El anarquismo y el federalismo como su esqueleto organizativo

El anarquismo y la propiedad

¿Qué quiso decir Proudhon con su conocida frase “La propiedad es el robo”? ¿Cómo contempla el anarquismo la cuestión de la propiedad? Incluso ateniéndonos a un anarquismo decimonónico, la respuesta no es ni debe ser dogmática.

El anarquismo nació como una corriente socialista que no consideraba dispensable la libertad, proponía la colectivización de los medios de producción como una práctica revolucionaria esencial para garantizar a todos la participación económica y los medios necesarios para vivir dignamente. El colectivismo, que tiene en Bakunin su origen, renunciaba al comunismo (identificado, seguramente y de manera exclusiva con el marxismo) por cuartelario, por anular la libertad individual; proponía el derecho del productor a la propiedad de los bienes de consumo, un garante de la libertad individual. El comunismo libertario, considerado una evolución dentro del ideal libertario, consideraba que la revolución social, con la abundancia productiva que conllevaría, haría innecesaria también la propiedad de los útiles de consumo. Es curioso que, aun siendo el comunismo libertario la tendencia que se impuso en la CNT y en el movimiento libertario español en general, en la revolución iniciada al comienzo de la Guerra Civil Española sería el colectivismo el sistema que más se llevaría a la práctica (de una manera, en cualquier caso, muy alabada y con evidentes éxitos).


Volvamos a las raíces del anarquismo en la cuestión de la propiedad. En 1840, aparece el fundamental texto del Proudhon ¿Qué es la propiedad?, pregunta cuya respuesta es bien conocida. Pero el de Besanzón no pretendía ser lapidario en su conclusión, ni demonizar sin más el concepto, sino profundizar en algo que consideraba contradictorio. Con su oxímoron, pretendia señalar que la propiedad es una institución que se niega a sí misma, fundada en la contradicción y símbolo de la desigualdad social y política. Gaston Leval diría al respecto, “Proudhon negaba el derecho romano de la propiedad, la forma que permite a unos hombres usufructuar indebidamente el trabajo ajeno. Pero la consideraba indispensable en su forma generalizada”. Eso es algo que hay que poner delante de los liberales (e incluyo aquí todos los grados, incluso algunos que se consideran cercanos al anarquismo) y su sacralización del concepto de propiedad, la gran premisa moral del anarquismo es su negación de la explotación, de “usufructuar indebidamente el trabajo ajeno”, por lo que está muy claro lo que quiso señalar el francés.

Por lo tanto, distinguía Proudhon entre la propiedad (de los medios de producción) como un abuso, contrario por lo tanto a todo derecho, de ahí su famoso oxímoron, y el legítimo derecho a la propiedad de los bienes de consumo en cuya producción uno habría contribuido. Al ser necesario que esté fundamentada, se niega la propiedad como “derecho natural” (que sí serían la libertad y la igualdad) y se rechaza igualmente que esté fundada, tal y como considera la sociedad capitalista, en la ocupación y en el trabajo. En el primer caso, al tomar el derecho de la propiedad fundado en la ocupación y de manera absoluta se está negando ese derecho al resto de miembros de la sociedad y a futuras generaciones, por lo que sería necesaria una reformulación constante para ser justos. En el segundo caso, llegamos a la cuestión de los medios de producción, los cuales es una ficción intentar poseer (como apropiarse de un río al ser pescador), el derecho a la propiedad fundado en el trabajo solo puede afectar a los frutos del trabajo. Este es el análisis que hizo Proudhon, seguido en gran medida por la evolución anarquista posterior, no así sus propuestas constructivas (autoritarias, llevadas al contexto familiar).

La propuesta proudhoniana es el mutualismo, garante del justo intercambio de servicios y productos. Sería un sistema que rechaza tanto el capitalismo como el comunismo (identificado con el Estado) y busca el equilibrio social entre un principio comunista jerárquico (que se daría en el contexto familiar) y el individualista (que se daría en la sociedad y que buscaría la igualdad). Vendría a ser un sistema de reciprocidades crediticias, cooperativistas, de asociaciones libres y temporales, que se daría entre familias productoras y poseedoras de los bienes producidos. El sexismo de Proudhon y su apego al patriarcado sería corregido por Bakunin y el anarquismo posterior, al igual que el concepto de herencia, esencial en el pensamiento del francés para la preservación de la familia monogámica patriarcal. Sería una negación radical en el ruso, aunque admite la transmisión hereditaria de ciertos bienes de valor afectivo. El programa de Bakunin fue, como dije anteriormente, el colectivismo, basado en la propiedad colectiva de la tierras, fábricas y talleres, por parte de los miembros de cada grupo productor, en la autogestión de cada grupo y en la federación de los mismos entre sí para coordinar metas e intercambios.

Con Kropotkin, el comunismo ya no tendrá la vieja concepción estatista, y su propuesta se basa en la superabundancia de bienes y productos y en una confianza excesiva en la bondad y desinterés de los seres humanos. Esa visión es muy criticada, incluso dentro del anarquismo, como diría Malatesta a la muerte del sabio ruso recordando “efectos deprimentes de la miseria y de la sujeción”, lo cual no suponía que bastara con que desaparecieran los privilegios y los gobiernos “para que todos los hombres se pusieran a quererse inmediatamente como hermanos”. Las propuestas kropotkinianas, aun aceptando su impagable labor de increíble erudición, están demasiado cerca de lo utópico (y tal vez, y utilizo este apelativo con todo lo que tiene de bueno y de malo, de lo ingenuo), es posible que resulten mucho más interesantes el pragmatismo y el análisis constante de Proudhon y de Bakunin. Malatesta, aunque se consideró comunista libertario, es muy crítico con la infabilidad de un determinado sistema y recordó que cualquier sociedad humana debía ser resultado de las necesidades y de la voluntades, coincidentes o contrastantes, de todos sus miembros, las cuales darían lugar a las instituciones más apropiadas; lo verdaderamente importante es que el punto de partida sea el asegurar a todos los medios necesarios para ser libres.

En cualquer caso, el anarquismo siempre ha considerado la libertad de experimentación, en la organización y en la economía, como esencial para la práctica. En otras palabras, la propiedad individual que afecta a los objetos de un uso personal es un garante de libertad en una sociedad anarquista (solo anulable voluntariamente, por una supuesta abundancia productiva). Carlos Malato propuso tres vías complementarias: la propiedad individual para el consumo, la propiedad colectiva para las máquinas y herramientas de producción y el comunismo para los bienes naturales y las creaciones del pensamiento humano. Esta puede ser, grosso modo, las propuestas económicas anarquistas en origen, un anarquismo decimonónico. Pero, ¿está este anarquismo periclitado? No lo creo, al igual que no lo está el liberalismo (generador del capitalismo y de los privilegios), debemos ser muy críticos con la evolución de las sociedades y del ser humano, asi como con los postulados de la modernidad en los que tal vez insistimos con excesivo “idealismo”, pero establecer fronteras tan rígidas como pretenden algunos pensadores (y no todos, interesados o defensores pragmáticos del sistema) me parece excesivo. De esta tradición se puede apender, y mucho, pero para darle auténtica validez debemos continuar estableciendo proyectos y paradigmas, aunque sea a un nivel local (es más, debemos empezar siempre a ese nivel y solo la práctica nos señalará la meta). Muchas cosas se están haciendo, ensanchando horizontes para que los seres humanos se expresen, y motivos hay para ser optimistas de cara a establecer nuevas propuestas anarquistas.

Capi Vidal

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