Cuando creímos cambiarlo todo. Mi vivencia libertaria en la “Transición española”. La teoría de la cebolla

Francesc Boldú

Francesc Boldú fue miembro de los dos primeros Secretariados Permanentes de la CNT de Cataluña. Participó en la ocupación de la Soli, la organización del mitin de Montjuic y las Jornadas Libertarias de Barcelona. Posteriormente fue Secretario de Organización de la CNT en el V Congreso. Tras la impugnación participó en el Congreso de Valencia y, finalmente, se apartó de todas las CNT. Ha sido profesor de filosofía en diversos centros, el último el Instituto Español de Tánger (Marruecos)

Artículo publicado en Redes Libertarias núm. 5 (primavera 2026)

No soy historiador. He sido profesor de filosofía. Durante más de 40 años, mis alumnos tenían de 16 a 18 años. Ellos siempre 16 a 18. Yo, un año más. He vivido la evolución de la juventud. Día a día. Año a año. Y eso me preocupa mucho. Porque cuando una generación no ve ningún horizonte, busca cualquier respuesta.

Si no mostramos un modelo distinto a la sociedad actual, el único modelo alternativo que les queda es el de Vox. Y entonces siguen a Vox.

No voy a recitar un montón de datos históricos sobre lo que hicimos en el pasado, sino transmitir las emociones que viví para compartirlas con la gente de hoy. No para repetir nada, sino para motivar a la gente a hacer algo nuevo, distinto.

¿Por qué? Ahora sí te doy un dato histórico. El 22 de julio de hace casi 50 años, el telediario del mediodía de TVE —la única que había— abrió con mi intervención. Dije que, en las Jornadas Libertarias —en las que durante 3 días participaron unas 600.000 personas, seguramente más— demostrábamos que el anarquismo no era cosa del pasado. Que no hacíamos ”paleonarquismo”. Que vivíamos el presente y pensábamos el futuro. Participó mucha gente de muchas partes del mundo. Como Daniel Cohn Bendit, expulsado de Francia por el gobierno francés por su participación en la revolución de mayo del 68.

Casi 50 años después, sigo pensando lo mismo. No quiero hacer “paleoanarquismo”, sino compartir mis vivencias.

Luchas estudiantiles y luchas del profesorado

Yo no estuve en la asamblea de Sants de la reconstrucción de la CNT. No conocía a nadie del exilio. Ni a ningún cenetista de la cárcel.

Mi mundo eran las luchas estudiantiles. Mi primera manifestación fue contra la guerra de Vietnam. Luego, con 22 años, fui profesor de filosofía del único instituto de Hospitalet. Cuando la enseñanza obligatoria terminaba a los 12 años. Y, como no quería ir al servicio militar obligatorio, compatibilicé mi labor docente con otros estudios universitarios. Así obtenía prórrogas y más prórrogas hasta que un Tribunal Militar me declaró “inútil total para el Ejército”.

Mi mundo de lucha fue el de las luchas estudiantiles y las huelgas del profesorado. Como yo, había muchos jóvenes: estudiantes y trabajadores. Y también muchos otros no tan jóvenes. Yo no soy ni he sido sindicalista. Me hice anarcosindicalista porque creía que era el instrumento para conseguir una nueva sociedad. La que creíamos tener al alcance de la mano con el fin de la cruel dictadura franquista.

El mitin de Montjuich (con Federica hablando).

Fui elegido miembro del primer y del segundo Secretariado Permanente de la reconstrucción de la CNT. En el segundo, además, fui el portavoz de la CNT de Cataluña ante la prensa. Ahí me limitaba estrictamente a dar cuenta de los acuerdos de la organización.

Paralelamente, participé en la redacción de la revista Ajoblanco (1977), en su etapa libertaria. Una revista que nadie conocía hasta que el Consejo de Ministros la suspendió 4 meses y le impuso una multa de 250.000 pesetas. En esa revista podía decir todo lo que me pasaba por la cabeza, lo que no podía hacer como portavoz de la CNT.

La montaña rusa de 1976 y 1977

En 1976-77 vivimos una montaña rusa. Una semana detenían a más de 70 compañeros por intentar reconstruir la FAI. Otra, tras el asesinato de los abogados de Atocha, se nos presentaba la policía a ofrecernos protección policial, lo cual me dejó completamente alucinado. Otra, el compañero Agustín Rueda, de Sallent (Barcelona), era asesinado en la prisión de Carabanchel.

Terminabas de hacer una declaración a la prensa y ya tenías que empezar a redactar la siguiente.

Desde el primer momento nos diferenciamos del pactismo de CCOO y UGT. Defendimos el movimiento asambleario, frente a la elección de representantes que decidiesen por nosotros. Reivindicamos la “democracia directa” y la “acción directa”.

Cuando el 1 de Mayo UGT y CCOO se fueron de fiesta fuera de Barcelona, nosotros convocamos a la gente a manifestarse en las calles. No éramos más de mil. Pero de todas las esquinas salían manifestantes, que no conocíamos, pidiendo la pegatina de CNT.

Una de nuestras “acciones directas” más sonadas fue la ocupación del edificio de Solidaridad Obrera. Yo fui el miembro del Secretariado Permanente que estuvo dentro, ocupando. Rodeados por todas partes por coches policiales.

El mitin de Montjuïc y las Jornadas Libertarias

Al mes, el Secretariado Permanente —del cual sólo quedamos vivas dos personas— organizamos el mitin de Montjuïch con la idea de la unión en la diversidad. Por eso hablaron los miembros del exilio. Los dos sectores enfrentados, Federica Montseny y Peirats. Y como había (y hay) mucha inmigración en Cataluña, habló también el Secretario de Andalucía. Y una mujer de “Mujeres Libres”. Sólo una, porque no había ninguna en ningún comité regional ni nacional. Y por último los Secretarios Generales de Barcelona, de Cataluña y de la CNT estatal.

Ese mitin fue el más importante de la Transición, con la asistencia de más de 300.000 personas. La gente quedó impactada.

Al mes organizamos las “Jornadas Libertarias Internacionales de Barcelona”. En ellas participaron más de 600.000 personas, de muchos países.

Durante tres días llenamos todo el Parque Güell, un parque gaudiniano en el que ahora hay que sacar una entrada con antelación para poder entrar. En la plaza central montamos un gran escenario, con actuaciones desde el mediodía hasta las 2 de la noche. Arriba del parque, acamparon los que quisieron. Cada sindicato, cada grupo, cada colectivo, montó su tenderete y difundió lo que le salía de las narices. Ecologistas por un lado, feministas por otro, homosexuales por aquí, antimilitaristas por allá. De todo tipo y con total libertad. En un ambiente de fiesta y alegría. Durante tres días vivimos algo que hoy parece imposible: una ciudad entera respirando libertad.

Paralelamente, , en el Saló Diana se realizaron cuatro grandes debates. Sobre el pasado, el presente y el futuro de la CNT y del movimiento libertario.

Las Jornadas fueron una noticia internacional. Barcelona estuvo literalmente tomada por gente libertaria venida de todos lados. Mundo Diario tituló: “Cataluña, capital mundial del anarquismo”. Yo declaré que habían participado 600.000 personas, aunque fueron muchas más.

En cuanto a su repercusión en la CNT, en un mes pasamos de ser 2.000 afiliados a ser más de 100.000.

Se masca el conflicto

Pero aquí, la historia empieza a torcerse. Unos y otros nos atacaron por las Jornadas Libertarias.

Unos dijeron que eso no era un sindicato, ¿cómo puede ser que en el escenario central Ocaña y otros chicos gays hagan una performance y acaben en pelotas? ¿O que en una esquina estén fumando porros? ¿O en otra haciendo el amor? Eso no era un sindicato.

Los otros, los guardianes de la ortodoxia, dijeron que el anarquismo no era eso. Que ya hacía décadas que estaba muy bien definido: los trabajadores a la CNT; los anarquistas a la FAI; las mujeres a Mujeres Libres; los jóvenes a las Juventudes Libertarias. ¿Qué era eso del ecologismo? ¿O de las reivindicaciones de las personas homosexuales? ¿O de tantas otras cosas?

Mi respuesta fue un manifiesto titulado “A todos los anarquistas”, que repartí personalmente en un pleno de todos los sindicatos de Cataluña.

A los unos, les recordé que la CNT tenía un objetivo como sindicato: la transformación radical de la sociedad. Por eso su organización era anarcosindicalista.

A los otros, les dije que el mundo había cambiado en cuarenta años y había que responder a las nuevas formas de autoridad. Que todo el mundo podía defender sus ideas, pero no imponerlas descalificando a todos los que no tenían su visión histórica del anarquismo. Que nuestra función era como la de la levadura en la masa, hacerla fermentar. En lugar de pretender dirigir a la gente por el recto camino anarquista, como si fuesen borregos. Al estilo anarcoleninista.

Sólo existe un cuadro si hay muchos colores. Sólo existe una fotografía si hay muchas tonalidades

Hay una idea que siempre he defendido y que me quedé solo defendiéndola: la de la unión en la diversidad. No la de una unión monolítica.

No hay una fotografía cuando todo es negro. O cuando todo es blanco. UNA fotografía sólo existe si tiene DISTINTAS TONALIDADES. De modo similar, UNA pintura sólo existe si tiene DISTINTOS COLORES. La coexistencia de las distintas tonalidades forma la fotografía. La coexistencia de los distintos colores forma la pintura del cuadro.

Un cambio radical de la sociedad, realizado desde abajo, solo es posible con la participación y la cooperación de todas las personas. Con sus distintos matices y diversidades. Sin exclusiones. Unidas todas en el objetivo común de crear la fotografía,
de configurar la pintura, de alcanzar una nueva sociedad.

Inauguración de las Jornadas Libertarias con Daniel Cohn Bendit hablando en el escenario del Parque Güell.

No defendía la idea de una CNT integral que suplantase a los grupos que luchaban contra las distintas formas de dominación. Eso vulneraría su autonomía y apartaría a la CNT del mundo laboral, su razón de ser. Yo defendía una CNT centrada en la lucha laboral, pero que reconociera esas otras luchas, que participase en ellas y asumiera como propias buena parte de sus motivaciones. Los derechos de las mujeres, la ecología, el antimilitarismo… ya estaban en su ideario y su tradición histórica, por eso debían impregnar todas sus prácticas”.

Las injusticias trabajan en red

Yo decía que las injusticias no actúan por separado. Trabajan en red. Se apoyan. Se refuerzan. Se cruzan. Golpean a la misma persona al mismo tiempo. Hoy a esto se le llama INTERSECCIONALIDAD.

El racismo se mezcla con la explotación laboral. El machismo se agrava con la dependencia económica de muchas mujeres. La falta de vivienda golpea más fuerte a quien tiene el salario más bajo. Una injusticia empuja a otra, la sostiene, la agranda. Todas están conectadas.

Por eso ninguna lucha puede ir sola. No pueden estar encerradas como en un archivador: feminismo en el primer cajón, vivienda en el segundo, precariedad laboral en el tercero. Clasificadas. Ordenadas. Cada una en su cajón.

Una lucha encerrada en sí misma es una lucha muerta. Teoría de la cebolla

Nuestras luchas deben ser interseccionales. Cada una tiene que abordar también a las otras:

La lucha feminista: el racismo y el machismo con las mujeres migrantes, las pensiones de miseria de muchas mayores, los sueldos bajos por ser mujeres, la violencia machista que atraviesa todas las clases sociales.

La lucha de los pensionistas: la sanidad pública que necesitan, la pobreza de quienes no llegan a fin de mes, los desahucios de mayores, la dependencia.

La lucha laboral: los contratos basura de jóvenes, la explotación de “sin papeles”, los turnos interminables en la sanidad pública, las pensiones raquíticas ligadas a cotizaciones raquíticas.

Y así ocurre en todas las luchas.

Nuestras luchas se parecen a una cebolla. Cada capa es distinta, pero todas forman la misma cebolla. Se interrelacionan. Comparten la misma savia que las mantiene vivas.

  • En el corazón, quienes sufren más directamente cada injusticia: mujeres ante el machismo, migrantes ante el racismo, pensionistas ante pensiones de miseria.
  • A su alrededor, todos nosotros. En distintas capas. Según nuestra cercanía, conciencia y compromiso personal.

Pero nadie puede quedarse fuera.

Un trabajador machista, una feminista que explota a una mujer migrante, un migrante homófobo están fuera de la cebolla. Sin conexión con la savia que la mantiene viva.

Quedarse fuera es reproducir una injusticia mientras se combate otra.

Nuestras luchas no son cajones cerrados. Son capas de una misma cebolla.

Ida y vuelta

Tras este rifirrafe con los unos y con los otros —y tras apoyar la huelga de gasolineras de Barcelona, desde una de estas capas de la cebolla de aquella CNT—, me fui un año de profesor a Extremadura.

En enero me llamaron para participar en un mitin contra los Pactos de la Moncloa, en el Palacio Municipal de los Deportes de Barcelona. Con Federica Montseny, Peirats y más gente. Y el fin de semana siguiente, durante una manifestación contra los Pactos de la Moncloa, se produjo el montaje político-policial del caso Scala. Murieron 4 trabajadores. La sala de fiestas Scala era conocida en toda España, porque todos los sábados por la noche se realizaba el programa de TVE “Scala Internacional”.

Mitin sobre la CNT como sindicato obrero.

A las 48 horas detuvieron a 5 anarquistas y acusaron a la CNT de terrorista. Todo el mundo sabía que eso no era verdad, pero nadie de izquierdas salió a desmentirlo. Ese montaje político-policial fue la respuesta a la oposición a los Pactos de la Moncloa, que amordazaban a todos los trabajadores y que habían firmado todos los partidos y sindicatos. A excepción de la CNT.

Tras unos meses de profesor en Euzkadi, volví a Barcelona. La crisis interna se había ido acelerando y el sector histórico acusó al sector sindical de formar una organización paralela. Porque habían creado unos llamados “grupos de afinidad anarcosindicalista”, como respuesta a los históricos “grupos de afinidad anarquista”. La crisis culminó con la expulsión de dos de los cuatro miembros del Secretariado Permanente de la CNT estatal, que se había trasladado a Barcelona. A los que acusaron de “paralelos”.

Con profunda pena, vi cómo la gente que pensaba como yo se iba yendo a su casa: ”¿Qué mundo queréis cambiar? ¿Qué sociedad vais a construir, si no os entendéis ni entre vosotros?”.

En este ambiente enrarecido fui elegido Secretario de Organización, uno de los cuatro miembros del Secretariado Permanente de la CNT estatal. Creo que soy el único actualmente vivo.

El V Congreso

Los enfrentamientos entre los dos sectores se fueron agravando progresivamente hasta que, como último cartucho, se acordó hacer un Congreso. El primero después de 43 años. Para que todo el mundo dijese lo que quisiese y que saliese lo que saliese.

El llamado V Congreso se realizó en Madrid en diciembre de 1979. La mesa fue configurada estratégicamente por el sector histórico. El primer punto era “Informe del Secretariado Permanente”. Pero la mesa no permitió al Secretariado Permanente informar, ni tan solo hablar a los asistentes. La mayoría de sindicatos no traía acuerdo, pero el sector histórico sí lo traía: “Voto de censura al Secretariado Permanente por no haber entregado con más tiempo su informe”. Es decir, no se censuró la gestión. Tampoco se censuró el informe. Se censuró “no haberlo entregado con más tiempo”.

La mesa continuó con una actitud de bloqueo a todo lo que se apartase de la línea que llevaba programada. Ante esto, 53 sindicatos abandonaron el Congreso el segundo día. Denunciaron “el ambiente negativo generado, claramente contrario a la libertad de expresión”.

El Congreso continuó como si nada. Hay una controversia sobre cuántos sindicatos y cuántos afiliados abandonaron el Congreso. No es lo mismo un sindicato de Oficios Varios de 5 personas, que otro de 1.000. Todas las cifras que se han dado son falsas. Como Secretario de Organización, yo tengo en mi poder las Actas Oficiales del número de sindicatos y de sus afiliados admitidos con voto en el Congreso. Que yo mismo avalé, tras comprobar que cumplían las condiciones exigidas.

Se han ratificado las esencias

A los pocos días de terminar el V Congreso, la revista Bicicleta nos hizo una entrevista a tres de los cuatro miembros del Secretariado Permanente saliente.

También al nuevo Secretario General salido del Congreso. A destacar su resumen: «Se han ratificado las esencias». Las esencias es una concepción inmutable respecto a la realidad. La esencia de un árbol, es inmutable, la tienen todos los árboles. Pero no existe en la realidad. En realidad solo existen árboles concretos: este árbol, aquel manzano, ese naranjo. Y, además, se han ratificado. Por si quedaba alguna duda.

Yo, como secretario de Organización, estaba en contacto directo con 8 Secretariados Regionales que impugnaron el Congreso. Y coordinamos una reunión en Valencia de los sindicatos impugnadores. ¿Por qué en Valencia? Porque allí estaban los estibadores del puerto que nos iban a proteger durante la reunión. ¡Cualquiera se metía con los estibadores del puerto de Valencia!

Llevé un borrador de manifiesto para que nadie se llevase a engaño. Con diversas aportaciones, se declaró que no se pretendía desnaturalizar la CNT, sino todo lo contrario: que para cambiar la sociedad debíamos hacerlo de otra manera, no cómo se estaba haciendo. Allí se eligió un Secretariado Permanente provisional, en el que yo continué como Secretario de Organización.

A palos con los discrepantes

¿Cómo siguió el proceso? Pues a palos, literalmente: cuando en Cataluña un sindicato se adhería a la impugnación, aparecían 80 personas con palos —siempre las mismas— y empezaban a hostiar a la gente. Con lo cual ese sindicato desaparecía.

Unos meses después se convocó un Pleno de sindicatos impugnadores, uno de cuyos puntos era la elección, sí o sí, de otro Secretariado Permanente. Una vez elegido, consideré que era el momento oportuno para desaparecer.

¿Por qué? Porque pensé que la CNT-Congreso de Valencia no era revolucionaria. Que no servía para transformar la sociedad. Y creí que podía hacer más por cambiar la sociedad estando fuera que dentro de un sindicato. ¿Acaso hay ahora en España algún sindicato que pretenda la revolución social? ¿Esa revolución que defendió y aplicó la CNT de 1936? ¿Hay ahora algún sindicato revolucionario en España?

Preocuparse por las cuentas salariales es importante, pero a mí me importaba un rábano. Para eso me hubiera afiliado a AMPE, la asociación de catedráticos de derechas, que habría defendido mejor todos mis privilegios. Yo estuve en la CNT por otro motivo. Ilusionado por cambiar la sociedad.

Creía profundamente que era posible. Y lo sigo creyendo ahora, siempre que haya una confluencia de todas las luchas contra las diversas injusticias. Al margen de siglas. No creo en las siglas. No creo en los partidos. No creo en los sindicatos.

Solo creo en la sociedad civil. Creo que sólo la sociedad civil puede cambiar las cosas.

Creo que todos los derechos se han conseguido cuando la sociedad civil ha salido a la calle. Nunca se han conseguido por el partido A, por el sindicato B o por el parlamento C. Nunca. Los derechos solo han sido reconocidos cuando la gente ya los había conseguido en la calle.

¿Y ahora qué? ¿Decides tú? ¿O deciden por ti? ¿Qué eliges?

Creo que ahora, más que antes, tenemos que plantear a los jóvenes unas cuestiones básicas: «¿Quieres decidir, o que otros decidan por ti?» (Democracia directa). «¿Quieres gestionar tu vida, o que otros lo hagan por ti?» (Autogestión). «¿Te has planteado lo que tú ya puedes hacer ahora?» (Acción directa). «¿Crees que puedes hacer cambios tú sólo, o que necesitas coordinarte con otros?» (Federalismo). «¿Sientes que estás solo al querer cambiar las cosas?», «¿Te gustaría contar con más gente?» (Apoyo Mutuo).

Pues entonces: ¡Despierta y empieza a luchar por cambiar la sociedad! ¡No la aceptes sumisamente! ¡No te amuermes! Si no haces nada, no te quejes luego de cómo te van las cosas.

Los jóvenes de hoy no leen libros. No leen periódicos. No leen revistas. Miran el móvil. Y es en el móvil donde tenemos que plantear un mensaje que ellos entiendan.

Milei lo ha entendido en Argentina. Ha utilizado TikTok para llegar a millones de jóvenes. Y ha ganado elecciones.

¿Y nosotros?

¿No tenemos nada que decir?

¿No tenemos ninguna sociedad distinta que proponer?

¿De verdad el único futuro posible es el que ofrece Vox?

Yo no lo creo.

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