La anarquía antes del anarquismo VI: Libertarios en la Stoa

Concluíamos nuestro apartado anterior con la siguiente pregunta, aplicada en este caso al campo del pensamiento y de la historia de las ideas: ¿Quiénes se habrán preocupado de conservar a determinados pensadores y olvidar a otros? Podemos, perfectamente, desconfiar de la historia que nos han legado, de la supuesta sabiduría de los sabios, de los maestros del pensamiento. Bastaría preguntarse: ¿Por qué la Iglesia Católica envió a quemar los libros de la poetisa Safo en 1703? ¿Y qué fue de todos los libros escritos por Epicuro? Lo que hemos propuesto a lo largo de estos escritos no es un protoanarquismo, o una filosofía anarquista antigua; más bien, nuestra idea es pensar de otro modo la historia de las ideas, salir a la búsqueda de lo que ha quedado relegado de la historia. Quizás es un gesto similar al de Albert Camus: “Uno no puede ponerse del lado de quienes hacen la historia, sino al servicio de quienes la padecen”.

Por lo mismo, quisiéramos continuar esta serie con las ideas y prácticas de la filosofía estoica y así dar forma a esa otra tradición que tiene su origen en Sócrates, pero que se aparta del aristócrata pensamiento de Platón y Aristóteles. Como introdujimos anteriormente, la genealogía se construye desde la filosofía cínica, planteada desde Antístenes, discípulo de Sócrates, trasladada luego a Diógenes de Sinope, el más punzante y crítico de todos, a quien le sigue el austero poeta c. Hasta ahí, tenemos el panorama de la primera filosofía cínica. Será el encuentro entre Crates y Zenón de Citio en el Pireo lo que dará inicio a la filosofía estoica, corriente filosófica que adquiere diversos rasgos del cinismo, como la idea de que el sabio es un hombre que vive de acuerdo con la naturaleza, pero que, a su vez, toma otras influencias, donde destaca su respeto por las categorías filosóficas platónico-aristotélicas y, sobre todo, la lectura que realizan de los principios heracliteos, a saber, la importancia del fuego como elemento primordial del Cosmos, conforme enseñó el filósofo Heráclito de Efeso en el siglo VI a.C.

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Recién a los 42 años, Zenón comienza a enseñar, formando su primera escuela. Dado que se reunían en el Pórtico Pocilé de Atenas (“Pórtico Cubierto de Pinturas”), fueron llamados “estoicos”, ya que “pórtico” se dice “stoa” en griego antiguo. Era un espacio público, abierto para todos los interesados en sus enseñanzas, pues Zenón no cobraba por ellas. En este sentido, su práctica de la filosofía, cuya base era la lógica, la ética y la física, era considerablemente distinta a la que se impartía en la Academia de Platón, dirigida por Polemón en ese entonces, y al Liceo de Aristóteles, que era dirigido por Teofrasto, quien en su momento reprochó que, si bien la Stoa tenía mucha más concurrencia que su Liceo, éste era mucho más armónico.
Efectivamente, las enseñanzas de Zenón tuvieron gran popularidad en el siglo III a.C., extendiendo su influencia hasta al siglo II d.C. Durante este lapsus, es posible distinguir tres períodos: el primero, representado por Zenón y, principalmente, sus discípulos Crisipo y Cleantes; el segundo, que pierde rigidez filosófica y que es desarrollado por pensadores como Antípater de Tarsos y Posidonio de Apamea; y un tercero, quizás el más popular, donde ya no se trabaja la lógica ni la física, y queda solamente la enseñanza moral. Este último período es esencialmente romano, siendo Séneca, el emperador Marco Aurelio y el liberto Epícteto sus representantes. En este momento, incluso el cristianismo recibe influencias de la filosofía estoica, sobre todo mediante Pablo de Tarso.

Sin embargo, solo podemos conocer esta rica tradición gracias a los escritos, muy posteriores, que Cicerón, Plutarco, Alejandro de Afrodisia, Sexto Empírico, entre otros, hicieron sobre los estoicos, especialmente los antiguos. La otra fuente es de compiladores más o menos mediocres, como Diógenes Laercio o Estobeo, recolectores de anécdotas antes que pensadores.
¿Cuál será el motivo que construyó este puzzle de referencias y no nos dejó ni una sola obra de Zenón? Si bien es cierto que hasta nuestros días llegó el concepto “estoico” para referirse a un estado de fortaleza corporal y espiritual, esto solo se remite a uno de los postulados fundamentales de esta particular filosofía, a saber, que “el dolor hace al filósofo” y que, en cierta medida, la filosofía debe enfocarse al dominio del dolor. Esto, no obstante, no es lo primordial de la filosofía estoica, sino más bien el punto en común entre las tres etapas. En los estoicos antiguos, y sobre todo en Zenón, encontramos múltiples elementos que podemos desglosar desde la noticia que nos legó Plutarco: Zenón habría sido autor de un libro titulado “República”, que constituía una respuesta al libro del mismo nombre de Platón. A diferencia del cultor de la Academia, para quien el gobierno debía ser dirigido por sabios y guerreros, Zenón sostenía un ideal cosmopolita, donde la humanidad no se encuentra divida en naciones o ciudades, sino unida, es decir, una sociedad de conciudadanos, sin diferencia entre griegos y bárbaros. El origen de este imaginario social se encuentra en su idea del Cosmos, donde ética y física están estrechamente ligadas. Para Zenón, el Cosmos se encuentra regido por dos principios: “hyle” (materia) y “pyr” (fuego).

La materia es el principio eterno, indeterminado y pasivo, capaz de recibir todas las cualidades, mientras que el fuego, que también es eterno, es determinante, activo e inteligente. Así, de la acción del fuego sobre la materia surgen todos los seres del Universo (kósmos). En este sentido, todos tenemos un mismo origen y el Universo en sí es un Todo Orgánico, viviente e inteligente, lo que supone que todo es bueno y perfecto en él. Siendo parte de él, el hombre se adhiere a las leyes de la naturaleza, que nada saben de gobiernos y normas sociales. No se cree en la supuesta racionalidad del Estado, en la institución de la esclavitud o en la diferencia de clases. Por eso se enseñaba en espacios públicos, en tanto la filosofía era un elemento práctico para reflexionar sobre lo que Zenón llamó el “bien supremo”: vivir de acorde a la naturaleza.
De aquí se desprenden varios elementos, como el nudismo o, según señala Diógenes Laercio, que hombres y mujeres no se diferencien por sus vestidos. De hecho, Plutarco resume la República estoica en su escrito “Sobre la fortuna”: “que no debemos ser ciudadanos de Estados y pueblos diferentes, separados todos por leyes particulares, sino que hemos de considerar a todos los hombres como paisanos y conciudadanos; que el modo de vida y el orden deben considerarse uno solo, como corresponde a una multitud que convive alimentada por una ley común”, lo que se complementa con la noticia de Casio el Escéptico: “que no se deben levantar tribunales, ni templos, ni gimnasios”. Ahora, ¿cuál es la ley común de esta República? ¿Una ley gubernamental, una orden? En ningún caso.  Ateneo, otro comentador, dice que es Eros, considerado como el dios de la amistad y de la libertad, “que procura concordia y nada más”… ¿y qué es aquello de la concordia? Es el pacto, la armonía de las personas, corazones que laten juntos, pero a diferentes ritmos ¿Y es que acaso esto no está expresado en el escrito de Elíseo Reclus “El ideal anarquista”? En efecto, allí Reclus dice que, más que anarquistas, somos “armonicistas”.

No es fácil el cometido de indagar las ideas sin referencias claras. En estos seis escritos lo hemos intentado. Mención especial merece el viejo compañero Ángel Cappelletti, único traductor a la lengua española de los fragmentos estoicos e interesado, siempre, por ese otro pensamiento, relegado, olvidado intencionalmente. Nuestro interés no es entregar fundamentos a la anarquía, sino pensar de forma anarquista la historia de las ideas. Esto nos permite notar que muchas de nuestras problemáticas ya fueron expuestas en la Antigüedad: ¿Es el Estado un accidente o un hecho natural? ¿Qué es aquello de la “naturaleza humana”? ¿Cómo se piensan las leyes? ¿Por qué la técnica se separó del arte? Preguntas que siguen en suspensión y que, sin duda, encontraron varias luces hace más de dos mil años.
Para finalizar, solo resta recalcar: la anarquía es tan antigua como la idea de gobierno.

Ulises Verbenas

http://grupogomezrojas.org/2016/05/16/la-anarquia-antes-del-anarquismo-vi-libertarios-en-la-stoa/

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Un comentario sobre “La anarquía antes del anarquismo VI: Libertarios en la Stoa”

  1. Y recalcar que sería ser muy poco anarquista pretender convertirla en doctrina, en algo más que el rechazo de toda forma de dominación y de afirmación de la libertad (la nuestra y la de los demás)

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