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Falsarios

Uno se pregunta cómo, ante las constantes mentiras de la clase política, la ciudadanía es seducida una y otra vez por la manipulación electoral. Dichos embustes, dirigidos principalmente a sus propios feligreses en función de las simpatías de cada uno, se producen por supuesto a ambos lados del espectro político. Así, cuando cada uno de estos personajes van siendo oficialmente pillados en sus corrupciones y corruptelas, a nivel tanto moral como material, niegan la mayor a pesar de existir numerosas y palpables pruebas documentales. En otro momento, nos ocuparemos de los embustes manipuladores de nuestros políticos actuales, pero me gustaría ocuparme ahora de dos de los “mayores estadistas” de la historia reciente de este inefable país. Empiezo por lo fácil, que es atender a los vómitos cargados de falsedad expresados recientemente por el repulsivo José María Aznar. Este personaje aseguró no conocer a Francisco Correa, uno de los principales delincuentes condenados en una de las mayores tramas criminales de este país, la Gürtel. Nos tenemos que tragar dicha mentira, expresada sin pudor, a pesar de ser uno de los principales testigos de la boda de la hija del nausabundo Aznar, además de la persona que corrió con gran parte de los gastos, y ser el organizador de los mitines del Partido Popular.

Los lideres de este partido conservador, y por supuesto tan católico, con el repelente Aznar a la cabeza, siguen negando la existencia de una caja B, a pesar de lo que afirman las principales instituciones judiciales del sistema que ellos dicen defender cuando les interesa. Da igual que esté demostrada esta contabilidad extraoficial dentro del PP, y de los numerosos casos de corrupción existententes en el partido, siendo procesados todos los tesoreros en los últimos años, el antiguo falangista Aznar sigue afirmando tener una hoja de servicios limpia de la que sentirse orgulloso. Está demostrado, y claro está, negado repetidas veces por él, los negocios que realizó con el dictador Gadafí, donde por cierto ya figuraba también el nombre del actual secretario general del partido, Pablo Casado, en alguna factura. Aprovecho para denunciar la intolerable hipocresía de aquellos que denuncian ciertos regímenes autoritarios por conveniencia política, e incluso actúan militarmente sobre los mismos causando multitud de víctimas civiles, pero negocian e instrumentalizan muchos otros sobre los que callan sus desmanes. Por supuesto, para el abominable Aznar, clama el cielo para una mente mínimamente despierta, España no participó militarmente en la Invasión de Irak, que se lo digan a los familiares de los 11 soldados fallecidos pertenecientes al Ejército de este país.

Cojamos a otro de nuestros clásicos, un personaje contemporáneo incluso para mí más inicuo que el inmundo Aznar, el artero Felipe González. Parece mentira que este personaje sea hoy añorado por ciertos progresistas y da una idea del nivel en que nos encontramos. Hagamos una homenaje al gran Javier Krahe y recordemos el “hombre blanco hablar con lengua de serpiente”. Y empezaremos, por supuesto, por la madre de todas las falsedades, la instrumentalización del NO a la OTAN para conquistar el poder democrático por parte del PSOE allá por 1982. Por supuesto, el gran partido de la corrupción, con ya varios años en el Gobierno, era hace años el mal llamado socialista, aunque hoy ya sería discutible tal cosa -va a ser que la corrupción va ser cosa del poder-, algo que fue negado una yo otra vez por su líder. El traicionero Felipe González, al igual que Aznar y muchos otros líderes de partido, no fue procesado, ni siquiera mínimante salpicado, por corrupción ni por las actividades de terrorismo de Estado, a pesar de ser el principal responsable de Gobierno. Será que la inmunidad no es cuestión solo de reyes, no importa el volumen de crímenes y felonías que lleven a cabo todos estos estadistas. La principal mentira del hipócrita Felipe González, y lo digo yo, que no tengo a día de hoy ninguna confianza en ninguna fuerza política con aspiraciones de gobierno -es lo que tiene la lucidez ácrata y nihilista-, es haber realizado la más perfecta política derechista con un pelaje izquierdista. Lo seres humanos, no importa las ideas que a priori tengamos, debemos ser así de papanatas. Lo dicho, seguramente, he ido a lo fácil con estos dos grandes clásicos del engaño político, pero recordemos que la mentira es un instrumento habitual de toda la clase política. Máxime, en le era de la posverdad y de la razón de Estado posmoderna, en la que debe haber fenecido todo pensamiento crítico.

Juan Cáspar

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