Como es evidente, resulta altamente complicado mantenerse de forma permanente en posiciones, digamos, “radicales abstractas” sin verse con ello forzado a prácticamente abstraerse de los problemas hoy muy auténticos y muy concretos del mundo. Y esto lo dice un ácrata, más bien irredento y, encima, con cierta influencia nihilista (ojo, precisamente, a mi lúcido modo de ver las cosas, para eludir el dogmatismo más lamentable). Desgraciadamente (para mí, al menos), he conocido a alguna que otra persona, lamento decir que incluso dentro del movimiento libertario, que ante ante la toma de partido por algún conflicto concreto, dentro de este mundo que sufrimos y que tan poco nos gusta, decidían enrocarse en posturas según las cuales solo había que aspirar a un mañana revolucionario que todo lo cambiaría (y traería, o más o menos, la felicidad para todo quisque).
A poco que pensasen estas personas, no son visiones demasiado realistas, ya que todos y cada uno de nosotros formamos parte de dicho mundo injusto, en la medida cada uno según su grado de valentía e insumisión, por lo que hay que tomar demasiadas veces ciertas decisiones entre lo malo y lo peor. Y esto, a pesar de que los ácratas, normalmente, desean reproducir aquí y ahora la sociedad que desean para mañana (pero, claro, en función de que se pueda y nos dejen). Y es que, a diferencia de otros “revolucionarios”, que aspiran a conquistar el poder y a regularizarlo todo (por lo que pueden aplaudir abiertamente ciertas decisiones), los anarquistas lo tienen algo más complicado. Estos, anhelan acabar con el Estado, es decir con la ley jurídica (ajena a la que pueda otorgarse la propia sociedad), lo cual no quiere decir por supuesto que no haya otros paradigmas, no coercitivos desde una instancia de poder, de comportamiento humano. Particularmente, siempre he sido partidario de buscar un equilibrio entre esas tomas de posturas (y de acción) radicales que reproduzcan la sociedad que nos gustaría y una aceptación (gustosa, a mi modo de ver) de que la gente que sufre, en el mundo actual, pueda vivir mejor incluso con las herramientas que nos son ajenas. A lo que voy. La reciente regularización de miles de personas, por parte del gobierno más increíblemente progresista de este universo del multiverso, supuso unas mejores condiciones de partida para personas que hasta ese momento eran “ilegales”.
Ante ello, podemos enrocarnos en eslóganes como que “ninguna persona es ilegal”, en la insistencia en el libre tránsito para que cada uno busque una vida mejor, en la fraternidad universal… etc., etc.; todo ello, que por supuesto yo abrazo sin dudarlo, desgraciadamente no soluciona los problemas concretos de tantas personas humildes, aquí y ahora. Por otra parte, esa regularización, que no olvidemos también han realizado otros gobiernos más del ala conservadora (lo cual tiene que hacernos pensar), convierte también a los inmigrantes en una masa explotable necesitada por un sistema económico basado en eso, en que los tienen unos medios exploten a los que solo tiene su fuerza de trabajo. En otras palabras, las migraciones forman parte de la lógica explotadora del capitalismo, tan evidente como eso e importante es también insistir en ese análisis. Repito, los utópicos anarquistas no lo tenemos nada fácil, a diferencia de cualquier otra opción política de conquistar el poder y tomar decisiones en lugar de que lo hagan las propias personas afectadas, en esa búsqueda estéril de soluciones definitivas. No obstante, lo digo sin rodeos, me alegro de que las personas con las que convivo en este tipo de sociedad, procedentes de múltiples regiones del mundo, tengan los mismos derechos que yo mismo (para poder, en la medida de lo posible, acceder a un empleo con mayores garantías, una mejor vivienda, etc., etc.). ¿Me hace eso tener una mentalidad “burguesa”?; no lo sé y me la repamplinfa. Dicho esto, dejaré claro que no es que esté aplaudiendo que un determinado gobierno “regularice”, sino que sencillamente me alegro de que mejore la situación de tantas personas, vayamos con lo ocurrido recientemente cuando miles personas han tratado de traspasar la frontera de Ceuta para llegar a territorio español.
Esta nueva crisis humanitaria, que ya ha ocasionada al menos 67 muertos cuando escribo estas líneas, algunos seres inicuos y/o papanatas la han calificado nuevamente de “invasión” y han querido ver el origen en el “efecto llamada” de la reciente regularización masiva en España (como, especialmente, el ala más diestra no está sobrada de léxico, aclararé que con “inicuos” me refiero directamente a seres despreciables y como “papanatas”, en este caso al menos, a idiotas que normalmente siguen a los primeros). Hay que decir que Pedro Sánchez, presidente del gobierno de este inefable Reino de España, ha manifestado la situación como “un ataque, una violación de la integridad territorial de España” y ha aludido como causantes a las mafias que trafican con migrantes, mientras que se ha esforzado en reforzar la frontera con Marruecos; en fin, que cada uno vea lo que quiera, pero no observo yo mucha diferencia con lo que puede sostener la derecha oficial (junto a la ultraderecha, ambas muy parecidas).
Sin embargo, el auge reaccionario actual en Europa ha supuesto que algunos gobiernos critiquen las “políticas migratorias” en España, supuestamente débiles para defender la frontera que protege a la vieja y mezquina Europa de los parias de la Tierra. Ningún poder establecido señala a la muy despreciable dictadura marroquí, no olvidemos que gran aliada de Estados Unidos (y, ojo, de Israel), como responsable de usar a las personas como figuras en un tablero geoestratégico. Sea como fuere, desde Bruselas se piden medidas más fuertes a través de algo repulsivo denominado Frontex, una agencia europea de salvaguarda de costas y fronteras; es decir, la solución pasa por más fronteras, más control, más vigilancia, mientras el mundo ofrece escasas posibilidades a tantas personas obligadas a dejar su país de origen. Lo dicho, un mundo real, aquí y ahora plagado de injusticia e hipocresía con paulatinas crisis encadenadas. Seguiremos trabajando, aquí y ahora, por esa sociedad horizontal, libre y fraternal, que tanto nos gustaría, lo cual es paralelo a que las personas tengan una existencia mínimamente digna (insistiremos, aquí y ahora).
Juan Cáspar
https://exabruptospoliticos.wordpress.com/2026/08/02/las-crisis-migratorias-y-el-mundo-que-sufrimos/




