Un anarquismo que esté a la altura de las circunstancias

Marisol Boulé – Periódico Anarquía

El reconocimiento de los diferentes ejes de opresión ha sido algo bueno para las ideas anarquistas y revolucionarias antiautoritarias. Tenemos que reconocer también el porqué, aunque lo intenten, no cuajan del todo en una izquierda autoritaria, sino que quedan como eslógan, como políticas separadas o temas de campaña electoral. Parlamentaristas y otrxs autoritarixs siempre reproducen la opresión que genera el poder político, el poder separado de la comunidad. La jerarquía no es un tipo de opresión, es la opresión misma que luego se concretiza a través del sexo-género, etnia, clase, etc.

El anarquismo está contra toda jerarquía, contra todo poder político, esa relación que se fosiliza entre dos o más personas y donde una tiene la potestad de mando y las otras solo obedecen con mayor o menor gusto. Entonces, solo el anarquismo, en su sentido amplio, más allá de una bandera o movimiento específico, puede hacerse fuerte sumando sin querer diluir los diferentes ejes de opresión. Lxs ácratas no proponen a las personas que se subsuman a ninguna opresión correcta, en una jerarquía donde lo que piensan no podrá valer lo mismo que lo de otrx. Ninguna instancia debe arrebatar el principio fundamental de las personas a decidir por sí mismas, a desarrollarse con otrxs.

En la propuesta revolucionaria anárquica, el individuo no pierde su posibilidad real de instituir lo social junto a lxs demás. Hay muchas formas de hacer esto, y en todas se trata de ordenarse, autoorganizarse y ponerse de acuerdo con otrxs, organizarse de abajo a arriba, como se ha dicho tantas veces. Y no en una sola y caótica gigante asamblea como dicen lxs autoritarixs de los que hablamos. Así, no se trata, entonces, de movimientos sociales como puentes nefastos de los movimientos políticos. Se trata de potenciar que los movimientos sociales sean anarquistas, más allá de cómo se llamen, que decidan por sí y para sí, que se hagan territoriales y que estén dispuestos a hacer valer sus decisiones después. O sea, que no acepten ninguna jerarquía, eso es reconociendo la idea más radical y poderosa de la muchedumbre: la igualdad.

El problema con las autoridades es la autoridad. La estructura de lxs autoritarixs es la que reproduce la jerarquía, si plantean asambleas es solo para las bases, en su caso bases de una pirámide con alguien arriba. No se trata de intenciones, puede ser la persona más buena, pero se reproducirá la jerarquía, la expropiación del principio instituyente de la comunidad.

Hay que abandonar la fragmentación sin plantear una homogeneidad estatista, y el movimiento refractario por excelencia, el anarquismo, es el único que puede hacerlo dada su propuesta antijerárquica, antiautoritaria. No significa que, dentro de las estructuras sociales, como en las anarquistas, no surja y resurjan relaciones opresivas informales, pero se pueden combatir mejor si no aceptamos ninguna y hay un principio explícito antiautoritario para estar alertas. No podemos seguir siendo anticolonialistas, antiimperialistas, antisexistas, antiracistas, y al final querer mantener personas por encima de otras, reproducir el poder político, eso es, la expropiación a las comunidades de su principio de decisión sobre sus vidas.

No se trata, entonces, de pelear por cual opresión es más importante o determinante, la opresión está ahí, aunque no se vea. No se trata de integrar los diferentes ejes en un “programa político común” sino hacerlos parte de una visión integral contra todas las jerarquías, no ocultando sus trazas, no subsumiendo una opresión debajo de otra, sino siendo parte de una visión que desarrolle las potencias humanas, individuales y colectivas.

Libertad, anarquía, no significa no conflicto, sino modos antiautoritarios y colectivos para resolver los conflictos bajo el ímpetu del imaginario social de igualdad y libertad. Conflictos viejos y nuevos. Los ejes de opresión dividen, frente a la interseccionalidad, cuando no se inscriben en una práctica y un principio de libertad mayor, en el que sabemos qué queremos. La izquierda dice que quiere acabar la opresión sosteniendo el principio de jerarquía intacto, o sea, cierta opresión “justa”.

No estamos en contra de la fuerza, de las potencias, y mucho menos, de la capacidad de defenderse que deben tener las comunidades; estamos en contra de la opresión, del poder político, de la sociedad jerárquica en sí misma. No tenemos que discutir qué opresión es mayor. Los distintos ejes opresivos nos sirven para comprender cómo la opresión, las opresiones se concretizan, la veamos o no. No debemos negarlos o disimularlos: son nuestras herramientas para hacernos más fuertes, más libres.

Contra toda opresión siempre.

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