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Vigencia de Errico Malatesta

No cabe duda de que las ideas de Errico Malatesta (Santa María Capua Vetere, 1853) tienen, al cabo de los años, una actualidad y vigencia entre los anarquistas de hoy. Así como algunos principios de otros autores libertarios han envejecido peor, en el caso de Malatesta sus escritos parecen contemporáneos, frescos y de una rebeldía muy actual. Su ideario comunista anárquico mantiene su vigor.

Un ejemplo lo tenemos en su visión de la violencia. Su: “allí donde termina la necesidad comienza el delito” es esclarecedor. Nos explica que lo que el Estado considera delito es, en la mayoría de los casos, legítima defensa de los explotados y oprimidos en los que moralmente se justifica la violencia. Analizando sus textos, su biógrafo Luigi Fabri lo destaca con brillantez:
“A nadie se le puede escapar que quienes detentan una serie de privilegios que hunden sus raíces en los padecimientos de otros no van a renunciar a ellos por propia iniciativa. Esa sería la violencia revolucionaria, frente a la violencia conservadora de la actual organización política y económica de la sociedad”.

Sin embargo, matizaba Malatesta que los anarquistas estamos contra toda violencia porque la violencia en sí misma es un mal. Por ello a su juicio la revolución deberá liberar al pueblo de todas las imposiciones gubernativas y patronales, no crearle imposiciones nuevas. Decía que el anarquismo era la negación de la violencia pero contra ella no hay otro modo de defenderse que con violencia; pero entonces, el violento no es el que se defiende sino el que obliga a los otros a defenderse y añade:
“dado que los privilegiados sostienen con la fuerza un orden de cosas que produce el martirio, el embrutecimiento y la muerte por extenuación de millones de criaturas humanas, estamos en la necesidad, estamos en el deber, de oponer la fuerza a la fuerza.”

E insistía: ¡ojo con la violencia! advertía:
“el odio no produce el amor y con el odio no se renueva el mundo, Y la revolución del odio fracasaría completamente o bien instalaría una nueva opresión que podría incluso llamarse anarquista pero que eso no sería una opresión menor ni dejaría de producir los efectos que produce toda opresión”.

Y termina:
“la violencia, siempre que sea empleada para liberarse y no para someterse a otros, es necesaria en una sociedad montada sobre la violencia. Pero si no hay una idea superior de solidaridad humana, la rebelión es estéril: la violencia es origen de opresión”.

Sindicalismo y anarquismo

Otra visión con la que estamos muy de acuerdo es la que tiene sobre el sindicalismo. Lo consideraba, por su propia naturaleza, como algo reformista y no revolucionario. Eso lo vemos en la manera de hacer sindicalismo hoy, tanto en organizaciones de tendencia socialdemócrata como entre las propias anarcosindicalistas, con excepciones claro está a las que se llega con un gran esfuerzo por no caer en la dinámica por el cambio inmediato y la mejora de condiciones materiales perdiendo el objetivo de transformación social. No obstante Malatesta propició la práctica asociativa de la acción directa y de la huelga general y de la solidaridad de clase por encima de toda división ideológica u de partido. Consideraba que el sindicalismo tenía ya entonces síntomas de degeneración y aunque era partidario de la organización sindical y favorable a sus armas de lucha (acción directa, huelga general) rehusaba ver en ellas las únicas formas de combate y de revolución y sobre todo se negaba a subordinarlas a los fines del anarquismo como doctrina del porvenir, y es que para Malatesta el movimiento obrero por sí mismo y sin el fermento de los ideales revolucionarios, lejos de llegar a la transformación de la sociedad tiende a fomentar los egoismos de categoría y a crear una clase de obreros privilegiados superpuestos a la gran masa de desheredados.  Por eso concluía que toda fusión o confusión entre el movimiento anarquista y revolucionario y el sindicalista acaba por hacer impotente al sindicato para su finalidad específica o por atenuar, falsear y extinguir en él el espíritu anarquista.

También en sus reflexiones sobre las democracias burguesas nos sorprende su lucidez. Lo interpretan bien los compañeros del ateneo anarquista de Alcorcón en el prólogo al libro ‘Malatesta su vida y su pensamiento’:
“Para Malatesta el espejismo electoral era funesto de cara a la consecución de cualquier objetivo de cambio social, ya que habituaba a las personas a delegar la iniciativa de sus propios asuntos y negaba de manera absoluta eso que ahora se ha venido en llamar empoderamiento: únicamente servía, a fin de cuentas, para reforzar la dependencia y el principio de autoridad”.

Es importante resaltar que Malatesta, frente a otros autores anarquistas que se vieron cegados por el “cientifismo” determinista de los tiempos en los que les tocó vivir, herederos aún cercanos a la Revolución Francesa, siempre defendió la importancia de la “voluntad” frente a ese pseudocientifismo.

Al igual que otros anarquistas de la primera época, Malatesta fue una persona moral, lo que quiere decir coherente entre sus principios y su vida. Nacido en el seno de una familia acaudalada, en cuanto pudo se desembarazó de todos sus bienes, destinándolos a la propaganda y a los pobres, Abandonó sus estudios universitarios para ir “mejor hacia el pueblo”. Desde entonces fue siempre pobre y se ganaba la vida como mecánico. A pesar de sus penurias tenía como norma de conducta no pedir al movimiento y a su grupo anarquista en el que militaba los medios materiales para vivir.

Entendió perfectamente que la propiedad individual y el poder político eran dos eslabones de la cadena que esclaviza a la humanidad.
“Abolid la propiedad individual sin abolir el gobierno y aquel se reconstruirá por obra de los gobernantes. Abolid el gobierno sin abolir la propiedad individual y los propietarios reconstruirán el Gobierno.”

La cuestión era clara, o las cosas son administradas según los libres pactos de los interesados y entonces es la anarquía -decía-  o son administradas según la ley hecha por los administradores y entonces es el gobierno, es el Estado, y fatalmente se vuelve tiránico.

La insurrección

El análisis que Malatesta hace de la Revolución Social le lleva a decir a las claras que cualquier cambio a fondo de la estructura social, política y económica, se producirá tras un hecho violento. Ello implicará lucha material, insurrección armada, con el cortejo de las barricadas, partidas armadas, secuestro de los bienes de las clases contra las que se combate y sabotaje de los medios de comunicación, En suma “derrumbamiento por medio de la insurrección de las castas y clases privilegiadas”, señalaba, y es que para el anarquista italiano la insurrección es el hecho necesario e imprescindible de toda revolución. Quería contrarrestar otras tesis que abogaba por el educacionismo sin más, en donde:
“a fuerza de propagar la instrucción, de predicar el libre pensamiento, la conciencia positiva se puede destruir el sistema”.

Esta reflexión la aplicaba también al sindicalismo:
“que pretende que la organización obrera conduce por virtud propia, automáticamente, a la destrucción del salariado y del Estado”.

Para el anarquista italiano, sin embargo, el enemigo inmediato “al que debemos dar nuestro primer asalto” es el Estado y el Gobierno. Y no se debe esperar a las condiciones idóneas para ello, por lo que entiende que sería un grave error diferir la insurrección “para cuando las masas estén preparadas”. A su juicio la misión de nuestra voluntad es aprovechar toda tendencia eventual de las masas para orientar el movimiento en sentido libertador. Nuevamente destaca el papel de la voluntad en el cambio social:
“la insurrección no vendrá por sí misma, ni seguirá la mejor dirección por la llamada fuerza de las cosas o por leyes naturales o como consecuencia del desenvolvimiento y de la crisis del capitalismo. Seguirá solo el mejor sentido que le hayan sabido imprimir las fuerzas conscientes que obren en ella”.

Por eso proclamaba que el deber de los anarquistas es estar siempre en medio del pueblo en rebelión. Ello no quita que los anarquistas deban establecer determinadas alianzas con elementos de acción de los diversos movimientos o ideas avanzadas para preparar la insurrección aunque advertía del peligro de que los anarquistas fuesen llevados a abdicar de los propios principios para confundirse con los demás.

Sobre la resistencia pasiva o lo que hoy llamamos la No Violencia, Malatesta lo tenía claro ya hace más de cien años:
“hay casos en que la resistencia pasiva es un arma eficaz y entonces sería ciertamente la mejor de las armas, pues sería la más económica en sufrimientos humanos. Pero la mayoría de las veces, profesar la resistencia pasiva significa asegurar a los opresores contra el miedo a la rebelión, y por tanto traicionar la causa del oprimido”.
Su postura pacifista frente a la guerra diferencia ambas cosas. La guerra, la violencia, no produce civilización sino barbarie. No hay más guerra santa que la hecha para liberarse de la opresión, no hay más violencia justa que la que rechaza la violencia.

Patriotismo

Hoy el patriotismo es un concepto reivindicado por izquierdas y derechas. Vox, el PP, el PSOE y hasta Podemos se declaran patriotas cada uno a su manera. Malatesta sabía cuál era el patriotismo de los anarquistas:
“Nosotros extendemos la patria al mundo entero, nos sentimos hermanos de todos los seres humanos y queremos bienestar, libertad, autonomía para todos los individuos y todas las colectividades. Para nosotros son hermanos todos los oprimidos, todos los que luchan por la emancipación humana y son enemigos de todos los opresores, todos los que fundan el propio bien en el mal ajeno, donde quieran que hayan nacido y cualquiera que sea la lengua que hablen”.

También se pronuncia el anarquista italiano sobre el individualismo. Al igual que Bakunin tiene claro que la libertad individual no existe si el resto de las personas de una sociedad no son libres. Para Malatesta es un ideal sublime decir que la libertad de uno no encuentra límite en los otros, sino complemento. Pero esa necesidad de vivir en sociedad nos obliga a cooperar y ponernos de acuerdo con los demás por medio de pactos libres. Esa cooperación no puede ser impuesta, sino voluntaria.
“La cooperación forzada en beneficio principal de ciertas clases es el régimen autoritario”.

Los anarquistas han de estar con el pueblo, con las masas trabajadoras:
“queremos conquistar a las masas para nuestras ideas y por eso debemos permanecer siempre entre las masas, luchar y sufrir con ellas y por ellas (…) tratar de penetrar en todas partes y servirnos de todos los medios para organizar a las masas, educarlas en la revuelta y la resistencia contra el capital y contra el Gobierno”.

No obstante cree que hay otro nivel de organización previo, de afinidad entre los anarquistas:
“Como anarquistas debemos organizarnos entre nosotros, entre gente perfectamente convencida y concorde; y en torno a nosotros, debemos de organizar, en asociaciones amplias, abiertas a la mayor cantidad posible de trabajadores, aceptándolos como son y esforzándonos por hacerles progresar lo más que se pueda”.

El ”partido” anarquista de Malatesta

Para Malatesta, la organización de los anarquistas era crucial para llegar a transformar la sociedad. Aunque él se refería en sus escrito a “partido anarquista” no lo hacía en el sentido de partido burgués, sino de organización:
“nos referimos al conjunto de quienes están por ayudar a hacer la anarquía una realidad y  quienes por lo tanto necesitan establecerse un fin que lograr y un camino que seguir”

Era consciente que toda organización crea líderes y advertía sobre este peligro:
“si los anarquistas son incapaces de reunirse y llegar a acuerdos unos con otros sin tener que acudir a alguna autoridad eso quiere decir que aún están lejos de ser anarquistas y que, antes de pensar en establecer la anarquía en el mundo debieran dedicar algún pensamiento a prepararse para vivir anárquicamente. (..) Si los miembros de una organización, todos, no se ocupan de pensar, de tratar de entender siempre y de utilizar sus facultades críticas para todo y para todos, y en vez de eso, dejan que unos pocos piensen por todos, entonces aquellos pocos serán los líderes, los pensadores y dirigentes.”

Pese a todo cree firmemente que la organización es necesaria porque:
“el origen y la justificación de la autoridad yace en la  desorganización social.(…) entonces lejos de conjurar autoridad, la organización representa la única cura contra ella y el único medio por el cual cada uno de nosotros puede habituarse a formar parte activa y reflexiva en nuestra labor colectiva y dejar de ser herramientas pasivas en manos de líderes”,

Y finaliza: “mientras más unidos estemos más efectivamente podemos defendernos” y aunque es mejor estar desunidos que malavenidos, “que cada cual se junte con sus amigos y que no vaya nadie aislado, perdiendo fuerzas”.

Mucho tenemos los anarquistas que aprender del maestro, eslabón entre la primera generación de los internacionalistas pioneros y la siguiente generación, la que hizo posible las revoluciones española y majnovista. Sus tesis han aguantado el paso del tiempo y nos siguen siendo válidas como herramientas de lucha en un mundo cada vez más podrido.

Grupo Anarquista Higinio Carrocera

Tomado de https://editorialgatonegro.wordpress.com/2019/09/19/vigencia-de-malatesta

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