidad informativa, deseosa de experiencias nuevas, Pandora, reniega de todo lo relacionado con los derechos humanos. Como la anciana que cree que por mascar chicle rejuvenece, Pandora busca refrescar su aliento en el sabor de las más rancias dictaduras.
Pandora ha estado mandado sus tuits, enviando sus tiktoks y colgando sus fotos de pose con la caja abierta en Instagram desde Argentina, Estados Unidos, Italia… Y si en todos estos lugares le sirvió la estupidez, el mismo voto del Noviembre del 1932, la policía o la prensa del lugar para mantener su recipiente abierto; en otras zonas ha necesitado de la más descarada crueldad, como es el caso de Palestina. Mientras la caja siga en manos de Pandora no hay otro valor que la imposición, el engaño y el reparto por la fuerza. Groenlandia, Palestina, Ucrania…
El último de los males que Pandora ha rescatado de su caja es el silencio. Esto nos puede explicar como el Kurdistán se enfrenta a un más que eminente genocidio y no se escuche nada de lo que ocurre en Siria, Turquía, Irán e Irak -países que se reparten el territorio kurdo-, ni en los medios de comunicación generales, ni en los medios de información particulares.
Después de que el “autoproclamado” presidente de la nueva Siria, Ahmed al-Shara (Al- Julani), iniciara una nueva campaña para destruir la autonomía de las zonas kurdas de la forma más sanguinaria, nos hemos de enterar de lo ocurrido de manera, casi, clandestina. Cuesta encontrar en los círculos libertarios españoles algún tipo de noticia o análisis de lo que ha ocurrido estos días atrás.
Desde el 6 de enero, Al-Julani, aprovechando fingir un acuerdo para la integración de las unidades kurdas en el ejército Sirio, atacó con armamento pesado (desde tanques a drones), sin previa declaración de hostilidades, los barrios de Alepo habitados por la población kurda, Raqqa o Tabqa. Zonas gestionadas por las Fuerzas Democráticas Sirias, SDF, (compuestas por kurdos, árabes, asirios, turcomanos…). La manera que Al-Julani inició esta ofensiva, yendo de la mano del ejército turco, fue rescatando el fondo y el modo de operar del Estado islámico (cabe recordar que Al-Julani fundó al-Nusra la extensión de al-Qaeda en Siria). Decapitaciones, violaciones, limpieza étnica… un rosario de buenas prácticas integristas para romper el supuesto clima de colaboración entre el gobierno “provisional” Sirio y las autoridades kurdas.
Si los kurdos se caracterizaron años atrás por vencer al ISIS expulsándolos de enclaves como Kovane, la presa de Thisrin o Tabqa, con el apoyo y el reconocimiento internacional; ahora tienen que enfrentarse al regreso de antiguos combatientes del ISIS con el silencio que disfraza la complicidad de la comunidad internacional (como ejemplo la UE entregaba a A-Julani una ayuda de 677 millones de euros mientras su ejército estaba en plena ofensiva).
Todo esto, aparte de preocuparnos hasta el coraje, no debiese extrañarnos en un clima internacional como el descrito anteriormente. Pero lo que nos debe preocupar sobremanera es la ausencia de eco en nuestras organizaciones y medios próximos sobre lo ocurrido. Me cuesta entender los motivos por los que lo acontecido en el Kurdistán y en los territorios controlados por las SDF nos parece lejano, cuando no ajeno.
Cualquiera que esté un poco al corriente sobre el significado práctico y político del Confederalismo Democrático que practican los kurdos puede establecer similitudes claras con los planteamientos sociales de las diferentes prácticas anarquistas extendidas en Europa desde el siglo XIX.
Pero, entonces, ¿por qué nuestros medios no le prestan, cuanto menos, la misma atención de lo acontecido en lugares ideológicamente más lejanos? Puedo entender que la dimensión del genocidio Palestino reciente nos empuje a poner todos los medios en frenar ese crimen, pese a que las alternativas políticas planteadas por Hamas, o quienes se erigen en representantes de los Gazatíes, disten mucho de lo defendido en los programas de tendencia libertaria. Pero, ¿realmente hemos de hacer más nuestro lo ocurrido en Venezuela o Cuba que lo que acontece en Rojava?
¿Qué nos amedrenta de incluir de una forma más natural y propia el ejemplo kurdo? ¿Es acaso porque no enarbolan la sacrosanta bandera roja y negra? ¿Quizás no son un ejemplo suficientemente feminista en un territorio rodeado por los más crueles sistemas patriarcales islamistas? ¿Puede que no sean un elemento con suficiente identidad cultural propia y suficientemente alejados de las modas capitalistas que aquí consumimos con singular alegría? ¿No tienen el suficiente pedigrí libertario que nos empeñamos en buscar en nuestro pasado sin apreciar que es el kurdistán un ejemplo de presente y futuro de democracia directa en unas condiciones atroces?
Dice Hesíodo que cuando Pandora, la Pandora de antaño, consiguió cerrar la jarra de los males dentro quedó, solo, la esperanza. Es nuestro deber hacer que la tapa se cierre lo más pronto posible para que dejen de salir desgracias de ella. Quizás nos dé impulso para taponarla de nuevo el ejemplo de Rojava que, pese a las peores dificultades, resiste. Como aquella pequeña palabra que aguantó hasta mantenerse dentro de la ánfora: esperanza.
Rubén de la Peña




