ACRACIA ANARQUISMO NIHILISMO

Lo mismo soy rabiosamente posmoderno

Cuando uno, con su impagable lucidez, observa a tanto bodoque quejándose del «pensamiento posmoderno» no puede por menos que casi simpatizar con esta confusa época que vivimos por, al menos, ser un posible punto de partida para un mejor horizonte. Y es que esos «intelectuales» que se lamentan del feminismo «radical», de lo queer, de lo woke, del animalismo, de la insistencia en el cambio climático o del lenguaje inclusivo, como si todo ello constituyera una «filosofía» de la posmodernidad y no meros síntomas, lo único que hacen es poner en evidencia su supina ignorancia y su abierta idiocia. No es nada casual que todo esos quejumbrosos iluminados sean en realidad dogmáticos y/o reaccionarios que siguen defendiendo postulados del pasado (es decir, en algún caso «modernos» en el peor de los sentidos). No, adelanto que ni soy posmoderno, ni dejo de serlo, ya que lo que esos dañinos botarates no comprenden es que hablamos, obviamente, de una determinada época donde sencillamente hay que poner en cuestión las promesas de la modernidad con sus sueños de progreso y liberación. Sí, es posible que hoy en día esto no se exprese de tal modo, pero creo que en el fondo es lo que subyace a pesar da las continuas crisis de toda índole; y, subyace, bajo los parámetros del sistema que vivimos y sufrimos, léase, el Estado-nación liberal y democrático, en su forma política, y el maldito capitalismo, en el campo económico. Pero, maticemos sobre modernidad y posmodernidad.

En primer lugar, como ya he dicho, todo eso de lo que se quejan esos torpes de entendimiento son meras consecuencias de la época que vivimos. Síntomas, para bien o para mal, con su lado bueno y con sus cosas cuestionables; claro, para algunos, de naturaleza dogmática y/o reaccionaria, simplemente para mal. En segundo lugar, no tengo yo tan claro cuándo se establece una frontera entre lo que se ha dado en llamar modernidad, con sus innovaciones tecnológicas y revoluciones industriales (léase, capitalismo en sus diferentes fases) y lo que ahora denominamos de modo crítico posmodernidad. Sesudos pensadores aseguran, y yo puedo estar de acuerdo, que ese salto de una época a otra resulta impensable sin la aparición de ciertas tecnologías que dan lugar a ciertas operaciones de pensamiento y representaciones simbólicas antes inéditas. Por ejemplo, la imprenta y el libro serían en su momento una de esas tecnologías y, ya en el siglo XX, otra serían los ordenadores y el tratamiento de la información. Haríamos bien en comprender, si verdaderamente hacemos uso del pensamiento crítico, algo no muy extendido hoy en día, cómo estamos condicionados por todo ello; claro, reaccionarios y/o dogmáticos no necesitan comprender nada, ya que solo necesitan reafirmarse una y otra vez en sus creencias axiomáticas (sea lo que sea lo que signifique eso).

Y, en cualquier caso, yo creo que todo esto supone todo un debate en torno hacia el auténtico progreso, en cómo se produce el conocimiento y se desarrolla la conciencia, en la posibilidad que tiene la razón crítica, en si la verdad o los valores tienen un camino único o en si existe o no una determinada condición humana. El que no haya respuestas definitivas para todo ello, en mi nada humilde opinión, ya supone un punto a favor de poner en cuestión todos esos sueños emancipatorios iniciados en la modernidad. Y ello no supone renunciar a ellos, sino no aceptar que se produzcan bajo los parámetros de un sistema político y económico nefasto (a pesar de su maquillaje democrático, progresista y liberal). Y otra, digamos, ideología que surge en la época moderna es el llamado individualismo, donde será el sujeto de derecho la unidad constitutiva de lo social; se ha establecido no pocas veces una dicotomía simplista entre individuo y comunidad, pero hay que aceptar lo poliédrico de ese supuesto individualismo de carácter unívoco, en ese sentido las ideas anarquistas han tenido mucho que aportar y es uno de los motivos por los que uno, nada exento de perspicacia y discernimiento, se ha visto atraído por ellas. No, a pesar del sarcástico título de este impagable texto, lo cierto es que no tengo ni puñetera idea sobre si soy moderno o posmoderno y tampoco me importan demasiado esas etiquetas. Más bien, a diferencia de esos indescriptibles reaccionarios que quieren volver a valores periclitados o de esos dogmáticos que persisten de manera botarate en su visión de la historia y el progreso, uno se muestra lúcidamente crítico en busca de un mejor horizonte.

Juan Cáspar

3 comentarios sobre “Lo mismo soy rabiosamente posmoderno”

  1. Sí, Caspar, ser rabiosamente crítico esa es la condición del pensamiento para no ser reaccionario ni dogmático. ¿¿ Las etiquetas??… «Pos», (como dice acratosauriorex) …son lo de menos.

  2. Yo hace poco me enteré que era «millenial»… De la «generación Y» soy.

    Nos llueven ostias y no «hostias» por todas partes y, todavía, no nos enteramos de lo que somos en estos momentos.

    Bueno… Yo ya asumiendo que soy «millenial» me retiraré al sofá que es dónde parece que nos quieren.

    Un saludo.

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