Ateos y agnósticos

Hace muchos años, discutiendo estas cosas de la religión y manifestándome abiertamente ateo, me comentó mi interlocutor, que se llamaba… Se me ha olvidado. La cuestión es que me aseguraba que yo era un creyente, ya que tomaba partido por algo que no podía ser demostrado, esto es, la inexistencia de Dios. O sea, que de Dios no se puede demostrar ni que exista ni que no exista. Y si yo digo que no existe, soy tan creyente como uno que se lee la Biblia al revés. La postura racional para mi amigo –dijo– era manifestar una actitud de ni creer ni de no creer, es decir, esperar al momento de la muerte que es cuando se resuelve el dilema.

Yo le di la razón. No se puede demostrar que exista Dios, ni que no exista. Es verdad. No había caído. Entonces le propuse cambiar la hipótesis «dios», por la hipótesis «hombre lobo», o sea, un licántropo que en las noches de luna llena, cambia su forma humana por la de un lobo sanguinario que devora a sus víctimas, o que las maldice si las hiere confiriéndoles sus cualidades: metamorfosis selénica, fuerza asombrosa e invulnerabilidad solo abatible con balas de plata. O al revés, el Lobo Hombre, que sería un lupus carnívoro, que mordido por un vegano o vegana, en las noches de luna nueva se transforma en humano y se dirige corriendo –tras robar algo de ropa–, al primer restaurante que proporcione comida exenta de productos animales.

Ahí se quedó un tanto amoscado… ¿Estaba comparando la idea de Dios con la del Hombre Lobo? Pues por supuesto, ¿por qué no? ¿Alguien puede demostrar que Drácula, la Momia, el Monstruo de Frankenstein, hadas, zombis, sirenas, duendes, cíclopes, fantasmas, demonios, brujos-no-muertos,  hombres serpiente, faunos, súcubos, íncubos, sátiros, centauros, ninfas, gigantes, dragones, gorgonas, quimeras, espectros, unicornios, yeguas antropófagas, Caperucita Roja… Dios y una infinita sucesión de criaturas, son seres imaginarios? No se puede demostrar. Así que la postura agnóstica sería, digo yo, la de una persona que pone en duda la inexistencia del vampirismo, porque podría ser real y hay que tener en cuenta esa opción en caso de anemia aguda. Tal vez no sea déficit de vitamina b12, si no de la visita nocturna de un puto murciélago que te pide que abras la ventana.

Mi posición: no se puede dar ni un margen de duda a Dios o a los dioses. No. Dejar abierta una puerta a esa criatura ficticia, es permitir que siga existiendo (sí, existiendo en tu interior racional) una barbaridad en cuyo nombre se han cometido los crímenes más grandes. Alguien tiene que plantarse y declararse ateo, aunque solo sea para que esa opción racional entre en catálogo. ¿Y dónde quedaría el agnosticismo? Para mí un agnóstico, no es más que un ateo que no se atreve a abordar la inexistencia, la aniquilación, la desaparición. Porque sabedlo: con displicencia, sin drama, la finalidad de toda vida, es la muerte. Que es lo que teníamos antes de nacer.

Agnóstico, da un solo paso, húndete en el abismo.

Acratosaurio rex
https://www.alasbarricadas.org/noticias/node/54168

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