ACRACIA ANARQUISMO NIHILISMO

¿Marxismo cultural?

La posmodernidad es una época peculiar que nos ha traído cosas buenas y algún que otro disparate; entre estos últimos, repliegues de fundamentalistas de diversa índole, reaccionarios o modernos proclives al dogmatismo, junto a otras cretineces varias. Mencionaré a los comunistas originados en Marx, y filtrados por Lenin, que se empecinan una y otra vez en acudir a las sagradas escrituras para llevar a la práctica algo que, sencillamente, ha sido un fracaso. Ni asomo de emancipación obrera, más bien una triste y cruel sociedad totalitaria. No seré yo el que niegue la brillantez en tantos aspectos del pensamiento marxista, pero tomado el mismo como doctrina «científica» y llevado a la praxis política ha sido un despropósito, con algunos logros, pero con demasiado coste humano. De hecho, los autores marxistas que más me han interesado han sido, en mi nada humilde opinión, los que se han acercado a las ideas libertarias en aras de la muy deseada liberación social. Pues sí, la crítica que los antiautoritarios hicieron a Marx y Engels en el siglo XIX era y es perfectamente válida; el ser humano necesita, al menos, un margen de libertad para llevar a cabo su proyecto de vida. Y sí, soy consciente de que la libertad es un concepto complejo, muy condicionado por demasiados factores, pero todos sabrán a lo que me refiero. No podemos observar la historia de modo lineal, ni marcada exclusivamente por la lucha de clases, las condiciones económicas y los modos de producción, algo que a estas alturas parece una obviedad. Mucho menos, que esa suerte de teleología nos conducirá al socialismo y, finalmente, al deseado comunismo con el fin de la explotación de unos sobre otros.

A pesar de esto, los seguidores de la religión marxista, bifurcada en diversas corrientes protestantes, siguen confiando fervorosamente en que se darán las adecuadas condiciones materiales para llegar a ello. En fin. Mención especial merecen esos grupos que, en las antípodas de los que consideran a Stalin una desviación de las sagradas escrituras, lo reivindican ahora con total desvergüenza acudiendo a un supuesto paradigma anticomunista. Alguien dijo, seguramente un ácrata con otro afán profético digno de admiración, que los marxistas llevarían a que se generalizase el odio a la palabra «comunismo». Así ha sido en gran medida, pero que el socialismo estatista haya sido un estrepitoso fracaso no quiere decir que cualquier forma de socialismo lo sea, ni que tengamos que sobrevivir como podamos en la «libertad» capitalista. Pero, vayamos de forma concreta con lo que da título a esta lúcida entrada para comprobar que la sombra de Marx es inabarcable. Así, como hay quien se llena la boca de algo llamado «marxismo cultural», veamos de qué se trata. La doctrina marxista está impregnada de algo que resulta anatema para la posmodernidad y es el progreso. Al menos, el progreso lineal en la historia, alguna suerte de teleología que conducirá a la humanidad a etapas mejores. No creo que haya hoy ningún historiador serio que defienda esa visión rígida de la historia como etapas marcadas exclusivamente por la lucha de clases.

De esa manera, a finales de los 80, cuando la caída del bloque soviético era un hecho, empezaron a gestarse nuevas formas de lucha identitarias (sexo, raza, incluso nacionalidad…) no centradas solo en la clase social. Es lo que algunos llaman, normalmente de manera peyorativa, e incluso llegan al terreno de la teoría de la conspiración, «marxismo cultural». Podían denominarlo, por ejemplo, Nueva Izquierda Renovada o Progres Posmodernos pero no, la obcecación con el viejo Karl es considerable. Cierto es que un marxista, mencionado hasta la saciedad en los últimos años, es Gramsci junto a su idea de la conquista de los modos de producción culturales (no ya económicos), lo que conduce a esa paranoia de que los nuevos rojos quieren infiltrarse en las instituciones para lograr la hegemonía. Por supuesto, esta crítica parte principalmente de defensores del statu quo, conservadores, liberales o esa inefable especie pseudolibertaria que ahora prolifera, aunque se llenen la boca de libertad y progreso económico. Nos encontramos ante otra falacia que simplifica notablemente la realidad, dirigida con seguridad a un público intelectualmente perezoso capaz de tragarse esas falacias sistémicas basadas en el emprendimiento individual más egoísta y en unos mercados libres, eufemismo para los manejos de las élites económicas y políticas. Uno puede ser muy crítico con Marx, y especialmente con las diversas praxis leninistas basadas en un estatismo monstruosamente represivo, y también considerar que este sistema se basa en una explotación intolerable que sigue generando una intolerable pobreza y, al mismo tiempo, congratularse de los avances en la lucha de las mujeres o de personas de otras razas. Mientras usan categorizaciones infames, como marxismo cultural o esa otra memez de izquierda woke, los anarquistas, los de verdad, seguiremos insistiendo en una libertad indiscutiblemente unida a la igualdad y la solidaridad.

Juan Cáspar
https://exabruptospoliticos.wordpress.com/2024/01/30/marxismo-cultural/

2 comentarios sobre “¿Marxismo cultural?”

  1. Juan Cáspar. Me gusta tu comentario. Solo que te quiero corregir con todo respeto, tu ultima frase del comentario. Cuando dices: «los anarquistas, los de verdad, seguiremos insistiendo en una libertad indiscutiblemente unida a la igualdad y la solidaridad». Yo, sintiéndome un anarquista de verdad, diría en cambio: Los anarquistas, los de verdad, Seguiremos insistiendo en una libertad indiscutiblemente unida al la igualdad ante la ley, y a la interacción solidaria, propias de la acción directa, maxima expresión de ese anarquismo de verdad.

  2. Me apunto, uniendo a la libertad la equidad y la solidaridad voluntaria (ya supongo que no hacía falta matizar).
    Pero, entonces, ¿por que no liberales? Y/o libertarios. ¿Defensores del statu quo? ¿O es que aceptamos como liberales, por ejemplo, a Esperanza Aguirre?
    «Y sí, soy consciente de que la libertad es un concepto complejo, muy condicionado por demasiados factores, pero todos sabrán a lo que me refiero» al considerar de la familia de la libertad a los liberales ‘de verdad’, a los libertarios ‘liberales de verdad’, …libertinos, libérrimos, …
    Más allá de la etimología, la libertad como aspiración y ejercicio.

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