Negocios sangrientos

Al parecer, al mismo tiempo que el superviviente al frente de este inefable país, Pedro Sánchez, supuestamente, criticaba al Estado de Israel y apoyaba al pueblo palestino, el Ministerio de defensa español corroboraba la compra de no sé cuántos misiles a una empresa hebrea. Para quien quiera confirmar la información, no la busquéis en los inicuos medios generalistas, haced un poquito de esfuerzo. Para mayor complicidad genocida, dichos misiles, utilizados por las fuerzas armadas israelíes, tienen el reclamo en el mercado internacional de haber sido probados en combate y todos sabemos lo que eso significa en cuanto a crímenes de guerra (valga el pleonasmo). Israel es toda una potencia en lo que atañe a la industria armamentística, y también en el control de las fronteras, y la complicidad con los principales países de la vieja y mezquina Europa es manifiesta. España, por supuesto, gobierne quien gobierne, no es ninguna excepción. Hay algunos Estados, como es el caso de Noruega, que se niegan a exportar armas a Israel; sin embargo, la cosa tiene trampa a nivel industrial cuando hay ciertos chips, u otros componentes de los armamentos, fabricados en el país escandinavo, o en muchos otros como es el caso de España, que pueden perfectamente acabar en armamento utilizados por las fuerzas israelíes.

Recordaremos otros intentos para boicotear el flujo de armas a países en guerra y la excusa ha acabo siendo el sacrificio de puestos de trabajo en esa perversa industria. En fin, el inicuo sistema económico en el que vivimos, del cual todos somos cómplices en mayor o en menor medida, aunque siempre unos más que otros. La mayor parte de cazas del Estado de Israel, que han arrojado las bombas que están destruyendo la franja de Gaza, provienen de la industria armamentística estadounidense a lo que se unen los buques de guerra construidos en Alemania. Y salvando esas naves de combate, el nivel de la industria armamentística israelí la ha convertido en un país importante en el comercio mundial, mientras que es el segundo en gasto militar per cápita, según datos de 2022, solo por detrás de Qatar. Hay quien sostiene que este hecho, que Israel haya alcanzado ese estatus, es por haber convertido la producción de armas en el centro mismo de su sociedad, industria e identidad consecuencia del sentimiento de ser una nación rodeada de enemigos.

Por otra parte, tengo la insana sensación, el hecho de permanecer siempre en ese estado de guerra es algo aprovechado por gente con mucho poder, políticos, empresarios y militares. Me pregunto cuántas empresas fabricantes tienen las manos machadas de sangre y no solo en Israel, en tantos y tantos Estados en connivencia con el sistema capitalista. Este gobierno de este indescriptible país, cuando se encontraba en funciones y antes de forma una nueva coalición increíblemente progresista, ratificó ya hace poco una serie de acuerdos que comprometen ingentes cantidades de dinero para el desarrollo armamentístico. La excusa es, claro, futuras amenazas bélicas y dotar al glorioso ejército hispano de nuevas capacidades y detrás está, por encima de cualquier subterfugio, cumplir con los compromisos adquiridos con la OTAN, con Estados Unidos a la cabeza, que exige a sus miembros tener unas fuerzas armadas muchos más potentes para los supuestos riesgos que nos atenazan. Esta ha sido la dinámica de los últimos años, con el colofón de la cronificada guerra en Ucrania y la masacre en Gaza, donde se han lanzado a un desorbitado gasto militar, los países alineados con el bloque occidental, Japón, Australia, Filipinas o Corea del sur, y los que no, como es el caso de Rusia, China, India o Irán. El camino es, por supuesto, seguir fieles a unos sólidos principios antimilitaristas y antiautoritarios, que denuncien esa connivencia entre el poder político y los intereses económicos.

Juan Cáspar
https://exabruptospoliticos.wordpress.com/2023/11/29/negocios-sangrientos/

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