La fraternidad universal frente al Estado-nación

Eugène Lanti y el movimiento anacionalista

Eugène Lanti (1879-1947), pseudónimo de Eugène Adam, fue un anarquista, nacido en Normandía, vinculado al movimiento obrero esperantista y al concepto del anacionalismo, en el que profundizaremos en el siguiente texto.

Hay que decir que Lanti, término que deriva del apodo francés “L’anti tout” (el anti-todo), no es una figura demasiado conocida en la historia del anarquismo; del mismo modo, el movimiento político llamado “anacionalismo”, que aspiraba a eliminar el concepto de nación (criticando con ello, incluso, al Internacionalismo obrero) no es recordado ni siquiera mencionado en las principales obras sobre cuestión nacional. Es por eso que hay que agradecer a Bernat Castany Prado, cuyos artículos seguimos para elaborar esta entrada, el dar a conocer a Lanti y sus ideas. Este autor, vinculado en un inicio al Partido Comunista Francés, no tardará en comprender que el comunismo soviético no era más que un capitalismo de Estado y un monstruo burocrático controlado por una nueva elite. Será después de la Primera Guerra Mundial cuando Lanti se una al movimiento esperantista, al considerar que esta lengua universal podría superar el concepto de nación, y llegará a fundar la Asociación Anacional Mundial (SAT, según sus siglas en esperanto: Sennacieca Asocio Tutmonda).

Si en los años 20 el concepto del nacionalismo no era suficientemente comprendido, será en 1931 cuando Lanti trate de poner solución con el Manifiesto de los anacionalistas. Su objetivo, como hemos dicho, será superar no solo el concepto burgués de nación, también el internacionalismo obrero, considerado insuficiente, y otorgar al nuevo movimiento de solidez y una buena posición frente a otras propuestas de emancipación obrera. En dicho manifiesto, y ante posibles confusiones, Lanti marca en primer lugar distancias con los internacionalistas, a los que considera ortodoxos si se consideran la única fuerza revolucionaria. Si Marx y Engels afirmaron que “los proletarios no tienen patria”, se considera que no hay desarrollada una crítica profunda posterior el concepto de nación, que se termina aceptando aun en el contexto de la lucha de clases. La culminación de toda esa cultura nacionalista, y es indiferente si si burguesa o proletaria, fue el sangrante conflicto iniciado en 1914, en el cual la alianza entre clases prevaleció frente al antagonismo.

Los anacionalistas consideran que los esfuerzos por la independencia nacional que realizan tantos trabajadores son vanos y reaccionarios (los ejemplos históricos eran ya continuados en tiempo de Lanti); es la lucha de clases cimentada en todo rechazo a toda nación y a todo Estado la única herramienta que puede conducir a la fraternidad mundial. Esta deseada unión mundial, en la que los trabajadores se organizarían por industrial, supondría el fin de las fronteras nacionales, y con ellas de los Estados, pero no de las diferencias individuales. La unidad será de espíritu, pero el tiempo libre que otorgará una racional distribución del trabajo hará surgir, para Lanti, un fuerte cultivo de la individualidad caracterizado por el surgimiento de ideas, sentimientos y expresiones artísticas plurales y originales. Como se ha dicho, el movimiento anacionalista tiene uno de sus grandes pilares en la lenguna esperantista, que consideran la solución para el problema lingüistico de la futura fraternidad mundial.

Una de las principales fuentes filosóficas del anacionalismo será el cosmopolitismo, que Lanti consideraba similar en muchos aspectos, si bien el nuevo movimiento hará una mayor hincapié en lo político recordando su estrecho vínculo con el anarquismo y su esperanza en que el esperanto ayude a las intenciones universalistas. Otro de los puntos de apoyo ideológicos para el anacionalismo será el pacifismo, ya que se considera que todo conflicto bélico es entre hermanos al no existir fronteras nacionales. La profunda crítica al patriotismo que existe en el anarquismo, ya presente en los pensadores clásicos y culminando con un Bakunin que lo considerará un “culto al Estado” (no diferenciado del que se realiza a la divinidad), no parece diferenciarse de la que realiza el anacionalismo; si acaso, en la confianza exclusiva en el esperanto que depositan las ideas de Lanti. Esta aversión al patriotismo atraviesa todo el pensamiento y la acción anarquistas, ya que se trata de un concepto que enfrenta a los seres humanos creando una cultura estrecha y limitada y obstaculizando la deseada fraternidad universal. Otra de las influencias mencionadas para el anacionalismo es el homaranismo, al parecer, una doctrina originada en el judaísmo, pero que tiene sus pilares igualmente en el cosmopolitismo, en el pacifismo y en la lengua universal del esperanto.

Capi Vidal

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