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La lucha contra el antisemitismo: un combate que no se puede eludir

Reproducimos un artículo aparecido en el periódico Le Monde libertaire, publicado semanalmente por nuestros compañeros franceses. Aunque hace algunas alusiones a Francia, pensamos que se puede entender fácilmente y de alguna manera trasladar a nuestra sociedad.

A menudo oímos que calificar los discursos o las prácticas antisemitas (o racistas, o sexistas, etc.) solo es un medio de ensuciar o de descalificar. Ese planteamiento puede ser sincero, pero tiene como consecuencia el impedir identificar el antisemitismo o minimizarlo. Es con mucha frecuencia una estrategia que permite evitar plantar cara al antisemitismo o proceder a una puesta en cuestión. Encontramos estrategias de defensa y de negación comparables en cualquier otra forma de racismo.

No ignoramos que las corrientes reaccionarias en el seno de las minorías nacionales tratan de asimilar toda crítica desde sus proyectos políticos hasta el racismo con el fin de acallarla. No ignoramos que esas corrientes reaccionarias desarrollan su influencia, incluyendo el campo progresista. Por otra parte, tales procedimientos (así como la insuficiencia sobre la cuestión colonial o la islamofobia) deberían ser criticadas como tales y no servir de pretexto para descalificar la lucha contra el antisemitismo y quienes la llevan. Eso no debería conducir al movimiento progresista a evadir el problema de los discursos y las prácticas racistas, incluidas en su seno.

Para algunos, no habría que hablar de islamofobia, ya que los reaccionarios religiosos utilizan el mismo vocabulario. Para otros, no haría falta hablar de antisemitismo, ya que los sionistas califican toda crítica del sionismo como antisemita. Por nuestra parte, creemos que hay que llevar el frente de lucha contra el antisemitismo y la lucha contra la islamofobia, sin minimizar ni uno ni otro, porque son dos caras de una misma moneda tendente a definir una identidad nacional mayoritaria por oposición a los grupos minoritarios y a dividir a los oprimidos.

En periodo de confusión, clarificar posturas es una necesidad

Vivimos un periodo histórico turbulento. En estos tiempos, es necesario analizar serenamente los fenómenos sociales a los que nos enfrentamos. La crisis económica y social actual empuja a una parte de los oprimidos a buscar alternativas. En estas circunstancias, los fascistas van a tratar de mostrarse como una de ellas. El antisemitismo es uno de los instrumentos que se lo permiten, pues es la base de un pseudocapitalismo racialista que presenta a los hebreos como pseudoclase dominante en lugar de la burguesía. Está destinado a recuperar y orientar la revuelta de una parte de la población, y especialmente del proletariado, en un sentido pogromista más que revolucionario, movilizándola tras la burguesía nacional contra la “dominación sionista”, el “capital apátrida”, la “banca” y las “finanzas”, asociados a la minoría judía mediante estereotipos racistas clásicos. Sustituir la “revolución social” por la “revolución nacional/racial” es la función histórica del antisemitismo, creando confusión en el seno mismo del campo progresista.

Así, la permanencia de corrientes antisemitas a lo largo de la Historia en el seno del movimiento obrero aparece como una evidencia, al igual que la permanencia de corrientes racistas o coloniales. No podría ser de otra manera: como cualquier sistema de dominación, como el patriarcado por ejemplo, el racismo no se detiene a la puerta de las organizaciones progresistas, y la adhesión a esas organizaciones no hace desaparecer mecánicamente los efectos de la ideología dominante. Porque el antisemitismo, al igual que el racismo colonial y la islamofobia, forman parte de la ideología dominante en Francia, porque son parte indisociable de la ideología nacionalista y de la literatura nacional francesa.

 

Mentirse no hará desaparecer el problema: todo lo contrario

Aunque una parte de los militantes esté dispuesta a aceptar la idea de que el antisemitismo existe, incluido en los movimientos progresistas, este fenómeno es calificado casi sistemáticamente de marginal. Haciendo así, se demuestra no solo que no se comprende la utilidad del antisemitismo para el capitalismo en crisis, sino que se evita todo balance sobre las responsabilidades en el seno del movimiento progresista en el desarrollo de un antisemitismo de masas. Esta situación conduce a adoptar frente al antisemitismo la actitud de reprochar con justicia a otros enfrentamientos de la islamofobia: el rechazo a la clarificación, el rechazo de la reflexión, el rechazo a una crítica que establezca las responsabilidades en el movimiento progresista respecto al desarrollo de una islamofobia de masas.

La recuperación de algunos textos de nuestra corriente por parte de los reaccionarios es un síntoma de todo ello. Significa que no hay ya toma de conciencia, que en periodo de hegemonía cultural de la reacción hay que evitar a toda costa dejarse llevar a la confusión ideológica.
Para evitar dejarse llevar por esta confusión, nuestros combates deben ser transversales: nuestro anticolonialismo debe apuntar prioritariamente al imperialismo francés, el país en que nos encontramos. La solidaridad anticolonial (con los palestinos, los kurdos, etc.) y la oposición a otros imperialismos se hacen, de este modo, desde una base de clase clara, e impide derivas tales como el apoyo a regímenes dictatoriales en Rusia, en Siria o en Irán. La lucha contra la islamofobia debe articularse con la lucha contra el antisemitismo, como la lucha contra el antisemitismo debe articularse con la lucha contra la islamofobia y el colonialismo, sin lo cual estará condenada a trabajar al servicio de las tesis de Dieudonné y de Alain Soral, tesis sionistas, así como las del legitimismo republicano y burgués, del “choque de civilizaciones” o del nacionalismo francés.
Este tipo de cuestionamientos es necesario. Y deben leerse en cada uno de nuestros actos si se quiere evitar que discursos surgidos del campo progresista hagan la cama a la reacción, y si se desea reconstruir el campo revolucionario sobre bases sólidas e irrecuperables por nuestros enemigos políticos.

 

El combate contra el antisemitismo es un combate de clase

Por último, es necesario insistir en que el combate contra el antisemitismo y el confusionismo, no más que la calificación de los discursos fascistas por lo que suponen, no es un combate moral. Es una necesidad de clase, que no tiene nada que ver con “el mundo virtual” ni con la buena conciencia, y todavía menos con una visión “policiaca” de las cosas.
En primer lugar, recordemos que la mayoría de judíos de Francia forma parte del proletariado. No es una casualidad que sean numerosos en la ciudad popular de Sarcelles y en el distrito más pobre de París, el XIX. Es también bastante curioso que se ignore a toda esa franja del proletariado. Esta indicación vale igualmente para quienes, como el Partido de los Indígenas de la República (PIR), pretenden dirigirse a las personas procedentes de las antiguas colonias francesas, olvidando a los judíos procedentes de familias sefardíes y mizrajim.

Cualquiera que participe en la lucha de clases puede constatar hasta qué punto permite el discurso antisemita hacer desaparecer la burguesía a los ojos de los explotados, designándolos como una pseudoclase dominante. Como hemos dicho bien alto, es incluso su función histórica. En el mejor de los casos proponen la resignación, y en el peor la violencia racista contra los judíos. En efecto, es importante darse cuenta de que no se puede tratar el antisemitismo como otra forma de conspiracionismo: si la persecución a los illuminati lleva a la inacción y no ha tenido verdadero impacto sobre el mundo real, los ataques a las sinagogas y los atentados antisemitas son una realidad difícil de ignorar.

Cualquiera que esté implicado en la lucha de clases puede constatar que el antisemitismo es utilizado hoy, como lo fue históricamente en el Magreb o durante el periodo colonial, por una parte de las clases dominantes para dirigir la cólera de otros racistas contra la minoría nacional judía, presentándose fraudulentamente como su protector. Del mismo modo que Édouard Drumont ha sido utilizado en el Magreb por el sistema colonial para desviar la cólera de los colonizados en un sentido pogromista, Dieudonné y Soral fueron utilizados después de la revuelta de 2005 en los barrios populares para desempeñar el mismo papel.
El combate contra el antisemitismo es una necesidad revolucionaria. Rechazarlo, rechazar todo lo que implique de autocrítica y clarificación, es abrir camino al fascismo, incluyendo entre ellos a quienes parecen cercanos a nuestras ideas, y favorecer el desarrollo de ideas revolucionarias. En el seno de la minoría nacional judía, supone también favorecer el desarrollo político del legitimismo (es decir, del apoyo incondicional al orden republicano burgués considerado como el único defensor de los judíos), o del sionismo, que pueden presentarse, de este modo, como las únicas alternativas al antisemitismo

Judíos y judías revolucionarios

Publicado en el periódico Tierra y libertad núm.324 (julio 2015).

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