La Solidaridad

Se nos ha llevado a creer, desde Hobbes, que la abolición del Estado acarrea el rompimiento de los lazos sociales y nada más lejos de la verdad. Por el contrario, son tan fuertes, que el Estado se ocupa de minimizarlos para que no se muestre la gratuidad de su existencia, que no nos demos cuenta que hoy la cooperación no es mutua, que muchos cooperan y pocos se benefician. Esta sociedad de hombres libres que se apoyan mutuamente, es  la anarquía. La anarquía es el orden generado por apoyo solidario de hombres libres e iguales. Estar con ella es estar contra el desorden artificialmente impuesto para así poder someternos. Son miles los ejemplos que muestran que, ante una situación difícil en el orden interno, nada mejor que inventar una guerra contra algún vecino.

¿Pero acaso Hayek y la corriente neo-liberal no pretende inculcarnos que la única alternativa es que muchos mueran para que unos pocos sobrevivan? ¿No es lo que dice Darwin acerca de que necesariamente sobreviven los más fuertes y que muchos débiles necesariamente han de sucumbir para que esos pocos tengan éxito?

Frente a estas cuestiones se abren dos alternativas para responder. Una es que cabe  preguntarse, en tiempos del genoma y la ingeniería genética, cuál puede ser el peso de la teoría de Darwin en la evolución humana que gracias a la técnica está, para bien o para mal, en nuestras manos. Este asunto no lo voy a tratar aquí, porque en esta ocasión he pretendido traer a los clásicos a nuestra presencia. Con ello no quiero hacer de sus resultados una Biblia, sino mostrar como, a pesar de que ellos se enfrentaron a los problemas de sus circunstancias, con el mismo espíritu podemos, y debemos, enfrentarnos a los nuestros. Ver cómo lo hicieron es lo que nos enseñan, aunque no siempre compartamos sus resultados. Aunque los que siguieron a Colón no repitieron su ruta, saber cómo había llegado fue de gran ayuda.

El darwinismo social, que no fue impulsado por Darwin, precisamente, sino por Spencer y Huxley, proyectaron a la sociedad, siguiendo a la tradición de la filosofía política inglesa desde Hobbes, el sentido de lucha por la vida y el triunfo del más fuerte. Pintaron a los hombres primitivos como bestias feroces, que capturaban a las mujeres a golpes de garrote y vivían en permanente robo de unos a otros, generaron a Tarzán un hombre que se había hecho solo entre animales sin necesidad de otros hombres y de esta situación Huxley dijo que habían sido salvados por unos seres superiores creadores del Estado y la sociedad (Ver La lucha por la existencia de T Huxley].

Después de ellos, muchos fueron los que de una u otra manera adoptaron esa posición: el marxismo enarboló la lucha de clases y el triunfo inexorable del proletariado porque es el más fuerte, el Patria o muerte de los revolucionarios latinoamericanos, el self-made-man de los grandes empresarios americanos, la revolución avanza a paso de vencedores derrotando a los escuálidos y hasta se invocó a los extraterrestres para que vinieran a enseñar a unos monitos la manera de estructurar una sociedad civilizada, hacer pirámides, obedecer a los reyes y rezarle a los dioses.

Fue Kropotkin quien respondió a Huxley y su Lucha por la existencia, con su famoso El apoyo mutuo, que a la larga fue la verdadera fuente inspiradora para el estudio de la evolución en los genetistas contemporáneos. De hecho, cuando Kropotkin, que llegó a ser secretario de la Academia de Ciencias de Rusia y distinguido con Medalla de Honor, publicó su obra, Huxley se negó a polemizar con él, a pesar de que fuera oficialmente invitado a hacerlo, tan abrumadora fue la posición del anarquista. Kropotkin dice claramente:

Frente a algunos naturalistas que hicieron honor a su educación burguesa, estimándose continuadores del método científico de Darwin y proclamando que la destrucción del más débil era la ley natural, nos fue fácil probar que no fue siquiera esta la conclusión del mismo Darwin y que la cooperación y el socorro mutuo no contradicen en modo alguno la teoría de la selección natural.

Y es así como dice Kropotkin, porque el mismo Darwin, cuando usa la expresión la lucha por la vida, advierte que no se la debe tomar en sentido estrecho y en El origen del hombre hace claras referencias a que en las sociedades primitivas humanas tal competencia desaparece porque el desarrollo de las capacidades morales e intelectuales depende de la cooperación. Cuando Darwin se refiere a la  vida, es la lucha contra la hostilidad del medio ambiente y no a la lucha intraespecífica o interespecífica.

En consecuencia, frente al renovado y anacrónico darwinismo que se trata de imponer, la primera operación sería el rescate que hagamos, desnaturalizados como estamos por el artificio del Estado que han promovido al egoísmo por todos los medios, del talante natural que le permitió a Nettlau sintetizarlo en la expresión “¿Qué es el apoyo mutuo sino la lucha por la vida colectiva?”. Pero este rescate no puede resultar sino de la innominada multitud, dice el mismo Kropotkin, la misma que permitió que se le usurpara su modo de ser, y es la única que puede recuperarlo y esto sólo se puede hacer si el resultado del conjunto es el efecto del cambio en cada uno de nosotros, que adoptemos una nueva moral para fundar nuestra conducta colectiva.

Alfredo Vallota

[Sección tomada del ensayo Anarquismo, Método y Moral, Madrid, Federación Ibérica de Juventudes Libertarias, s.f. El texto completo del ensayo está disponible en https://juventudeslibertariasmadrid.files.wordpress.com/2012/06/vallota-1c2aapag-morado.pdf.]

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